Florencia

Florencia (Firenze)

 
C. del centro-norte de Italia, cap. de la prov. homónima (3 880 km2 y 1 179 736 h) y de la Toscana, a orillas del Arno; 402 316 h. Agricultura, ganadería, ind. textil, mecánica, alfarera y del cristal. Encajes y orfebrería. Es una de las c. más famosas del mundo por su notabilísimo papel cultural durante el Renacimiento. C. monumental (Palacio de la Señoría, Santa Maria del Fiore, Santa Maria Novella, Santa Croce, etc.); importantísimas colecciones de pintura y escultura (Palacio Pitti, Museo de los Uffizi, galería de la Academia, Museo Nacional).
hist. Progresó esp. a partir del s. XII. Durante el s. XIII tuvieron lugar las luchas entre güelfos y gibelinos. La c. fue regida por una organización democrática, y tras enconadas luchas, Cosme de Médicis, se impuso en el gobierno (s. XV). La casa de los Médicis ejerció desde entonces una hegemonía equivalente al poder soberano. En 1860 se unió al reino de Italia.

Florencia

 
C. del SE de Colombia, cap. de la intendencia de Caquetá; 66 430 h.
Traducciones

Florencia

Florence

Florencia

Флоренция

Florencia

Florenz

Florencia

Florence

Florencia

Florencja

Florencia

Florens

Florencia

SFFlorence
Ejemplos ?
Una noche en Florencia, asomado a un balcón, escuché a unos cantores populares de los que amenizan con sus romanzas la digestión de la muchedumbre cosmopolita albergada en los hoteles inmediatos al río.
Brunetti había conocido a Gaité en Marsella; de allí habían ido juntos a Florencia; en otras ciudades de Italia se habían visto y tratado mucho.
No ignoraba que durante varias semanas Wyatt había mantenido conversaciones con Nicolino, y ahora veía a bordo una caja que, a juzgar por su forma, sólo podía servir para guardar una copia de La última cena de Leonardo; no ignoraba, además, que una copia de esa pintura, ejecutada en Florencia por Rubini el joven, había estado cierto tiempo en posesión de Nicolino.
Y el Alférez Marcial Rodríguez de Quesada pidió solar para sí y para Antonia de Ribera, su cuñada, y para Florencia de Castro; y para Nicolás de Acosta; y para Paula y María Pumanejo; y para María Juana de la Concepción; y para Joseph Domínguez; y para Silvestre de los Reyes.
No hay que distraerse nunca, perdóneme la digresión, pero voy a decir una cosa que me llega muy de cerca porque esto de la distracción me hace acordar de una cosa que me dijo mi hija Florencia sobre su padre, me hizo reflexionar y reconocer que tenía razón.
También han resonado en la Cámara de Florencia, y el telégrafo oficioso, y hasta el oficial, los ha transmitido de pueblo en pueblo y del uno al otro continente.
Tres semanas hace «que treinta y un diputados» italianos presentaron en el Parlamento un proyecto de ley para conceder pensiones a sus familias; que las tales ejecuciones son dos hechos «desconocidos en la historia del cadalso», y, en fin, que el Gobierno de Florencia «ha dirigido una nota a las grandes potencias explicando su conducta, reprobando esos hechos inauditos».
Cuando, en el primer arranque de su talento titánico, escribió el famoso artículo Mes haines, que es una fulmínea imprecación a los imbéciles y a los hipócritas, demostró heroico amor a la ciencia y a la sinceridad. Benvenuto Cellini discutía escultura a puñaladas en las calles de Florencia.
¿Y cómo tributársela? Los verdugos servían a la causa liberal de los unitarios de Florencia. Las víctimas eran soldados de la bestia negra, según el estilo inspirado del erudito de Caprea...
La Alameda entonces sería cual una especie de jardín de encantamiento con tanto brial de brocado, con tanto manto de tafetán de Florencia, con tanto encaje de Flandes, con tantas plumas y sombrerillos, con tantas ropillas de varios y risueños terciopelos o de espléndidos y brillantes rasos, con tantas calzas de diferentes colores, con tantas capas bordadas.
En los Concilios de Lyón, de Viene, de Florencia y Vaticano, puede decirse que intervino Tomás en las deliberaciones y decretos de los Padres, y casi fue el presidente, peleando con fuerza ineluctable y faustísimo éxito contra los errores de los griegos, de los herejes y de los racionalistas.
Antonio persuadido de la imposibilidad de aprender y enseñar tan incierta Jurisprudencia, pasó á Florencia en compañía de Juan Metello Sequano, su íntimo amigo, y protegido del insigne Cosme de Médicis.