Fidias


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Fidias (Pheidías)

 
Escultor griego del s. V a C. Esculpió una estatua colosal de Atenea para el templo de Platea y un monumento en honor a Milcíades, en Delfos. En tiempo de Pericles dirigió las obras de la Acrópolis de Atenas. A Fidias se le atribuyen como escultor el Zeus del templo de Olimpia, la famosa Atenea Prómachos o defensora, levantada en la citada Acrópolis, y de una manera especial la dirección de los maravillosos relieves y esculturas de los frontones y metopas del Partenón.
Ejemplos ?
Winckelmann idealiza la figura humana desnuda, preferentemente masculina; lo perfecto para él es un desnudo de Fidias del Partenón, las esculturas que siguen el canon de Policleto, los atletas de Lisipo y los modelos de Praxíteles.
Nos encontramos, pues, ante una obra que combina los elementos de origen griego y helenístico (la influencia de Fidias, las alegorías y elementos decorativos helenísticos), con el realismo y la sobriedad características de la tradición romana del retrato, representando por su calidad el punto más alto jamás alcanzado en el arte de los relieves.
Así en la antigua Grecia Apeles vino después de Polignoto y de Parrasio; y Praxiteles fue posterior á Fidias: en la Italia moderna Corregió y Albani siguieron á Miguel Ángel y á Rafael: y España en fin vió al suave y dulce Murillo cerrar el número de sus eminentes pintores.
¿Qué bien hizo Esparta a la Grecia? ¿Tuvo nunca ni Demóstenes, ni Sófocles, ni Apéles, ni Fidias? El lujo de Atenas hizo hombres grandes en todo género: Esparta tuvo algunos capitanes pero en menos número que las demás ciudades.
Para mí, por ejemplo, el mármol de Paros no adquiría pureza y excelsitud hasta considerarlo labrado por Fidias; el caolín era barro grosero, y sólo me enamoraba convertido en porcelana sajona; el zafiro había nacido para rodearse de brillantes y adornar un menudo dedo; el brillante, para temblar en un pelo negro; el basalto rosa, para que en él esculpiesen los egipcios el coloso de Ramsés; el ágata, para que Cellini excavase aquellas copas encantadoras en torno de las cuales retuerce su escamoso cuerpo una sirena de plata.
Bajo del ancho pórtico, en las gradas que hasta el atrio conducen, sobre el fresco césped que brota entre las blancas piedras, de las columnas jónicas sustento, Platón descansa entre el amado grupo de sus fileles discípulos, que atentos ora a la voz de su elocuente labio, ora el rumor del mar, que en sordo estruendo bate del cabo las diformes rocas, ora a las quejas lánguidas del céfiro yacen inmobles semejando aquellas escenas de los dioses que el eterno cincel de Fidias, en los anchos frisos, supo trazar del Partenón soberbio.
Al lado, con un pie sobre el pedestal y el otro asentado en la base de la columna, la estatua de su hija, la bella Grimanesa, en una actitud admirable de gracia, reclina su linda cabeza en el seno paterno, dando a la admiración esos brazos que Fidias envidiara para su Venus.
Se debe esta obra al ilustre escultor don Manuel Álvarez, a quien sus contemporáneos llamaron el griego, por su habilidad para imitar los grandes modelos que del arte de Fidias nos dejó la Antigüedad clásica.
Sabían que la Vida, gracias al Arte, adquiere no tan sólo la espiritualidad, la hondura de pensamiento y de sentimiento, la turbación o la paz del alma, sino que puede adaptarse a las líneas y a los colores del Arte y reproducir la majestad de Fidias lo mismo que la gracia de Praxiteles.
Los jóvenes de la antigua Grecia acudían de todas las ciudades a contemplar el Partenón, a efecto de aprender el arte del divino Fidias, y en sus propias concepciones depositaban sus recuerdos: éstos no eran reputados insensatos ni perseguidos con rechiflas a causa de su atrevimiento.
Yo tengo el espíritu de Grecia en el cerebro, y amo los desnudos en que la ninfa huye y el fauno tiende los brazos. ¡Oh Fidias! Tú eres para mí soberbio y augusto como un semidiós, en el recinto de la eterna belleza, rey ante un ejército de hermosuras que a tus ojos arrojan el magnífico Kiton, mostrando la esplendidez de la forma en sus cuerpos de rosa y de nieve.
Las piernas, los costados, la cadera y el más liso que espejo vientre plano parecían, según su industria era, obra de Fidias o más diestra mano.