Ejemplos ?
En el Liber pontificalis se menciona más información sobre el papa Evaristo que no ha podido ser comprobada: por ejemplo, que era griego, hijo de un judío nacido en Belén, que fue mártir y que sería el Papa que asignó los tituli a los presbíteros de la iglesia de Roma.
1885: André Lhote, pintor cubista francés (f. 1962). 1886: Evaristo Bozas Urrutia, periodista y escritor español (f. 1929). 1886: Ivan Constantinovich, príncipe ruso (f.
Evaristo fue, según el testimonio de Ireneo de Lyon y de Eusebio de Cesarea, el quinto papa de la Iglesia católica y sucesor de Clemente I.
Luego la noche envolvía a ambos en el mismo misterio y, tan impenetrable era entonces la vida del boticario cuanto ignorada era la suerte de Hebaristo, el sauce... Evaristo Mazuelos, el farmacéutico de P.
Ese día, estaba don Evaristo esperando, después de un día de calor tórrido, durante el cual, a fuerza de andar, había logrado colocar el saldo de sus billetes, que la sirvienta pusiera en la mesa la modesta cena.
Blanca Luz fue para Mazuelos la realización de un largo sueño de veinte años y la ilustración tangible y en carne de unos versos en los cuales había concretado Evaristo, toda su estética.
Adopté el pensamiento e hice que se le diesen diez hombres voluntarios de los granaderos; al instante se presentaron diez bravos, entre los cuales los sargentos Rosario y Evaristo, ambos dignos de las mayores consideraciones.
Bien cierto es que Mazuelos desvirtuaba un poco la técnica en su poesía; que hablando de sus brazos en el tercer pie del verso les llama "tristes" cosa que no es aceptable dentro de un concepto estricto de la poética; que la frase "que la están esperando" está íntegramente demás en el último verso, pero ha de considerarse que sin este aditamento, la composición carecería de la idea fundamental que es la idea de espera, y, que el pobre Evaristo, había pasado veinte años de su vida en este ripio sentimental: esperando.
Digan lo que digan, hay presentimientos en esta vida: don Evaristo se sintió temblar de emoción al romper el sello, y si se supo dominar, al leerlo, fue porque su estado mental inmediatamente anterior, en algún modo, lo había preparado a pasar, sin sacudida demasiado fuerte, de la ilusión a la realidad.
Era el ideal hecho carne, el verso hecho verdad, el sueño transformado en vigilia, la ilusión que, súbitamente, se presentaba a Evaristo, con unos ojos vivaces, una nariz respingada, una cabellera de achiote; en suma: Blanca Luz era, para el farmacéutico de El amigo del pueblo, el amor vestido con una falda de muselina azul con pintitas blancas y unas pantorrillas, con medias mercerizadas, aceptables desde todo punto de vista...
Los espectros de los tres esqueletos vestidos a la usanza de los chinacos de México, en el siglo XIX, se veían aterrantes, pero a la vez ridículos. La voz cavernosa del que se nombraba Evaristo se dirigió a Cristina diciéndole: -Por tu culpa nos atraparon, desgraciada.
Don Evaristo sintió detenerse, durante un momento, la circulación en sus arterias; lo invadió una oleada tal de felicidad aguda que fue casi un dolor; palideció, se ruborizó; estuvo a punto de cantar y de reírse, y de decírselo todo a la sirvienta que, de curiosa, lo estaba mirando, para saber; pero se contuvo, cobrando en el acto, con la fortuna, el suspicaz instinto de recelosa defensa que, casi siempre, trae ésta consigo.