Evangelios apócrifos

Evangelios apócrifos

 
teol. Evangelios no aceptados por la Iglesia católica.
Ejemplos ?
traducido por Edmundo González-Blanco Edit. La España Moderna, (19--?) Evangelios apócrifos. Traducción de Edmundo González Blanco.
Y así, San Jerónimo, después de haber reprendido a los herejes que compusieron los evangelios apócrifos por «haber intentado ordenar una narración más que tejer la verdad de la historia»(47), por el contrario, de las Escrituras canónicas escribe: «A nadie le quepa duda de que han sucedido realmente las cosas que han sido escritas»(48), coincidiendo una vez más con San Agustín, que, hablando de los Evangelios, dice: «Estas cosas son verdaderas y han sido escritas de El fiel y verazmente, para que los que crean en su Evangelio sean instruidos en la verdad y no engañados con mentiras»(49).
Hay que recordar que, según las creencias cristianas, después del suicidio de Judas Iscariote, los once apóstoles restantes se reunieron y eligieron a Matías para completar nuevamente el número de doce apóstoles enviados a las doce tribus de Israel; se cree que el apóstol que falta sería Tomás, que se encontraría evangelizando tierras lejanas al tiempo del tránsito de la Virgen. La escena está representada conforme a los Evangelios Apócrifos.
Entre los evangelios apócrifos tardíos que narran la infancia de Jesucristo, también se hallan el Evangelio de la Infancia según San Pedro, atribuido a San Pedro, y el Evangelio de Bernabé, que aunque se escribiera en árabe, lo que se conserva son manuscritos en lengua castellana e italiano.
Concebido el de la Purísima para albergar la talla de la Inmaculada de Gregorio Fernández y encargado su ensamblaje en 1627 a Francisco Ruiz, que debía seguir las trazas de Peñalosa, la pintura historiada se reduce a las dos pequeñas tablas situadas en los extremos del banco, donde conforme a los Evangelios apócrifos se representan los anuncios del ángel a Santa Ana y a San Joaquín, y el Abrazo de San Joaquín y Santa Ana ante la Puerta Dorada en lienzo ocupando el ático.
El sacromonte nace, pues, por iniciativa del fraile capuchino Fedele da San Germano como expresión del culto a la Virgen: el proyecto inicial preveía 20 capillas dedicadas, según los cánones de una popular representación teatral, a la Vida de María, ilustrada de manera coherente con el relato que viene en los evangelios apócrifos.
La Universidad de Salamanca le encargó la edición crítica bilingüe de los Evangelios apócrifos al español, tarea que pudo culminar felizmente publicándolos en la Editorial Católica, en la colección Biblioteca de Autores Cristianos.
En lengua castellana usó la de Edmundo González-Blanco, la mejor y casi única en español hasta el momento, pero polémica porque a veces parece beber de traducciones francesas y considera evangelios apócrifos textos que los eruditos han desechado.
Hay, sin embargo, importantes discrepancias en la lectura de este pasaje entre los diferentes autores que lo han estudiado, ya que el fragmento está tan deteriorado que faltan muchas de las palabras del texto. Antonio Piñero: "Los evangelios apócrifos", en Antonio Piñero (ed.): Fuentes del cristianismo.
Un conjunto de detalles anecdóticos como la presencia del buey y la mula no forman parte de los escritos neotestamentarios ni de la celebración de la Natividad, sino que la tradición los incorporó más tarde a partir de los evangelios apócrifos.
Aunque ninguno de los evangelios canónicos menciona el nombre de los ladrones, en algunos evangelios apócrifos el Buen Ladrón es llamado Dimas.
La elección de las escenas está focalizada a una completa descripción del dogma de la Encarnación, a sostener la consubstancialidad de Cristo, a través del recurso a episodios narrados en los evangelios apócrifos, como el Protoevangelio de Santiago y el Evangelio del pseudo-Mateo, a través de simbologías complejas.