Euterpe

Euterpe (Eutérpē)

 
mit. Una de las nueve musas, hija de Zeus y de Mnemósine.
Traducciones
Ejemplos ?
Dispónible en: Ruiz Naufa Víctor Manuel. "Revista México Desconocido". Euterpe en el Museo Nacional de Historia Sánchez Rosa Virginia.
Esto cantaban las Musas que habitan las mansiones olímpicas, las nueve hijas nacidas del poderoso Zeus: Clío, Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Erato, Polimnia, Urania y Calíope.
Llegan la musa TERPSÍCORE primeramente, y después las NINFAS, las NÁYADES y las ONDINAS bailando y esparciendo flores al son de las liras de APOLO y de ERATO y de la flauta de EUTERPE.
Aquello era demasiado. Su cuñado tenía razón; Ventura no era un artista. ¡Qué diría Euterpe! ¡Casarse un gran violinista! Casarse, así ¡como un empleado de Consumos!...
He aquí los nombres de las ocho que aquí se citan: CALIOPE, musa de la poesía heróica; MELPÓMENE, musa de la trajedia; TALÍA, musa de la comedia; POLIMNIA, musa de la retórica; ERATO, musa de la poesía lírica; EUTERPE, musa del canto y de la música, URANIA, musa de la astronomía, y CLÍO, musa de la historia.
Fue como un resorte tirante que estalla; la primera impresión fue casi agradable, un respirar tranquilo, una suspensión de dolores agudos; después, como un ángel que quisiera volar y encontrase roto el juego de las alas, el espíritu de Ventura se sintió como perniquebrado, arrastrado; ya no pretendía volver al cielo del arte: tenía conciencia de aquel descalabro interior; sabía que estaba roto por dentro, que para él se había acabado toda ambición de tender las alas invisibles, en que había creído con fe tan acendrada. Euterpe, que había entrado en el año tercero o cuarto de su publicación, volvió a hablar de Ventura Rodríguez, distinguido violinista.
El tío no aparecía por su casa. Los periódicos le habían olvidado. Euterpe misma apenas se acordaba de él. El matrimonio le trajo una porción de ideas serias.
No lo sabía a punto fijo. Por todo lo demás; por culpa de Euterpe, de Rodríguez, padre, del empresario, de Gómez, de Pérez, por culpa del mundo...
Si arrebatado merecí algún día tu dictamen, Euterpe, soberano, bese el corvo marfil hoy de esta mía sonante lira tu divina mano; émula de las trompas su armonía, el Séptimo Tríón de nieves cano, la adusta Libia sorda aun más lo sienta que los áspides fríos que alimenta.
Esto decían los periódicos enemigos. Se fundó una revista profesional, Euterpe, para desacreditar a Ventura. La dirigía un señor de la orquesta y la pagaba Gómez, el otro violinista famoso.
No hacía más que tocar, ganar dinero, y a sus solas querer y trabajar en lo que él entendía que era la nueva manera. Euterpe llegó a decir «que la educación debe ser armónica, que el músico no puede ser hoy, en el estado de cultura a que hemos llegado, un ignorante de las materias afines a su arte; debe conocer la historia, la estética, y sobre todo tener sentido común.
La hiedra que ciñe las sienes de los doctos me aproxima a los dioses inmortales; la fría espesura de los bosques y las alegres danzas de las Ninfas con los Sátiros me apartan del vulgo, y si Euterpe no me niega su flauta, si Polihimnia me consiente pulsar la cítara de Lesbos, y tú me colocas entre los poetas líricos, tocaré con mi elevada frente las estrellas.