Euménides


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Euménides (Eumenídes)

 
mit. V. Erinias.
Ejemplos ?
Por la faz de las Euménides, ruedan las primeras lágrimas; Tántalo olvida las ondas de las fugitivas aguas; Ixión detiene su rueda; los buitres, que las entrañas de Ticio devoran, cesan el cruel festín; con sus ánforas vacías al canto atienden de Belo las hijas pálidas, y hasta Sísifo sentado sobre su peñón descansa.
Por ello, las que los hechos de los hombres multáis con vengador castigo, Euménides, cuya frente, ceñida de serpentino cabello, delante porta de vuestro espirante pecho las iras, aquí, aquí advenid y las quejas escuchad mías.
Y desde entonces languidece el miserable Orestes, consumido por un mal cruel; y yace tendido en su lecho, y la sangre de su madre le produce furores, pues temo nombrar á las Diosas Euménides que le aterran.
Ved, bañado está en sangre el de Micenas Alcázar opulento; de Casandra La fatídica voz alzarse escucho; Sigo temblando al parricida Orestes, Cuando aún la sangre cálida gotea De su madre infeliz y las Euménides No abandonan su umbral, siempre entonando El coro vengador; él, perseguido Por los terrores de conciencia inicua, De gente en gente vaga; sólo encuentra Juicio y perdón cabe el altar de Palas.
¡Oh rápidas, aladas, furiosas Diosas que, con lágrimas y gemidos, no celebráis fiestas semejantes a los Tiasos, negras Euménides que voláis por el anchuroso Eter, expiadoras de la sangre, vengadoras del asesinato!
Esos amantes que allí veis, están en manos de las Euménides; huid de ellos, que están señalados con la señal de la cólera de los dioses y están tocados de la peste.
Y esa tierra tomará su nombre de tu destierro, y la llamarán Orestio los azanianos y los arcadienses. Desde allí irás á la ciudad de los atenienses, en donde darás cuenta del asesinato de tu madre a las tres Euménides.
Las Euménides sostuvieron esas antorchas, de un funeral robadas, 430 las Euménides tendieron el diván y sobre su techo se recostó, profano, un búho, y del tálamo en el culmen se sentó.
Cual Penteo demente ve la turba de las Euménides y tiene siempre delante de sí dos soles y dos Tebas, o cual Orestes, hijo de Agamenón, cuando fuera de sí huye en la escena de su madre armada de teas y negras serpientes, y ve sentadas en el umbral del templo a las vengadoras Furias.
Otros degüellan las víctimas y recogen en copas la tibia sangre; el mismo Eneas con su espada inmola en honor de la madre de las Euménides y en el de su grande hermana una cordera de negro vellón, y a ti, ¡Oh Proserpina!
Eso le había dado a él de regalo la Junonia Hebe, 400 vencida por las súplicas de su marido; la cual, cuando a jurar se disponía que dones tales no habría de atribuir ella, después de éste, a nadie, no lo permitió Temis: “Pues ya mueve Tebas las desavenidas guerras”, dijo, “y Capaneo, sino por Júpiter, no podría ser vencido, y resultarán parejos en heridas los hermanos 405 y, sustraída la tierra, sus propios manes verá –vivo todavía– el profeta, y habrá de vengar a su padre con su padre su hijo, piadoso y criminal por el mismo hecho, y, atónito por sus desgracias, desterrado de su mente y de su casa, por los rostros de las Euménides y de su madre las sombras será acosado 410 hasta que a él su esposa le demande el oro fatal...
Empieza a ser aun así mejor germana que madre 475 y como sus consanguíneas sombras con sangre aplaque, por su impiedad pía es; pues después que el calamitoso fuego convaleció: “La pira esta creme mis entrañas”, dijo, y como en su mano ominosa el leño fatal tenía, ante esas sepulcrales aras infeliz se apostó 480 y: “Diosas triples de los castigos”, dice, “a estos sacrificios de furia, Euménides, los rostros volved vuestros.