España

España

 
Estado de la península Ibérica, miembro de la Unión Europea. Limita con el mar Cantábrico y los Pirineos, frontera con Andorra y Francia, al N; con el mar Mediterráneo al E; con el Mediterráneo y el océano Atlántico, frontera con Gibraltar (Reino Unido) y Marruecos (en Ceuta y Melilla), al S, y el Atlántico, frontera con Portugal, al O. Su extensión es de 504 750 km2 con un total de 47 250 000 h. La capital es Madrid. La moneda oficial es el euro y la religión mayoritaria, el catolicismo. El idioma oficial es el español (catalán, gallego y vasco son oficiales en sus respectivas comunidades autónomas). Comprende, además, Ceuta y Melilla en el N de África, los archipiélagos de las Baleares, en el Mediterráneo, y el de las Canarias en el Atlántico. El relieve en España es muy diverso. La Meseta constituye el núcleo fundamental del conjunto. Situada en el centro del territorio, tiene una altitud media de 600 m y es una planicie con escasos relieves. Limita al N con la cordillera Cantábrica, al NO con los montes de León, al E con la cordillera Ibérica, al S con Sierra Morena y al O con las llanuras portuguesas. La desigual intensidad de la erosión a lo largo del tiempo ha producido dos regiones: la Meseta Norte y la Sur. La Meseta Norte, atravesada por la cuenca el río Duero, comprende la zona de Castilla y León y agrupa dos penillanuras. La Meseta Sur comprende Castilla-La Mancha y Extremadura y es atravesada por las cuencas de los ríos Tajo y Guadiana. La zona occidental forma una penillanura, mientras que la zona oriental está marcada por los profundos valles excavados por el Tajo. El Sistema Central constituye una dorsal montañosa, está constituido de N a S por la sierra de Ocejón, Guadarrama, Gredos, y al S del Tajo por los montes de Toledo. En el NO de la Península se encuentra el macizo Galaico, formado por una combinación de bloques montañosos plagados de depresiones. La cordillera Cantábrica se alarga entre el macizo Galaico, al O, y la región vasca, al E, atravesada por numerosos ríos cortos. Una depresión tectónica se extiende desde Oviedo a Santander entre una primera línea de elevaciones cercana a la costa y las sierras del interior, como los Picos de Europa. Entre la Meseta y la depresión del Ebro se encuentra, en dirección NO-SE, el Sistema Ibérico. Está formado por dos núcleos montañosos separados por el valle del Jalón; al N las sierras de la Demanda y del Moncayo; al S los montes de Albarracín y Cuenca al O, las sierras de los Monegros, Gúdar y Sant Just, al E, y el Maestrazgo al S. Sierra Morena se eleva en dirección NO-SE entre la Meseta y la depresión del río Guadalquivir. Dentro de los relieves exteriores a la Meseta sobresalen las montañas del País Vasco, entre el Sistema Cantábrico, al O, y los Pirineos, al E; el Sistema Costero-Catalán que separa las tierras llanas de la depresión interior del mar Mediterráneo, formado por una depresión longitudinal que divide al sistema en dos cordilleras, la Litoral y la Prelitoral. Los Pirineos forman una línea de montañas con una longitud aproximada de 450 km, y sus extremos en el cabo de Creus, en el Mediterráneo, y el cabo de Higuer, en el Cantábrico. En los Pirineos Centrales se hallan las principales cumbres (Aneto, con 3 404 m), mientras que en los Pirineos Orientales y Occidentales se va perdiendo altura conforme se acercan al mar. Los circos glaciares y los lagos son abundantes. El nombre de Prepirineo se aplica a una serie de pliegues formados al S y agrupados en dos grandes sectores o Sierras Interiores y Exteriores separados por una depresión o depresión media. La depresión del Ebro forma una amplia cuenca bordeada por los Pirineos al N, el Sistema Ibérico al O, el Sistema Costero-Catalán al E y el Sistema Cantábrico al NO. El río Ebro y sus afluentes excavan valles y crean terrazas escalonadas en el somontano o pie de monte pirenaico. La principal unidad de relieve del S de España es el Sistema Bético, que se estructura en las serranías Subbéticas, la depresión Intrabética o Penibética y la cordillera Penibética. Las serranías Subbéticas se levantan entre el fin de Sierra Morena, al E, y la Serranía de Ronda, al O. La depresión Intrabética comprende un gran valle longitudinal que contiene diversas cuencas interiores, como la depresión de Granada o las hoyas de Guadix y Baza. La cordillera Penibética resigue la costa entre el Peñón de Gibraltar y el cabo de Palos. La mayor cumbre del conjunto se encuentra en Sierra Nevada, con el pico de Mulhacén (3 478 m). La cuenca del río Guadalquivir o depresión Bética se abre paso entre Sierra Morena al N y las cordilleras Béticas al S para acabar su recorrido en el océano Atlántico. En la zona oriental los valles son anchos y bajos, enmarcados por las terrazas fluviales. En el sector occidental predominan los páramos de sedimentación reciente. Las zonas del litoral de España presentan una gran variedad morfológica. Predominan las costas acantiladas como punto de contacto entre los sistemas montañosos y las aguas marinas. En el litoral mediterráneo desde el cabo de Creus al estrecho de Gibraltar, pueden distinguirse tres sectores: el litoral catalán, caracterizado por un decenso de la altura de N a S; la costa levantina con predominio de las llanuras; y la costa acantilada en el S. El litoral atlántico meridional abarca el espacio comprendido entre el estrecho de Gibraltar y la frontera portuguesa. Lo forma una costa baja y regular, con dunas litorales y zonas pantanosas. La costa del NE está caracterizada por acantilados entre los que se abren paso una multitud de rías de gran extensión. La línea abrupta y acantilada con minúsculos salientes y rías pequeñas caracteriza el litoral cántabrico. El litoral vasco presenta diversos entrantes y salientes con un gran arco cóncavo de rías poco profundas que ocupa el espacio del final de la costa española. El archipiélago de las Baleares sigue el modelo de la mayor de las islas, Mallorca, que presenta una zona escarpada al NO, una llanura en el centro y otro sector montañoso de elevaciones menores en la región SE. Las islas Canarias son de origen volcánico; Lanzarote y Fuerteventura se alinean paralelas a la costa africana con una orientación NE-SO; las islas centrales son Gran Canaria y Tenerife, donde se encuentra el pico de mayor altitud de las islas y de España, el Teide (3 718 m). En el clima de España se contemplan dos regiones pluviales. La región húmeda supera los 600 litros de agua por m2 y ocupa la mitad de la costa occidental y toda la franja septentrional de la Península. El resto de España se halla englobada en la región seca, por debajo de los 600 litros por m2 anuales. Existen diferentes dominios climáticos fruto de las distintas regiones. El dominio atlántico está mediatizado por la masa oceánica que regula la oscilación de las temperaturas y provoca una fuerte pluviosidad. El dominio mediterráneo registra unas temperaturas medias más altas y una escasa pluviosidad. La región climática del SE se caracteriza por una extremada aridez, con elevadas temperaturas y baja pluviosidad. Las tierras del interior carecen de influencias marinas, lo que provoca un notorio aumento de la oscilación en las temperaturas, más bajas en invierno y más elevadas en verano. Las divisiones climáticas que se pueden establecer en el interior de España son tres: las regiones montañosas, la Meseta Central y las depresiones del Ebro y el Guadalquivir. Las regiones montañosas presentan temperaturas muy bajas y abundancia de precipitaciones en forma de nieve. El clima de la meseta se caracteriza por una pronunciada sequedad y la gran variación de las temperaturas medias, ambas características más acusadas cuanto más al S. En las depresiones de los ríos Ebro y Guadalquivir se dan unas características físicas y climáticas semejantes. Su baja altitud y las altas cordilleras que definen sus cuencas reducen las cantidades de precipitación y elevan las temperaturas máximas hasta niveles extremos. El clima de las islas Canarias es de tipo africano, desértico pero muy influenciado por las aportaciones atlánticas, con una temperatura media elevada y escasa pluviosidad. Siguiendo el recorrido del relieve y el clima, la flora hispana está distribuida, de un modo general, entre la región húmeda del N y la región seca del S, que incluye la costa mediterránea. La región N se caracteriza por la vegetación arbórea de tipo centroeuropeo. De E a O se encuentran robles, castaños, olmos, arces, fresnos y abedules. A medida que la altitud del relieve aumenta aparecen hayas y árboles fagáceos. En el Pirineo aragonés y catalán aparecen de menor a mayor altitud el quejigo, el pino silvestre y los pinos negros. En las dos mesetas y la depresión del Ebro, predominan los bosques mixtos formados por variadas especies, con chopos, robles y fresnos junto con los matorrales de espliego y romero. En el S de Galicia y en Extremadura existen alcornoques y en zonas de la depresión del Ebro crecen enebros y sabinas. En el centro de la Meseta la encina esta siendo sustituida por los pinares y hacia el S por el carrascal. En las costas mediterráneas la vegetación está constituida por alcornoques, algarrobos, encinas y matorrales. La composición de la flora española ha sufrido importantes cambios como consecuencia de las actividades humanas y de la falta de agua que ha provocado una desertización del suelo. Los ríos españoles acusan la distribución de las precipitaciones a lo largo del año y se dividen en dos cuencas principales, la atlántica y la mediterránea. La primera es la más extensa y a ella pertenecen las cuencas de los ríos Duero, Tajo, Guadiana y Guadalquivir. Los ríos de la cuenca nor-atlántica poseen un caudal abundante y regular, destacan el Nalón, el Nervión, el Bidasoa y el Navia. En Galicia los ríos forman rías en sus desembocaduras, destacando el Miño. La vertiente mediterránea es de caudal débil e irregular y sus ríos son generalmente de poca longitud. Esta vertiente incluye los ríos de la cuenca meridional o mediterránea (Almanzora y Guadalhorce), los levantinos (Turia, Júcar y Segura) y los de la vertiente catalana (Llobregat y Ter). El Ebro es el río más caudaloso de la Península, debido a su origen en la zona atlántica y por sus afluentes pirenaicos. El régimen demográfico se caracteriza por el incremento de la población debido al descenso de la mortalidad, más que al aumento del índice de natalidad, lo que determina un envejecimiento de la población. Los españoles componen la mayoría de ésta, aunque con un importante aumento del número de extranjeros en la primera mitad de la década de 2000 (más de un 8% en 2005). A partir de 1970 se interrumpió el flujo de emigración hacia Europa y ya en los ochenta también lo hizo el de la emigración interna del entorno rural hacia las ciudades, hecho que ha provocado un predominio de la población urbana. El español, o castellano, es la lengua oficial; existen también otros idiomas que tienen la categoría de lengua oficial dentro de determinadas autonomías: el catalán (català), el gallego (galego) y el vasco (euskera). En España la gran mayoría de la población es católica. El sector agrario español ha perdido su papel tradicionalmente hegemónico y utiliza el 30,8% del territorio. Los cereales son los cultivos tradicionales de secano que cubren la mayor parte del suelo; cebada y trigo son las principales productos. Otros cultivos son: el arroz, localizado en la zona mediterránea; el maíz, el mijo y el sorgo en los valles del Ebro y del Guadalquivir; y las leguminosas con judías, garbanzos, guisantes, habas y lentejas. El olivo es uno de los cultivos más importantes de España, destacando la región andaluza. Las plantaciones de patatas y hortalizas (tomates y cebollas principalmente) se extienden por todo el territorio nacional. Los cítricos han ocupado siempre un lugar muy importante en la exportación, centrados en el territorio valenciano. Otros cultivos arbóreos que destacan son el almendro y el avellano junto con peras, higos, manzanas, melocotones, albaricoques y plátanos. Destaca el cultivo de la vid, siendo el tercer productor mundial. El cultivo de plantas industriales se centra en el algodón, la remolacha azucarera, la caña de azúcar y el tabaco. La economía forestal se basa en la producción de corcho y madera. La ganadería se divide en la cría de ganado bovino en la región septentrional; los ovinos y caprinos, en la España seca; el ganado porcino, primero en producción de carne; y el sector avícola, de gran crecimiento. El sector pesquero se centra en la captura de sardinas, pescadillas, anchoas, merluzas, atunes, mariscos y otros. La piscicultura ha tenido un importante desarrollo en los últimos años. La explotación minera en España va desde los yacimientos de carbón y lignito a una extensa gama de minerales metalíferos. El carbón se extrae del yacimento astur-leonés, los minerales de hierro del de Vizcaya y la pirita del de Riotinto. Destacan también las producciones de cobre, plomo, cinc y el mercurio de Almadén. Entre los yacimientos de minerales no metálicos destacan los de sales potásicas, magnesita, espato flúor y sal gema. La energía eléctrica se obtiene a través de centrales hidráulicas y nucleares. La industria española, cada día más diversificada, dispone de importantes sectores, como la alimentación, el textil, el calzado y productos de cuero, el químico y farmacéutico. Destacada mención merecen la producción de corcho y papel. Por otra parte la siderurgia y los astilleros han retrocedido tras la reconversión industrial. Los centros de industrias mecánicas se concentran en su mayoría en las grandes ciudades. El sector del automóvil se concentra en Barcelona, Madrid, Valladolid, Zaragoza y Pamplona. Uno de los cambios sustanciales de la sociedad española actual ha sido el crecimiento del sector terciario de la mano del incremento del turismo, que ha impulsado el sector de la construcción y el mejoramiento de las estructuras viarias.
hist. La situación geográfica de la península Ibérica creó, más que una raza, una población mestiza fruto de la confluencia de diversas corrientes humanas que se establecieron en estas tierras. Los restos humanos hallados en las décadas de 1990 y 2000 demuestran que España comenzó a poblarse durante el Paleolítico superior, período en que el protagonista fue el hombre de Cro-Magnon, que perfeccionó los utensilios de piedra y practicó el arte rupestre encontrado en las cuevas de Altamira. El final de la época glaciar supuso que los cazadores y recolectores se sedentarizaran y convirtieran en agricultores y ganaderos, practicando la cerámica, el comercio y unas prácticas religiosas más complejas. Este proceso, o «revolución neolítica», se sitúa en España entre los años 5000 y 3000 a C. La llegada de los iberos, de origen bereber, significó el desarrollo de una importante cultura en toda la costa mediterránea. Entre Huelva y Cartagena se habían establecido los tartesios, con un máximo desarrollo en el año 500 a C. Durante el I milenio a C llegaron desde Europa los celtas. Este pueblo, superior a los iberos en materia militar, introdujo el hierro y se extendió por la zona O y centro de la Península. Finalmente, en el N del territorio se encontraban los pueblos más atrasados: galaicos, astures, cántabros y vascones. Poco a poco, iberos y celtas se fusionaron en el grupo celtibérico, sustrato étnico de la actual población española. En la segunda mitad del I milenio a C, la zona mediterránea comenzó a ser visitada por fenicios (fundación de Gadir) y luego griegos (fundación de Ampurias) que trajeron nuevos cultivos (el olivo), nuevas técnicas y sistemas de escritura. Éstos fundaban factorías que monopolizaban el comercio, con especial interés en los metales. En el s. VII a C los cartagineses pasaron a controlar la mayoría de las factorías y se enfrentaron a los romanos en el s. IV a C por la hegemonía en el Mediterráneo. Las Guerras Púnicas (s. III a C) significaron el inicio del dominio romano, que se completó en el 133 a C. La Península quedó dividida entonces en dos partes, la España Citerior (al este) y la España Ulterior (al sur). Más tarde estas regiones tomaron la forma de tres provincias: la Tarraconense, la Bética y la Lusitania. Pero la ocupación romana no se limitó al ejercicio de la supremacía militar sino que impuso su forma de vida económica, cultural y social. La lengua latina y la religión cristiana se consolidaron como los más importantes legados de la presencia romana. En el s. V, siguiendo a otros pueblos bárbaros, los visigodos ocuparon España. La unificación entre godos e hispanorromanos se consiguió con la conversión de los visigodos al cristianismo en el año 589. La invasión árabe del año 711 supuso el fin del control visigodo. En ella se registran cuatro períodos bien definidos: el emirato dependiente de Damasco (711-756), el emirato independiente (756-929), el califato de Córdoba (929-1031), y los reinos de taifas (1031-1492). Los musulmanes dieron a España el nombre de al-Ándalus, que se constituyó a partir de la invasión como una provincia gobernada por emires. ´Abd al-Rahman I (756-788) creó un emirato independiente y en el año 929 ´Abd al-Rahman III se autoproclamó califa. Durante el califato de Córdoba se introdujeron en España nuevas técnicas agrícolas y mejoras en el regadío. Tras la muerte de Almanzor (1002), el califato quedó desintegrado y el territorio musulmán se dividió en los reinos de taifas. Pero, a pesar de las ayudas brindadas por las invasiones norteafricanas, el poder musulmán fue debilitándose, reducido en el s. XIII al reino de Granada, que desaparecería en 1492. El avance de la Reconquista se inició desde la cordillera Cantábrica y los Pirineos por parte de los reinos cristianos que allí se crearon. Tras la batalla de Covadonga (718), se constituyó un reino que comprendía las regiones de Asturias, Cantabria y Galicia. n la segunda mitad del s. IX este reino había llegado al Duero y fijaba su capital en León. En el s. X, en torno a la ciudad de Burgos, Fernán González creó el primer condado independiente, el de Castilla. Tras las ofensivas de los francos (785-811) se fundó la Marca Hispánica, que comprendía los condados pirenaicos. El reino de Navarra alcanzó un gran poder con Sancho III el Mayor (1004-1035). Un primer parón en la Reconquista se produjo en el año 1000 con las victorias de Almanzor. Tras la muerte de Sancho III de Navarra, el condado de Aragón se transformó en reino independiente bajo Alfonso el Batallador. El s. XII supuso el salto cualitativo de la Reconquista, con el control de la mitad N de la Península. El paulatino avance de la Reconquista hizo que en la batalla de Navas de Tolosa (1212) todos los reinos cristianos se unieran por primera vez para combatir a los musulmanes. A partir de ese triunfo la Reconquista se aceleró; así, en 1270 el control musulmán se reducía prácticamente al reino de Granada. A partir de ese año la Reconquista se paralizó y se inició un proceso de reparto de las tierras entre la nobleza, las órdenes y el clero, configurando un sistema feudal. Hacia el s. XI se produjo el nacimiento de la burguesía, liderada por comerciantes y artesanos. En el s. XIV, la crisis mercantil y la Peste Negra (1348) paralizaron la expansión cristiana. El protagonismo de la Iglesia durante la Edad Media española fue extraordinario, participando activamente en la formación de una cultura y en el control de los nuevos territorios. La entrada de España en la Edad Moderna estuvo determinada por el reinado de los Reyes Católicos (1479-1516). El matrimonio de Isabel I de Castilla con Fernando II de Aragón (1469) significó la unión de los dos reinos españoles más poderosos. Unificaron el territorio español con la conquista del reino de Granada (1492) y la anexión del de Navarra (1512). En 1492 Cristóbal Colón descubrió el continente americano. Esta expansión se completó con el control de Milán y Nápoles, así como parte del N de África. Para unificar la religión en el interior de los reinos se creó en 1478 el tribunal de la Santa Inquisición, que dirigió la expulsión de los judíos en 1492 y la de los árabes en 1502. La potencia creada por los Reyes Católicos se hizo aún más fuerte con la coronación de Carlos I (V de Alemania). Tras recibir en 1516 los dominios españoles, Carlos fue elegido en 1519 emperador de Alemania. Su reinado representó el período de máxima prosperidad económica del Imperio. En 1556, momento en el que se produjo su abdicación, el Imperio quedó escindido entre su hijo Felipe II (dominios españoles) y su hermano Fernando (el Imperio alemán). Bajo el reinado de Felipe II (1556-1598), que fijó la capital en Madrid, se inició la crisis económica. El centralismo se agudizó y España se convirtió en el centro de la Contrarreforma. En 1571 tuvo lugar la batalla de Lepanto, donde se frenó momentáneamente el avance turco. Con la incorporación de Portugal (1580), Felipe II logró el momento de máxima expansión de su Imperio. El reinado de Felipe III (1598-1621) cerró el período hegemónico español. Su sucesor, Felipe IV (1621-1665), intentó recuperar la hegemonía, pero fue derrotado por Francia. Paralelamente, por problemas internos Portugal obtuvo su independencia y en el interior estallaron revueltas. Carlos II (1665-1700) fue el último monarca de la casa de Austria. El problema de su sucesión originó el enfrentamiento entre el francés Felipe de Borbón, futuro Felipe V, y el archiduque Carlos de Austria, en la Guerra de Sucesión (1700-1714). Por los tratados de Utrecht y Rastadt (1713-1714) se puso fin al conflicto con la pérdida de los dominios españoles en Europa. Con la llegada de los Borbones se introdujo el despotismo ilustrado, régimen centralista que acabó con cualquier tipo de autonomía. Fernando VI, se preocupó por mantener la tranquilidad en la ruta marítima hacia América. Le sucedió su hermano Carlos III (1759-1788), que es el monarca más representativo del despotismo ilustrado, y favoreció a la burguesía decretando la libertad de comercio con América. Con la llegada de Carlos IV (1788-1808) los logros del despotismo ilustrado entraron en crisis. Confió la tarea de gobierno a Manuel Godoy, quien fracasó en la política exterior e interior, lo que condujo a que en 1808 Napoleón ocupase España. El alzamiento popular protagonizado el 2 de mayo de 1808 determinó el inicio de la Guerra de la Independencia (1808-1814), durante la cual las Cortes de Cádiz redactaron una Constitución (1812) liberal que no llegó a aplicarse. Derrotados los franceses, Fernando VII (1814-1833), el monarca restituido, impuso un total absolutismo. Su reinado se caracterizó por los permanentes enfrentamientos entre absolutistas y liberales y por la pérdida de la mayoría de las colonias de América. Esta pérdida ocasionó descontento en la burguesía, por lo que se iniciaron movimientos revolucionarios que pretendían instaurar una monarquía constitucional, como el del coronel Riego en 1820, que obligó a Fernando VII a restablecer la Constitución que había abolido. En 1823, tras la intervención de la Santa Alianza se reinstauró la monarquía absoluta. El rey inició entonces una política de represión del elemento liberal. En 1833 le sucedió la reina regente María Cristina, madre de Isabel II, que se apoyó en los liberales frente a los absolutistas de Carlos, hermano de Fernando VII. Se inició así la Primera Guerra Carlista (1833-39), que finalizó con el triunfo de los liberales. Al poco tiempo Isabel II fue coronada (1843). Durante su reinado se consolidó la burguesía española y la política estuvo dominada por las luchas entre los moderados, que perseguían mantener el sistema, y los progresistas, partidarios de reformas democráticas. A partir de entonces ambos partidos se alternaron en el gobierno y comenzaron a surgir otras agrupaciones políticas, como el partido republicano y el federal. En 1868 Isabel II fue destronada y sucedida por un gobierno provisional, que eligió a Amadeo I de Saboya monarca constitucionalista, apoyado por Juan Prim, hasta que en 1873 abdicó al no tener suficientes apoyos. Las Cortes proclamaron la I República, que se prolongó de 1873 a 1875. Posteriormente, un pronunciamiento militar restauró a los Borbones y Alfonso XII fue coronado rey (1875-85). Durante su reinado se intentó organizar un régimen parlamentario y en 1876 se promulgó una Constitución conservadora que establecía un sistema de alternancia política entre los conservadores y los liberales. Movimientos republicanos, regionalistas y obreristas se iniciaron desde este momento creando una atmósfera de descontento frente al régimen establecido. A la muerte de Alfonso XII, la reina María Cristina de Habsburgo ocupó el trono como regente (1885-1902) hasta que Alfonso XIII fue coronado rey. Su reinado se caracterizó por un notable progreso económico, demográfico y cultural y por la definitiva crisis del sistema turnista. La crisis de 1917, provocada por la primera huelga general, provocó una serie de gobiernos débiles que acabaron en 1923, cuando el capitán general Miguel Primo de Rivera, formó un directorio militar avalado por el rey. El régimen fue apoyado por los terratenientes, la burguesía industrial y la Iglesia, y decretó la supresión de los movimientos obreros anarquista y comunista, y de los movimientos regionalista y demócrata. En 1930, Primo de Rivera dimitió al perder sus puntos de apoyo y le sucedió el general Berenguer, quien intentó preservar la monarquía acosada por el aumento de la actividad republicana. El monarca fue incapaz de mantenerse tras las elecciones municipales de 1931 en que vencieron los republicanos, por lo que marchó al exilio y se proclamó la II República. Durante los tres primeros años, el gobierno provisional de la República estuvo presidido por Niceto Alcalá Zamora, y como jefe de Gobierno Manuel Azaña. Las aspiraciones reformadoras no pudieron consolidarse debido al acoso de las organizaciones obreras, por un lado, y de las fuerzas conservadoras, por el otro. En las elecciones de 1933, la derecha triunfó, inaugurándose la etapa denominada bienio negro (1934-36). Alzamientos de los nacionalistas catalanes e insurrecciones en Asturias condujeron a una fuerte represión. En las elecciones de febrero de 1936, el Frente Popular (integrado por socialistas, republicanos, comunistas y anarquistas) obtuvo la mayoría de los votos. Sin embargo, la oposición de los antirrepublicanos al gobierno fue creciendo al igual que la agitación social, lo que provocó el 17 de julio de 1936 la sublevación militar con la que dio comienzo la Guerra Civil española. Tres años de cruenta guerra acabaron con el triunfo del sublevado general Francisco Franco. El 1 de abril de 1939 se dio por finalizada la guerra. A partir de entonces, Franco implantó un régimen autoritario fundamentado en el poder personal, iniciándose una dura posguerra en la que fueron represaliados miles de republicanos y que sumió al país en un régimen autárquico y de aislamiento internacional. La crisis económica del sistema decidió la entrada de un equipo de tecnócratas, que diseñaron el plan de estabilización (1959-60). Ya en la década de los sesenta España protagonizó un crecimiento económico general, generado por la producción de bienes de consumo, el turismo y la construcción. El 12 de julio de 1969, Juan Carlos de Borbón y Borbón, nieto de Alfonso XIII, fue designado sucesor de Franco. En 1975 Franco murió, abriéndose el período denominado de la transición, que permitió la implantación de una monarquía parlamentaria. Las primeras elecciones se realizaron en 1977, en que el triunfo correspondió a la Unión de Centro Democrático (UCD), un partido de centro-derecha liderado por Adolfo Suárez. Las nuevas Cortes centraron sus tareas en la redacción de una Constitución que definía a España como una monarquía parlamentaria y contemplaba la integración política de las distintas regiones de España; Constitución que fue ratificada mediante referéndum en 1978. Paralelamente, el Gobierno y la oposición firmaron en octubre de 1977 los pactos de la Moncloa, que permitieron afrontar la grave crisis económica y contener la creciente inflación. En las elecciones de 1979 volvió a triunfar la UCD, que se enfrentó al fallido golpe de Estado de 1981, protagonizado por el ejército. En 1982 el PSOE triunfó y Felipe González asumió el cargo de presidente, inaugurando la era socialista. Los objetivos clave del nuevo Gobierno fueron por una parte la aceleración de la integración de España en la CE y el ingreso en la OTAN, ambos conseguidos en 1986, y por otra la resolución de la crisis económica, la disminución del paro y el fin de las acciones terroristas del grupo vasco ETA. Reelegido en las elecciones de 1986, 1989 y 1993, vivió sus mayores logros exteriores con los acontecimientos de 1992: la Exposición Universal de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona. Los años 1994 y 1995 transcurrieron bajo una gran tensión política, por las acusaciones de corrupción contra el gobierno y el pacto con los nacionalistas catalanes para sostener una mayoría parlamentaria. Tras las elecciones legislativas de 1996, el Partido Popular fue la fuerza política más votada y José María Aznar fue elegido presidente del gobierno, con el apoyo de CiU, PNV y los nacionalistas canarios. Dicho apoyo, sin embargo, fue otorgado a cambio de importantes concesiones económicas y administrativas. Como objetivo prioritario, el nuevo gabinete se propuso cumplir con los requisitos de convergencia en la moneda única europea, y para ello desarrolló una política de privatizaciones y recortes del gasto público. En cuanto a la oposición, el PSOE eligió en 1997 a Joaquín Almunia como nuevo secretario general en sustitución de Felipe González. El mismo año, los atentados de ETA contra concejales del PP vasco impulsaron un movimiento de protesta en todo el Estado, en especial por el secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco, concejal de la localidad vizcaína de Ermua. En las elecciones de 2000 volvió a ganar el PP, esta vez con una clara mayoría absoluta. José María Aznar formó nuevo gobierno y Joaquín Almunia dimitió como secretario general del PSOE. Le sustituyó José Luis Rodríguez Zapatero. En julio de 2002 se produjo un incidente con Marruecos por la soberanía de la isla Perejil. En noviembre, el accidente de un petrolero frente a las rías gallegas causó un desastre ecológico de gran magnitud. En marzo de 2003 España, respaldó la intervención militar anglo-estadounidense en Irak. El 11 de marzo del mismo año se produjo un atentado en Madrid reivindicado por Al-Qaeda. El 14 de marzo, el PSOE venció en las elecciones legislativas y Rodríguez Zapatero fue elegido presidente. En abril, Rodríguez Zapatero ordenó la retirada de las tropas españolas de Irak. En febrero de 2005 España se convirtió en el primer país en ratificar la Constitución europea mediante referéndum. En medio de una fuerta recesión económica, una grave crisis de las entidades financieras por el estallido de la burbuja inmobiliaria y un porcentaje de parados al alza (en 2013 superó el 27% de la población activa, unos 6 millones de personas), en las elecciones de 2011 el PP recuperó el poder y Mariano Rajoy fue nombrado presidente del gobierno. Puso en marcha una serie de medidas para reducir el gasto público.
b. art. En el s. X aparecen los primeros escritos en lengua castellana, como el Cantar del Mio Cid. El primer poeta castellano de nombre conocido fue Gonzalo de Berceo. El s. XV se presenta como un período prerrenacentista con una lírica culta y trovadoresca, con nombres como Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, y Jorge Manrique. La prosa del s. XV está representada por el arcipreste de Talavera y por los libros de caballerías: Amadís de Gaula y Tirant lo Blanc y la obra de teatro la Celestina de Fernando de Rojas. En el s. XVI destacan el poeta italianizante Garcilaso de la Vega; la escuela sevillana de Fernando de Herrera y la salmantina de fray Luis de León; el género picaresco con el Lazarillo de Tormes; las obras de mística de fray Luis de Granada, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Los tres grandes poetas españoles del s. XVII fueron Luis de Góngora y Argote, creador del culteranismo, Lope Félix de Vega y Carpio, y Francisco de Quevedo y Villegas, creador del conceptismo. Este siglo marcó un período de esplendor fundamentalmente por la aparición de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (1606) de Miguel de Cervantes Saavedra. Lope de Vega fue uno de los dramaturgos más brillantes y originales de su época junto con Tirso de Molina y Pedro Calderón de la Barca. En el s. XIX apareció el romanticismo con el ensayista y periodista Mariano José de Larra, el poeta Gustavo Adolfo Bécquer, autor de las Rimas, y el dramaturgo José Zorrilla con el Don Juan Tenorio. La narrativa realista se inauguró con Fernán Caballero (seudónimo de Cecilia Böhl de Fáber), Juan Valera y Emilia Pardo Bazán, y sobre todo Benito Pérez Galdós. La llamada generación del 98 introdujo la búsqueda de un espíritu liberal y progresista. En la novela destacaron las obras de Clarín y Azorín, Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Ramón del Valle Inclán y Ramiro de Maeztu. En la poesía destacaron los poetas Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. A ellos les siguieron, pero integrando la generación del 27, los poetas Federico García Lorca, Pedro Salinas y Rafael Alberti entre otros. La generación del 36 se caracterizó por el intimismo de Miguel Hernández y Gabriel Celaya. El teatro de inicios de siglo contó con Jacinto Benavente y Ramón del Valle Inclán con su estética deformante del esperpento. Una vez finalizada la Guerra Civil, la poesía española comenzó a estar dominada por una lucha entre evasión y compromiso, con poetas como José García Nieto, Luis Rosales y Blas de Otero. En la narrativa de mitad de siglo, influida por el realismo social, destacan Camilo José Cela, Gonzalo Torrente Ballester y Miguel Delibes. Posteriormente y en la línea realista destacan los poetas José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral y José Agustín Goytisolo, y en narrativa sobresalen Juan Marsé y Ana María Matute, entre otros. El teatro de la segunda mitad del s. XX contó con Alejandro Casona, Antonio Buero Vallejo, José Suárez Carreño, Francisco de Cossío, Mariano Borrás, Enrique Jardiel Poncela, Miguel Mihura, Antonio de Lara, José María Pemán, Lauro Olmo y Antonio Gala. En los años ochenta y noventa la novela ocupó un lugar privilegiado dentro de la literatura española. A las prolíficas obras de los autores de los sesenta y setenta se sumaron las de Manuel Vázquez Montalbán, Manuel Vicent, Félix de Azúa, Antonio Muñoz Molina, Montserrat Roig, Carme Riera, Soledad Puértolas, Julio Llamazares, Juan José Millás, Javier Marías y Mercè Rodoreda, entre otros, y que avalan la importancia, interés y riqueza del género en España. El ensayo apareció como uno de los géneros preferidos en las últimas dos décadas. Destacan las producciones de J. A. Vallejo-Nájera, Carmen Martín Gaite, Miguel Delibes, Francisco Umbral, José Luis López Aranguren, Eugenio Trías, Rafael Argullol, Ramón Tamames, Fernando Savater, Vicente Molina Foix y Vicente Verdú. La poesía, por su parte, se adentró en un período de oscuridad frente a la narrativa, y encontró un espacio más propicio en las revistas literarias que en los libros. Algunas figuras destacadas en este género son Antonio Gamoneda, Luis Alberto Cuenca, Vicente Valero, Leopoldo María Panero, Miguel Casado, Miguel D'Ors, Almudena Guzmán, Luisa Castro, Miguel Sánchez Gatell, José María Merino, Luis Antonio de Villena, Francisco Bejarano, Fernando Beltrán, Leopoldo Alas, Pere Gimferrer, Joan Brossa, etc. El arte prehistórico ha dejado muestras de pinturas rupestres en Altamira pertenecientes al Paleolítico superior. Los más antiguos monumentos españoles datan del Neolítico; son los megalitos, dólmenes y los talayots, las navetas y las taulas existentes en las islas Baleares. De la época de los griegos se conservan las ruinas de Ampurias. El arte de los iberos dio La dama de Elche. La condición de provincia romana ha dejado grandes obras públicas y numerosos monumentos. La llegada de los árabes influyó en la arquitectura española, legando la mezquita de Córdoba y la Alhambra de Granada. El arte románico español se divide en el prerrománico, que se desarrolló fundamentalmente en Cataluña; primer románico, que alberga la construcción de edificios de mayor envergadura; y un segundo románico al que pertenecen los edificios religiosos monumentales con tres o cinco naves, varios ábsides, deambulatorio y esbeltos campanarios. Destacan como obras más importantes del románico el monasterio de Ripoll y la catedral de Santiago de Compostela. El gótico se inicia en Poblet (Tarragona) y se impone a partir de la catedral de León (s. XIII) hasta la de Segovia (s. XVI). El Renacimiento italiano influyó en el plateresco (fines del s. XV y s. XVI), con obras como el Hospital de la Santa Cruz (Toledo). En la segunda etapa del Renacimiento español destaca Juan de Herrera (El Escorial). Domenico Theotokópoulos, llamado El Greco, destacó entre todos los pintores del s. XVI. El s. XVII comprende la época de oro de la pintura española con pintores como Francisco Ribalta, José de Ribera, llamado el Españoleto, Francisco de Zurbarán, Diego Velázquez y Bartolomé Esteban Murillo. En el s. XVIII destaca Francisco de Goya, cuyos cuadros prefiguraron el impresionismo y expresionismo contemporáneos. La arquitectura de la segunda mitad del s. XIX renació con el modernismo y la figura de Antonio Gaudí, y ya en la segunda mitad del s. XX el racionalismo de José Luis Sert. Autores destacados de las últimas décadas del s. XX y principios del s. XXI fueron Ricardo Bofill, Santiago Calatrava, Óscar Tusquets, Rafael Moneo y Sáenz de Oiza, entre otros. La escultura cuenta con figuras como José Llimona, Manolo Hugué, Pablo Gargallo y otros. Las corrientes más destacadas del s. XX en pintura fueron el cubismo, con Pablo Picasso y Juan Gris, y el surrealismo, con Joan Miró y Salvador Dalí. En las últimas décadas del s. XX y principios de la década de 2000 destacaron a nivel internacional los pintores Juan Gris, Antoni Tàpies, Antonio Saura, Antonio López y Miquel Barceló, y los escultores Eduardo Chillida y Jorge Oteiza. La música en España se inicia con los cantos visigóticos de los ss. X y XI; en un primer momento es de inspiración religiosa, destacando las Cantigas de Santa María. El s. XVI constituyó el período de oro de la música española, con la polifonía del compositor Tomás Luis de Victoria y el movimiento de vihuelistas integrado por Luis de Milán y Esteban Daza, y organistas como Antonio de Cabezón. En el s. XVII surgió una nueva expresión musical, la música teatral de la que deriva la zarzuela. Tras un período de decadencia durante la primera mitad del s. XIX, la zarzuela resucitó en 1851 con Francisco Asenjo Barbieri y Federico Chueca. Ya en el s. XX destacan los compositores Isaac Albéniz, Enrique Granados, Joaquín Turina y Manuel de Falla. La tradición de la guitarra española continuó a través de varios intérpretes contemporáneos como Andrés Segovia y Narciso Yepes. Completan el panorama de la música del s. XX Pau Casals (violoncelista y director de orquesta), Pablo de Sarasate (violinista y compositor) y Alicia de Larrocha (pianista). En las últimas décadas, los cantantes españoles han ocupado uno de los primeros lugares en la música lírica internacional; sobresalen Plácido Domingo, Alfredo Kraus, José Carreras, Jaime Aragall, Teresa Berganza, Montserrat Caballé y Victoria de los Ángeles. Por último, notables compositores de vanguardia han sido Cristóbal Halfter, Tomás Marco, Llorenç Barber, Francisco Guerrero y Luís de Pablo. En cine, la década de los cincuenta registró la influencia de los neorrealistas italianos con directores como Juan Antonio Bardem y Luis García Berlanga. La nueva generación de directores que comenzó a filmar en los años sesenta prolongó su producción durante la décadas siguientes con Jaime Camino, Víctor Erice, Vicente Aranda, Gonzalo Suárez y Mario Camus. En la década de 1980, tras la llegada de la democracia, se consolidó la producción de directores como Jaime Chávarri, Manuel Gutiérrez Aragón, Pilar Miró y José Luis Garci, quien recibió el primer Oscar para España en 1983. Mención aparte merecen las prolíficas carreras cinematográficas de dos directores españoles de renombre internacional: Luis Buñuel y Carlos Saura. Los años ochenta llegaron a su fin con el éxito comercial conseguido por Pedro Almodóvar. Entre los directores más recientes destacan también Fernando Trueba, que realizó Belle Epoque (1993), ganadora del segundo Oscar de la cinematografía española en 1994, Fernando Colomo y Emilio Martínez-Lázaro. En 2000 y 2005 P. Almodóvar y Alejandro Amenábar consiguieron sendos Oscar para el cine español con Todo sobre mi madre y Mar adentro.

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(es'paɲa)
sustantivo femenino
país de Europa ubicado en la Península Ibérica viajar a España
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SFSpain
Nueva España (Hist) → New Spain (Mexico)
la España de charanga y panderetatouristy Spain
Ejemplos ?
Don José Manuel Velázquez de la Cadena, capitán retirado, señor de Villa de Yecla (España) y regidor del Ayuntamiento de México.
Para relevo de la ya caída gente pagana en la feroz batalla, envía a España y África partida que traiga a cuanto presto allá se halla.
Archivo Alcaldía Municipal Santa Rosa de Copán. Biblioteca del Virreinato de Nueva España, Guatemala. Urquía Fuentes, José Leonardo.
Basilio. Hace diez y siete años que ardía en España la guerra civil. Carlos e Isabel se disputaban la corona, y los españoles, divididos en dos bandos, derramaban su sangre en lucha fratricida.
Don Manuel Velázquez de León, secretario que había sido del virreinato, intendente honorario de provincia, tesorero de bulas, nombrado en España director de Hacienda pública en México y consejero de Estado.
R.-El govierno Monárquico, si es electivo, tiene el peculiar inconveniente de que espone y sujeta al estado a grandes y violentas conbulsiones en la eleccion del rey, en que se trata de un grande interes duradero por vida. Si es hereditario, como en España y en las demas monarquías de Europa, los inconvenientes son mucho mayores.
RATADOS CELEBRADOS EN LA VILLA DE CÓRDOBA EL 24 DEL PRESENTE, ENTRE LOS SEÑORES DON JUAN DE O'DONOJÚ, TENIENTE GENERAL DE LOS EJÉRCITOS DE ESPAÑA, Y DON AGUSTÍN DE ITURBIDE, PRIMER JEFE DEL EJÉRCITO IMPERIAL MEXICANO DE LAS TRES GARANTÍAS.
-Güeno -dijo éste con voz más firme tras un breve silencio-, lo cierto es que a mi compadre al ver aquello se le ablandaron las entrañas y encomenzó a decir que aquello era un contra Dios y que yo estaba pidiendo a voces un grillete, y, camará, nunca lo hubiera dicho; al oírlo mi María se revolvió contra él como una fiera diciéndole que yo era más güeno que San Juan Evangelista, y que sí yo me había gastáo los cuatro ochavos que tenía, no había sío en vicios, sino que lo había perdío en malos negocios y que ella era tan feliz que no se cambiaba ni por la reina de España...
Pronunciada por Nueva España la independencia de la antigua...
La religión Católica, Apostólica y Romana, en España y en todas las posesiones españolas, será la religión del Rey y de la Nación, y no se permitirá ninguna otra.
Será llamado a reinar en el Imperio mexicano (previo juramento que designa el artículo 4º del plan), en primer lugar el señor don Fernando VII, rey católico de España; y por su renuncia o no admisión, su hermano el Serenísimo Señor infante don Carlos; por su renuncia o no admisión, el Serenísimo Señor infante don Francisco de Paula; por su renuncia o no admisión, el Serenísimo Señor don Carlos Luis, infante de España, antes heredero de Etruria, hoy de Luca; y por renuncia o no admisión de éste, el que las Cortes del Imperio designen..
Se nombrarán dos comisionados por el Excelentísimo Señor O'Donojú, los que pasarán a la Corte de España a poner en las reales manos del Señor Don Fernando VII copia de este tratado y exposición que le acompañará, para que sirva a S.M.