Ejemplos ?
¿Para qué te he de referir a Esmiliano Escipión, que vio casi en un mismo tiempo el triunfo de su padre y el entierro de dos hermanos, y con ser mancebo, y en edad pueril, sufrió aquella repentina calamidad de su casa que cayó sobre el triunfo de Paulo, llevándola con tan grande ánimo como convenía a un varón que había nacido para que ni faltase a Roma un Escipión ni quedase en pie Cartago?» «¿Para qué te he de referir la concordia de los dos Lúculos rompida con la muerte?
Que desean abundar en abominables prosperidades los que se quejan de los tiempos cristianos Si viviera aquel insigne Escipión Nasica, que fue ya vuestro pontífice (a quien, al mismo tiempo que estaba más encendida la segunda guerra Púnica, burlando la República una persona de la más excelente bondad para recibir la madre de los dioses que transportaban de Frigia, le escogió unánimemente todo el Senado para desempeñar este honorífico encargó), este ínclito héroe, el grande Escipión, digo, cuyo mismo rostro no os atreveríais a mirar, él reprimiría vuestra altanería.
Esta ruina e infección de los ánimos, este estrago de la bondad y de la virtud, es lo que temía en vosotros el ínclito Escipión cuando prohibía severamente que se edifiquen teatros; cuando examinaba en su interior que las prosperidades fácilmente estragarían vuestros corazones, y cuando quería que no vivieseis seguros del terror de vuestros enemigos, porque no tenía aquel celebrado héroe por feliz la República que tenía los muros de pie y las costumbres por el suelo.
Quería Escipión que os pusiera miedo el enemigo para que no cayeseis en el vicio, y vosotros, aún hollados y abatidos por el enemigo, no quisisteis desistir del vicio, perdisteis el fruto de la tribulación, habéis venido a ser miserables y quedado contagiados con vuestros pasados excesos; y, con todo, si lográis el vivir, debéis creer es por singular merced de Dios, que, con perdonaros, os advierte que os enmendéis haciendo penitencia.
Que los ciudadanos de la ciudad de los santos, en esta vida temporal, son bienaventurados en la esperanza CAPÍTULO XXI. Si conforme a las definiciones de Escipión, que trae Cicerón en su diálogo, hubo jamás república romana CAPÍTULO XXII.
Además de esto, los romanos, aunque estaban ya bajo el yugo de una religión tan perversa que les inclinaba a dar culto a unos dioses que veían habían querido les consagrasen las representaciones obscenas de los juegos escénicos; con todo, mirando a su autoridad y decoro, no quisieron honrar a los ministros y representantes de semejantes fábulas, como lo ejecutaron los griegos, sino que, como dice Escipión y refiere Cicerón, considerando el arte de los cómicos y el teatro como ejercicio ignominioso, no solamente no quisieron que sus actores gozasen de los privilegios y honores comunes a los demás ciudadanos romanos, sino que hasta los privaron de su tribu, conforme a lo resuelto en la visita que practicaron los censores.
Ninguno de estos varones que resplandecieron para ornato de los siglos, dejó de ser afligido con muertes de sus deudos, o su muerte causó aflicción de ánimo a los suyos. ¿Para qué te he de referir a Escipión Africano, a quien llegó la nueva muerte de su hermano estando en destierro?
De las torpes deshonestidades con que honraban a la madre de los dioses sus devotos Bien desearía en el presente asunto no tener por jueces a los que procuran, primero que oponerse, entretenerse con los vicios de su mala vida y costumbres; y únicamente apetecería tener por mi censor al mismo Escipión Nasica, a quien el Senado eligió, como hombre de suma bondad, para recibir la estatua de la madre de los dioses, que introdujeron con pompa y aparato en la ciudad.
Ciertamente fuera más tolerable que dieseis honor y culto divino a aquel esclarecido Escipión, que no el que adoraseis semejantes dioses, cuando éstos no eran mejores que su pontífice.
De lo que sintieron lo antiguos romanos sobre el reprimir la licencia de los poetas, la cual los griegos siguiendo el parecer de los dioses, quisieron que fuese libre Y lo, que acerca de estas funciones sintieron los antiguos romanos nos lo dice Cicerón en su libro cuarto de República, donde discutiendo Escipión varias materias, dice: «Jamás las comedias, si no lo exigiera así el actual método de vivir, pudieran conseguir que se admitiesen con aplauso en el teatro sus torpezas».
Por esta razón, en los mismos libros dice Escipión el Africano: «¿Quién ha habido en la comedia que no haya sido zaherido, o, por mejor decir, quién ha escapado de su crítica, o quién se ha visto perdonado?» Y bien que haya ofendido solamente a Cleón, Cleofonte e Hipérbolo, hombres plebeyos de mala vida, y sediciosos contra la República.
Que fue virtud divina y no persuasión humana que el mundo creyese en Cristo Aunque es ridiculez hacer mención de la falsa divinidad de Rómulo cuando hablamos de Cristo, sin embargo, habiendo vivido Rómulo casi seiscientos años antes de Escipión, y confesando que aquel siglo estaba ya ilustrado cultivado con el estudio de las ciencias de manera que no creía lo que no posible; después de seiscientos años tiempo del mismo Cicerón, y especialmente en lo sucesivo, reinando ya Augusto y Tiberio, es a saber, en tiempos más ilustrados, ¿cómo pudiera admirar el entendimiento humano la resurrección de Cristo y su ascensión a los cielos como suceso posible?