Ejemplos ?
Vamos a ver, ¿me vas a pagar daños y perjuicios si yo te arreglo este mal negocio? -Er corazón, si me saca usté con bien de esta mala encrucijaíta.
El Chiquito, cuando hubo pirdío jasta la úrtima torda, se puso a jechá el hombre un cigarro mirando al Niño con las e Caín, y cuando ya toíto er mundo creía que diba a dirse del tenderete y ya estaba bajo el quicio e la puerta, se güerve de pronto el chaval pa el del Altozano y le dice: -Quéese usté con Dios, so malino.
A mí, al verle, me han dolío las entrañas; quien le conoció, no le conoce: está jecho un espartico, to en la cara se le güerven ojos y orejas, y aluego como se ve er probe sin naide que le consuele ni le cuide, y se morirá solito en su rincón....
Sá menester tamién saber de qué pie cojea er que viene a la casa, saber cuánto puée valer er chaleco y la leontina que traen, que dambas cosas son lo primerito que dejan en prenda, bailar y cantar lo menos posible, que al hombre jarto jasta su jálito le jiede; y sobre tó, hija mía, sobre tó en lo que resperta a lo otro, a lo de chipé sá menester no dar al orvio que a los hombres hay que trastearlos con muchísimo entendimiento, que los hombres tós o cuasi tós están pidiendo a voces una enjalma y un ronzal y una batícola.
-¡Vaya, hombre, vaya! Y lo que es er mundo y sus alreores. ¿Y decía usté que a usté le habían dicho que yo tenía a la venta esos primales?
-Poique tamién dos de los bichos que yo le di no eran de los de circulación forzosa. -Me alegro que me lo diga usté, porque asín si jacemos trate le miraré yo a los bichos jasta er cielo de la boca.
Ustés supónganse que tan y mientras el de Pujerra no jacía más que soltar berríos y más berríos y toíto er mundo estaba pegao a la paré como si fueran mismamente carcamonías, el del Altozano aguantó sin pestañear tan siquiera los seis zambombazos como si hubieran sío bizcochos y mostachones.
-Pos bien -dijo el Temblores, con acento reposado y expresión meditabunda- ustedes saben mú bien que yo ando cuasi en relaciones con Rosarito la Belonera, la hija mayor del señor Curro el Belones. -Eso jase ya la mar de tiempo que se lo sabe toito er mundo de memoria.
A puñaos tenía los pretendientes, pero desde lejos, porque como yo tengo el genio que Dios me dio, y allí en Málaga me conocen a mí más que el monumento de Torrijos, pos lo que pasa, no se atrevía ninguno a enganchar en el fleco de su mantón ni uno de los botones de la americana, y una vez que uno se premitió arrimarse una miajita más de lo que el bando dice, lo cojí con dambas manos por dambos hijares, y na lo que pasó, que cuando lo sorté llevaba el litri cuasi asomándosele por la boca los riñones. -¡Qué barbariá, hombre, qué barbariá, y qué cosas mos pasan a los hombres en er campo y en la calle!
Este sentóse sin responder entre ambas mujeres, y después, dirigiéndose a la segunda, díjole con acento triste y embarazada actitud: -Vengo a platicar contigo. Yo sé que tú tiées er corazón del de dieciocho quilates, y como lo sé..., pos velay tú..., por eso he vinío.
-¡Digo! Como que, según ice to er mundo, yo soy cuasi caramelo. -Pos ajúntese osté conmigo, que soy to azúcar, y vamos a poner ya mesmo, entre dambos, una confituría.
Usté tiée una hija que es er delirio y yo tengo veinte y tres años, soy güérfano de padre y madre, no tengo oficio, pero si tengo un cortijo que me renta tres mil púas y la mar de codornices, y además jace cosa de dos meses tuve la desgracia o la fortuna de trompezarme en ca de la Llorona a su hija de usté, y desde punto y hora en que la vi se me aflojaron las coyunturas y me quedé tonto, pero que tonto der to, y como ya jace dos meses que no vivo, y como yo voy por la de en medio, pos esta mañana que me alevanté trempano me dije yo mirando hacia el suelo y rascándome el cogote: «Esto no puée seguir asín, Antoñuelo.