Eos

Eos (Éōs)

 
mit. Diosa griega, personificación de la Aurora.
Ejemplos ?
Tea dio a luz al alto Helios, la brillante Selene y Eos que alumbra a todos los seres de la tierra y los inmortales dioses que habitan el vasto cielo, entregada al amor de Hiperión.
Los orgullosos troyanos y sus auxiliares, venidos de lejas tierras, acampan junto al muro y dicen que, como no podremos resistirles, asaltarán las negras naves; el Cronión Jove relampaguea haciéndoles favorables señales, y Héctor, envanecido por su bravura y confiando en Zeus, se muestra furioso, no respeta a hombres ni a dioses, está poseído de cruel rabia, y pide que aparezca pronto la divina Eos, asegurando que ha de cortar nuestras elevadas popas, quemar las naves con ardiente fuego, y matar cerca de ellas a los aqueos aturdidos por el humo.
Calírroe, hija del Océano, unida con el valeroso Crisaor en el amor de la muy dorada Afrodita, parió un hijo, el más violento de todos los mortales: Gerión, al que mató el fornido Heracles por sus bueyes de marcha basculante en Eritrea rodeada de corrientes. Con Titono, Eos dio a luz a Memnón de broncínea coraza, rey de los etíopes y al héroe Ematión.
Y dirigiéndoles, benévolo, la palabra, así les dijo: —Pensadlo bien, amigos, pues yo os exhorto a volver a la ciudad en vez de aguardar a la divinal Eos en la llanura, junto a las naves, y tan lejos del muro como al presente nos hallamos.
Por espacio de nueve días acarrearon abundante leña, y cuando por décima vez apuntó Eos, que trae la luz a los mortales, sacaron, con los ojos preñados de lágrimas, el cadáver del audaz Héctor, lo pusieron en lo alto de la pira, y le prendieron fuego.
Eos se levantaba del lecho, dejando al bello Titonio, para llevar la luz a los dioses y a los hombres, cuando enviada por Zeus se presentó en las veleras naves aqueas la cruel Discordia con la señal del combate en la mano.
Eos, de azafranado velo, se levantaba de la corriente del Océano para llevar la luz a los dioses y a los hombres, cuando Tetis llegó a las naves con la armadura que Hefesto le entregara.
Por cualquiera que traspassa los mandamientos de Dios, cantaremos entre nos, dándole siempre baldones: “Cadent super eos carbones, in ignem dejicies eos: in miseriis non subsistent”, Este mundo donde andamos es una herviente fragua, donde no á lugar el agua, si por ventura tardamos.
Cuantos conocen los escritos de los antiguos y se entregan asiduamente al estudio de las musas, saben de qué manera Zeus deseó en otro tiempo á Semele; saben cómo la espléndida Eos se llevó á Céfalo entre los Dioses, á causa del amor que por él sentía.
Cuando el lucero de la mañana apareció sobre la tierra, anunciando el día, y poco después Eos, de azafranado velo, se esparció por el mar, apagábase la hoguera y moría la llama.
Partiendo de allí, envueltas en densa niebla marchan al abrigo de la noche, lanzando al viento su maravillosa voz, con himnos a Zeus portador de la égida, a la augusta Hera argiva calzada con doradas sandalias, a la hija de Zeus portador de la égida, Atenea de ojos glaucos, a Febo Apolo y a la asaeteadora Ártemis, a Poseidón que abarca y sacude la tierra, a la venerable Temis, a Afrodita de ojos vivos, a Hebe de áurea corona, a la bella Dione a Eos al alto Helios y a la brillante Selene, a Leto, a Jápeto, a Cronos de retorcida mente, a Gea, al espacioso Océano, a la negra Noche y a la restante estirpe sagrada de sempiternos Inmortales.
Belerofonte, poniéndose en camino debajo del fausto patrocinio de los dioses, llegó a la vasta Licia y a la corriente del Janto: el rey recibióle con afabilidad, hospedóle durante nueve días y mandó matar otros tantos bueyes pero al aparecer por décima vez Eos de rosados dedos, le interrogó y quiso ver la nota que de su yerno Preto le traía.