Eneas


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Eneas (Aineías)

 
mit. Héroe troyano, hijo de Anquises y de Afrodita, protagonista de la Eneida de Virgilio.
Traducciones

Eneas

SMAeneas
Ejemplos ?
Castigué mis cabellos, como si ellos tuvieran la culpa de mi yerro; martiricé mi rostro, por parecerme que él había dado toda la ocasión a mi desventura; maldije mi suerte, acusé mi presta determinación, derramé muchas e infinitas lágrimas, vime casi ahogada entre ellas y entre los suspiros que de mi lastimado pecho salían; quejéme en silencio al cielo, discurrí con la imaginación, por ver si descubría algún camino o senda a mi remedio, y la que hallé fue vestirme en hábito de hombre y ausentarme de la casa de mis padres, y irme a buscar a este segundo engañador Eneas, a este cruel y fementido Vireno, a este defraudador de mis buenos pensamientos y legítimas y bien fundadas esperanzas.
No estuvo más airado Agamenón en Troya al tiempo que, metiendo la tramoya del gran Paladión, de armas preñado, echaron fuego a la ciudad de Eneas de ardientes hachas y encendidas teas (causa fatal del miserable estrago de Dido y de Cartago...
- Los municipios de Cabo Rojo y Lajas; y los barrios San Germán Pueblo, Caín Alto, Caín Bajo, Guamá, Minillas, Retiro, Ancones, Maresúa, Sabana Grande Abajo, Sabana Eneas, Cotuí y Tuna de San Germán; la Isla de Mona e Islote Monito.
Cual león que, penetrando en la vacada, despedaza la cerviz de un buey o de una becerra que pacía en el soto; así el hijo de Tideo los derribó violentamente del carro, les quitó la armadura y entrego los corceles a sus camaradas para que los llevaran a las naves. Eneas advirtió que Diomedes destruía las hileras de los teucros, y fue en busca del divino Pándaro por la liza y entre el estruendo de las lanzas.
En cambio con estos ligeruchos iconoclastas, proseguía Zeus, rojo de energumenia, adiós Palas Atenea, Afrodita y Artemisa, las tres gracias que se habían quedado como en un engarróteseme a’i convertidas en estatuas de mármol y más frías que el Eneas despreciador de Dido.
A Eneas le parió Citerea de bella corona, en placentero contacto con el héroe Anquises en las cumbres azotadas por el viento del escabroso Ida.
De los dardanios era caudillo Eneas, valiente hijo de Anquises, de quien lo tuvo la divina Afrodita después que la diosa se unió con el mortal en un bosque del Ida.
Y los teucros hubieran vuelto a entrar en Ilión, acosados por los belicosos aqueos y vencidos por su cobardía si Heleno Priámida, el mejor de los augures, no se hubiese presentado a Eneas y a Héctor para decirles: —¡Eneas y Héctor!
Ea, levanta las manos a Zeus y dispara una flecha contra ese hombre que triunfa y causa males sin cuento a los troyanos —de muchos valientes ha quebrado ya las rodillas—, si por ventura no es un dios airado con los teucros a causa de los sacrificios, pues la cólera de una deidad es terrible. Respondióle el preclaro hijo de Licaón: —¡Eneas, consejero de los teucros, de broncíneas corazas!
Los teucros pusiéronse también en orden de batalla en una eminencia de la llanura, alrededor del gran Héctor, del eximio Polidamante, de Eneas, honrado como un dios por el pueblo troyano, y de los tres Antenóridas: Polibo, el divino Agenor y el joven Acamante, que parecía un inmortal.
Ea, toma el látigo y las lustrosas riendas, y me pondré a tu lado para combatir; o encárgate tú de pelear, y yo me cuidaré de los caballos. Contestó el preclaro hijo de Licaón: — ¡Eneas!
Parecióle lo mejor ir en busca de Eneas, y le halló entre los últimos; pues siempre estaba irritado con el divino Príamo, que no le honraba como por su bravura merecía.