Emma

Emma (Emma)

 
(m. 990) Reina de Francia, hija de Lotario II. Casó con Lotario de Francia y tomó parte en las luchas entre su esposo y Hugo Capeto.

Emma (Emma)

 
(985-1052) Reina de Inglaterra, hermana de Ricardo I. Casó con el rey anglosajón Etelredo II (1002) y después con el conquistador danés Canuto el Grande (1017).
Ejemplos ?
-Micawber -dijo su mujer en voz baja-, en un momento como este... -¡No habría generosidad --dijo míster Micawber levantándose-en vengarse de las ofensas! Emma, reconozco mis culpas.
En las cárceles de Rusia, los centinelas tienen orden de fusilar a los presos por las ventanillas de los calabozos. Recientemente, en Riga, asesinaron así a Emma Doster, a Emma Podzine y a Eduardo Peña, prisioneros políticos.
Una vez, en época de deshielo, la corteza de los árboles chorreaba en el corral, la nieve se derretía sobre los tejados de los edificios. Emma estaba en el umbral de la puerta; fue a buscar su sombrilla y la abrió.
Los ruidos de la ciudad apenas llegaban hasta ellos; y la habitación parecía pequeña, muy a propósito para estrechar más su intimidad. Emma, vestida con una bata de bombasí(1), apoyaba su moño en el respaldo del viejo sillón; el papel amarillo de la pared hacía como un fondo de oro detrás de ella; y su cabeza descubierta se reflejaba en el espejo con la raya Blanca al medio y la punta de sus orejas que sobresalían bajo sus bandós.
Después vinieron otros estros a seguir moldeándome: Emma Godoy, Emilio Alarcos Llorach, Cedomil Goic, Eugenio Coseriu, Bernard Pottier, Noam Chomsky, Jerome Bruner.
Sé que no soy más que una mujer, y el juicio de los hombres es considerado, en general, como más competente en semejantes materias; pero no puedo olvidar que cuando vivía con papá y mamá, papá solía decir: «Emma es delicada, pero su opinión sobre cualquier asunto no es inferior a la de nadie».
Carlos, por galantería, se precipitó hacia ella y, al alargar también el brazo en el mismo movimiento, sintió que su pecho rozaba la espalda de la joven, inclinada debajo de él. Emma se incorporó toda colorada y le miró por encima del hombro mientras le alargaba el látigo.
Yo había comprado la víspera un caballo de madera pintado para regalárselo al pequeño Wilkins Micawber y una muñeca para la pequeña Emma; también di un chelín a la huérfana, que perdía su colocación.
E., lista de Correos, Canterbury, tendrá bajo esta dirección consecuencias menos dolorosas, que bajo cualquier otra, para la que ha tenido el honor de ser con la más profunda desesperación su muy respetuosa y suplicante amiga, EMMA MICAWBER.» -¿Qué te parece esta carta?
Pero los hombres tenían también sus preocupaciones y la conversación se encaminó a algunas reflexiones filosóficas. Emma se extendió largamente sobre la miseria de los afectos terrestres y el eterno aislamiento en que el corazón permanece encerrado.
Mi querido míster Copperfield -continuo mistress Micawber-, cuando vivía en mi casa con mi papá y mi mamá, mi papá tenía la costumbre de consultarme cuando se discutía cualquier punto en nuestro estrecho círculo: «¿Desde qué aspecto ves tú el asunto, Emma mía?».
Su casa no estaba lejos, y como la puerta de la sala daba a la calle, entró con su precipitación acostumbrada y enseguida nos encontramos todos en el seno de la familia. Míster Micawber, exclamando: «¡Emma, vida mía!», se precipitó en los brazos de mistress Micawber.