El Rosario

Rosario, El

 
Mun. de la prov. española de Santa Cruz de Tenerife; 11 544 h.
Ejemplos ?
Dos horas después volvimos a la iglesia; sacaron otra vez al santo en procesión, rezóse el rosario y nos fuimos a la romería, que se desparramaba en una pradera inmediata a la iglesia.
Con la contemplación de éstos y otros cuadros a cual más sencillos, su lectura favorita adquiría para él cada vez mayor encanto; y hasta las tiernas églogas de Garcilaso le parecían la expresión más fiel de la verdad, y todos los recuerdos de todos los patriarcas descritos hasta entonces le asaltaban las mientes, y veía los trasuntos de todos los cuadros pastoriles del siglo de oro, y hasta sentía el calorcillo de sus venerandos y rústicos hogares; y tal era el dominio que sobre él ejercían estas ideas, que, fingiéndose extraviado, sorprendía a un vecino comiendo, entraba en la choza de otro cuando, sentado éste al frente del grupo de su familia, rezaba el rosario antes de acostarse...
Agregan que hubo gritos de ¡viva la patria! El despejo concluyó como el rosario de la aurora. Restablecido con gran trabajo el orden, principió la corrida.
Comuníquese al Poder Ejecutivo para su observancia. Dada en el Palacio del Congreso General de Colombia en el Rosario de Cúcuta, a 4 de octubre de 1821, 11° de la Independencia.
El Diputado Secretario, Francisco Soto. Palacio de Gobierno, en el Rosario de Cúcuta, a 6 de octubre de 1821. Ejecútese y publíquese.
Toda aquella tarde se invirtió en arreglar el equipaje de Andrés, y al anochecer se rezó el rosario con más devoción que nunca, pidiendo todos a la Virgen, con esa fe profunda y consoladora de un corazón cristiano, amparo para el que se iba, y, para los que se quedaban, resignación y vida hasta volver a verle.
La tía Simona sale la última; y mientras se lamenta de haber dejado de rezar el rosario por causa del jaleo, y jura que al día siguiente ha de rezar dos, guarda en el arcón que ya conocemos los despojos del pan, del azúcar y de la manteca, para que en el primer día de Pascua pueda la familia, «manipulándoselo bien», recordar, con algo más que la memoria, la noche de Navidad.
Admiradas del aspecto de aquella vivienda mísera, que la pulcritud hacía agradable, se deshicieron en elogios. Esa noche hizo lo que no hiciera desde sus tiempos de servicio: rezó a la Virgen el rosario entero.
Su marido suyo, enteramente suyo, reconciliado con Dios, dedicado a ella, a sus hijos, a su familia, reñido con el Club, activo y metódico en sus trabajos; las horas de vagar para su casa, dando la bendición a sus hijitos cada noche, rezando el rosario con frecuencia, acompañándola en sus contadas visitas.
Y después que la viuda, repartiendo golpes con la sombrilla, el abanico y hasta con el rosario espantaba a los pobres, a los pordioseros, como Jesús arrojó del templo a los mercaderes, (ese como es de doña Indalecia), cuando ya Bonilla se vio libre de moscas, la beata con tono agridulce, y por cobrarle el favor que le había hecho, le soltó un sermón en forma.
Entonces, Dimitas era el obispo Gómez Plata, que venía a confirmar todos los niños del sitio. Con Su Ilustrísima rezaba el rosario, y daba tiempo a que él le contestase las avemarías.
Decíase de él que tenía más trastienda que un bodegón, más camándulas que el rosario de Jerusalén que cargaba al cuello, y más doblas de a ocho, fruto de sus triquiñuelas, embustes y trocatintas, que las que cabían en el último galeón que zarpó para Cádiz y de que daba cuenta la Gaceta.