Ejemplos ?
Dos horcas después, los hombres, jóvenes, viejos y niños, habían desaparecido y se hallaban en el Callao, pidiendo sitio en las baterías.
Monteagudo llegó á media noche á casa de su María, de la que, acompañado de dos leales amigos, salió á las cinco de la mañana para embarcarse en el Callao.
La braveza del mar en el Callao fue tanta, que las olas arrojaron por sobre la barraca del capitán del puerto una ancla que pesaba treinta quintales.
El pabellón de Castilla flameaba en el Callao, y preciso es confesar que la obstinación de Rodil en defender este último baluarte de la monarquía rayó en heroica temeridad.
En 1736 contaba Santiago de Cárdenas diez años de edad, y embarcose en calidad de grumete o pilotín en un navío mercante que hacía la carrera ente el Callao y Valparaíso.
Cuando llegó al Perú el agente británico, encontró la capital y el Callao en poder de los realistas por consecuencia de la revolución de Moyano.
A principios de 1818 fondeó en el Callao, con procedencia de Cádiz, un bergantín con valioso cargamento de mercaderías peninsulares.
El presidente de la república gran mariscal don Ramón Castilla veraneaba aquel año en el Callao, y fué uno de los muchos cmiosos que acudieron esa tarde á la punta del mue- lle.
A fines de 1829 la fragata francesa Moselle, de 60 cañones, se detuvo, sin fondear, frente á Valparaíso, el corto tiempo preciso para que desembarcase el vizconde de Espinville que venía investido con el carácter de vice-cónsul, pues, por aque- llos tiempos, Inglaterra y Francia no acreditaban ministros cer- ca de las nacientes repúblicas americanas sino Cónsules ge- nerales, á los que auxiliaba un vice-cónsul ó canciller. La Mosellc continuó su viaje para el Callao conduciendo también á monsieur de Saillard, vice-cónsul nombrado i ara el Perú.
Diez O doce días después echó ancla en el Callao un patache, el que comunicó que, fatigados los de la escuadra de buscar inútilmente á los dispersos piratas, habían resuelto los generales dirigirse al puerto de Paita con el objeto de renovar provisiones, pues el escorbuto principiaba á hacer estragos en la tripulación.
El virrey quiso convencerse de si aquello era prodigio o patraña, y cuando menos se le esperaba, apareciose en el Callao y mandó abrir el sospechoso y sospechado cajoncito.
-Hombre, lo que yo quisiera es que fuera usté a darle coba a mi Rosalía pa que me dejase ya entrar, porque si no voy a abroncarme der to, y voy a comprar un máuser y voy a armar una en la puerta de mi casa que la van a oír hasta en el Callao de Lima.