lago Eduardo

(redireccionado de Edward)

Eduardo, lago (Edward)

 
Lago de África central, situado entre Zaire (O) y Uganda (E), y entre los lagos Alberto (N) y Kiwu (S), a 913 m. de altura.
Ejemplos ?
-¡No digas eso, amor mío! -imploró mi madre-. ¡Oh, no, Edward! No puedo soportar el oírtelo. A pesar de todo, soy cariñosa, sé que soy cariñosa.
Yo antes creía que me querías precisamente por ser una chiquilla sin experiencia, Edward, me lo asegurabas; pero ahora parece que me odias por ello.
Me escurrí por los pasillos, extraño en mi propia casa. Y al llegar a mi dormitorio contemplé por primera vez la imagen de Edward Hyde.
Aprender la ortografía académica de manera tradicional lleva a un despilfarro de esfuerzos que con otro enfoque, escribiendo ingeniosamente, como los textos absurdos de Edward Lear, Lewis Carrol o María Elena Walsh, por ejemplo, podrían ser divertidos, atrayentes, innovantes.
¡Eres tan severo! -Edward -dijo miss Murdstone de nuevo-, te pido que me dejes poner fin a todo esto. Me voy mañana. -Jane -tronó su hermano---, ¿te quieres callar?
Locke, bien como cualquier persona contemporánea, ya fuera hombre o mujer." El padre también murió pronto, y Thomas fue educado, sin duda, por su abuelo, y cuando éste murió, en 1803, le educó su tío George Edward Griffith, a quien después envenenó.
-Tú, recoge unas hojas, Edward -ordenó al chico, que, sacando reluciente cortaplumas, segó una ramilla del laurel gigante y se la guardó en el pecho-.
Agrega que con la crisis de éste, la contención se hace tenue, llevando a la razón de Estado a un franco desequilibrio: se fortalece su fuente material y se debilita aquella que ve a la moral y al espíritu. 11.- John Emerich Edward Dalberg Acton: Ensayo sobre la libertad y el poder.
Ahora, tú, besa el suelo, Edward -añadió la madre. Y el chico se inclinó, se bajó, convencido y obediente, y apoyó su boca sana y ricamente dentada, incontaminada de tabaco, en el musgo del pradillo.
La carta, firmada "Edward Hyde" y escrita en una extraña caligrafía vertical, decía, en pocas palabras, que el doctor Jekyll benefactor del firmante, pero cuya generosidad tan indignamente había sido pagada, no tenía que preocuparse por la salvación del remitente, en cuanto éste disponía de medios de fuga en los que podía confiar plenamente.
La hoja era un testamento, y estaba redactado en los mismos términos excéntricos del que Utterson le había devuelto seis meses antes, o sea, debía servir de testamento en caso de muerte, y como acto de donación en caso de desaparición. Pero, en lugar de Edward Hyde, como nombre del beneficiario, el notario tuvo la sorpresa de leer: Gabriel John Utterson.
Pero cuando a Jane, que ha sido tan buena que por cariño a mí quiere ayudarme en esta empresa y para ello está casi haciendo el oficio de un ama de llaves; cuando veo que, en lugar de agradecérselo, le correspondes de una manera tan baja... -Edward, te lo ruego, te lo suplico -exclamó mi madre-; no me acuses de ingrata.