Ejemplos ?
El autor, sin embargo, ha sabido evitar estos riesgos e interesar nuestro corazón con sólo desenvolver situaciones rápidamente indicadas en la novela, alternando con la mayor economía en su plan las escenas lacrimosas de Lucinda y Dorotea y las ridículas de amo y criado.
Quiso llamar a su mujer, y la voz se quebró en un ronco arrastre de garganta reseca. La sed lo devoraba. —¡Dorotea! —alcanzó a lanzar en un estertor—.
El segundo es casi enteramente de invención del autor, que reúne en la venta de mal agüero para Sancho, a sus héroes, y sucesivamente a Dorotea, Cardenio, Lucinda y don Fernando; admirables son las situaciones que esta reunión produce y lindamente escritas las escenas amorosas a que dan lugar.
Y, sin ir más lejos, ahí estaba la adivina Dorotea, que había visto duendes y fantasmas con sus propios ojos, que seguramente iba a las «salamancas» lo mismo que Cándida la curandera; y ahí estaba también la pobre misia Pancha Viacaba, a quien el Diablo le quemó el rancho, y cuanto tenía y le hizo disparar la hacienda, que nunca más volvió, dejando a toda la infeliz familia con una mano atrás y otra adelante...
Porque Dorotea es tan prodigiosamente coqueta, que el gusto de verse admirada vence en ella al orgullo de la libertad, y aunque es libre, anda sin zapatos.
Poco después rehusó comparecer y firmar su matrimonio con la gran Duquesa Alejandra, nieta de Catalina; en fin, se casó con Sofía Dorotea de Bade.
¿Por qué dejó la estrecha cabaña, tan coquetamente dispuesta con flores y esterillas, que a tan poca costa le forman tocador perfecto; donde halla tanto placer en estarse peinando, en fumar, en que le den aire o en mirarse en el espejo de sus anchos abanicos de plumas, mientras el mar, que azota la playa a cien pasos de allí, da a sus divagaciones indecisas un poderoso y monótono acompañamiento, y la marmita de hierro, en que está puesto a cocer un guisado de cangrejos con arroz y azafrán, le envía, desde el fondo del patio, sus perfumes excitantes? Quizá tiene cita con algún ofícialillo que en playas lejanas oyó a sus compañeros hablar de la famosa Dorotea.
Cuando el señor de Vega acaba de vencer tan grandes dificultades; cuando nos ha presentado con toda verdad histórica a don Quijote y Sancho; cuando ha sabido interesarnos con los amores intrincados de Dorotea y Lucinda; cuando ha manejado la lengua de Cervantes, sin que desdiga de su modelo, en todas las escenas donde su argumento se lo permitía y siempre con pureza e inteligencia del diálogo dramático y de la escena; en fin, cuando ha sabido hacerse aplaudir ruidosamente con un asunto donde muy claros ingenios se han estrellado miserablemente, no es ocasión de insistir sobre faltas leves, hijas ellas mismas en gran parte del propio argumento.
¡Lo conseguirá sin duda la buena Dorotea! ¡El amo de la niña es tan avaro! Demasiado avaro para comprender otra hermosura que la de los escudos.
Mas esto le hizo pensar, sin duda, que toda su opulencia había pasado como arrebatada por una borrasca. Ida marcha a un lado de su padre y al otro Ana Dorotea.
Ade- más, Lope, que, á pesar de la sotana que vestía fué siempre muy galante, y muy cumplido, y muy obsequioso para con las damas, se negó á complacer á la incógnita huanuquefta que le había pedido escribiese un poema sobre la vida y mila- gros de Santa Dorotea, lo que era un juguete para el ingenia y facilidad del gran poeta.
Buen mozo, de linda presencia, debía su apodo al bigote rubio que sólo guardaba sin afeitar y cuyo color tan diferente del de sus hermanos hubiera podido hacer sospechar alguna inadvertencia casual de su madre Dorotea, si no hubiera sido de notoriedad pública que las inadvertencias de dicha señora habían sido demasiado frecuentes para ser casuales.