Dodona

Dodona

 
Antigua c. griega del Epiro, famosa por el santuario de Zeus.
Ejemplos ?
C., reconstruyó casi todos los edificios de Dodona, bajo un prototipo monumental más concorde con su papel de santuario nacional de Epiro: el templo de Zeus, el de Heracles y el de Temis gozaron de más anchura, así como los edificios cívicos, el Bouleuterión y el Pritaneo.
Heródoto aporta la tradición siguiente sobre el oráculo de Dodona, que escuchó anteriormente en Tebas, en Egipto: El relato mitológico sirve, sobre todo, por el lazo que crea entre los dos grandes oráculos de Zeus, el de Amón en el oasis de Siwa en Libia, y el de Dodona.
En la obra de Homero, Dodona aparece dos veces en la Ilíada: Dentro del Catálogo de las naves (II, 749-750): Sin embargo, según Estrabón, en estos versos Homero se refiere a otro lugar llamado Dodona situado en Tesalia.
La arqueología no ha aportado aún una respuesta satisfactoria a la fecha de construcción del oráculo. Recientemente se han encontrado restos neolíticos en Dodona.
Las dos divinidades, el dios Urano de la tormenta y el trueno, y la divinidad ctónica de la vegetación formaban en Dodona una pareja venerada bajo los nombres de Zeus Naios (literalmente «Zeus residente») y Dione Naia (la forma femenina del nombre Zeus), en relación con un roble sagrado.
Esta celebridad no se refleja en un proyecto arquitectónico ambicioso, contrariamente a lo que pasa con el oráculo de Delfos, que suplantó progresivamente a Dodona como sede principal de los oráculos para las ciudades griegas.
El Oráculo de Dodona (en griego Δωδώνη, Dôdốnê) fue el más célebre de la Antigüedad, después del Oráculo de Delfos. Dodona es un lugar que se encuentra a 80 km al este de la isla de Corfú, en la región de Epiro, al pie del monte Tomaros, en los montes Pindo, cerca de la actual (año 2004) frontera de Grecia y Albania, en una zona montañosa que dominaron y controlaron los molosos en el siglo V a.
Se dice que, mientras contemplaba el campo de batalla, Pirro dijo: Actuó con generosidad tras la batalla, enterrando los cadáveres de los romanos del mismo modo que los de sus propias tropas, y tratando a los prisioneros con amabilidad. Para conmemorar esta victoria, Pirro escribió una dedicatoria en el oráculo de Dodona.
En el caso de Alejandro I de Epiro, su condición de rey como la de los demás reyes griegos (nuevamente con excepción del reino de Esparta) no se dio en condiciones de paridad política con el reino de Macedonia, sino que tanto Alejandro I "el Moloso" como el resto de los reyes se constituyeron en reyes vasallos, unidos finalmente en una Liga fundada por el genuino rey de Grecia, en el más pleno y genuino sentido político: Filipo II de Macedonia. La ciudad de Dodona era conocida por el oráculo más famoso de toda la antigüedad, después del de Delfos: el Oráculo de Dodona.
Pese a todos estos incidentes trágicos durante la propia boda de Alejandro I de Epiro y su sobrina: Cleopatra de Macedonia ambos abandonaron inmediatamente la ciudad de Pella con destino a la capital de Epiro, la ciudad de Dodona, en tanto la crisis política surgida en el reino de Macedonia se resolvía internamente dentro de su propia ciudad capital de Pella por quienes pudieran dar con una respuesta política a la acefalia generada por la muerte del rey Filipo II.
C, el apoyo político incondicional a Alejandro III de determinados integrantes de la nobleza de Macedonia y rivales políticos de Filipo II para apoyar y favorecer incondicionalmente la llegada de Alejandro III al trono macedónico en un contexto político de crisis y tensiones políticas internas entre el difunto rey y rivales políticos internos pertenecientes a la nobleza de Macedonia y más en general de la Antigua Grecia quienes emergían con fuerza apoyando a Alejandro III, ya impulsor, ya principal beneficiario político de la muerte de Filipo II durante la boda del Rey Alejandro I de Epiro y Cleopatra de Macedonia. Inmediatamente después del asesinato de Filipo II, los recién casados se dirigieron a la ciudad de Dodona, en Epiro.
Su nombre se invocaba en oraciones, sacrificios y a la hora de hacer juramentos. El oráculo de Zeus en Dodona añadía a cada respuesta que daba la orden de ofrecer sacrificios a Aqueloo.