Ejemplos ?
Hoy estoy acá, 26 años después para preguntarle a los responsables de esta barbarie si se animan a mirarme cara a cara y a los ojos y decirme dónde están mis padres, Alicia y Damián.
Vámonos a Madrid, es un capricho; Mas mi padre perdone Que a Palencia, heredándole, abandone, Que Madrid es mi patria, y está dicho, Damián, en este punto Los caballos ensilla, Y el claro sol al despuntar mañana Que fuera nos encuentre de Castilla.» ¿Qué distancia en don Juan menester era Para obrar y pensar de una manera?
Cuando el análisis de ADN confirmó que soy hijo de Alicia y Damián, y ahora sí puedo decir, soy mis padres, soy Alicia y Damián, les pertenezco y tengo la sangre de ellos.
Tenía ese afán de locuacidad de los viejos, que charlan y charlan, creyendo probar así que existen todavía. Pero en aquel momento preciso, tío Damián recelaba elevar la voz, viendo al señorito tan preocupado.
Los dos sacaban las vacas a pastar en el campo, y mientras Damián, echado en la hierba, procuraba dormir o no hacer nada, Cosme deletreaba en cualquier papel o libro viejo que buscaba sin que nadie supiera cómo, y en el que estudiaba solo, pues sus padres no le mandaban a la escuela, yendo únicamente el hermano mayor.
El tono era familiar, de abuelito que ama, y Enrique, que justamente estaba pensando en que nadie se interesaba por él y por sus desdichas, miró sin enfado al vejezuelo que le dirigía tan incorrecta interpelación. -Se ha caído mi fortuna, tío Damián.
La boca, sombría, se abrió, como antro donde un momento penetra el aire, y el tío Damián, en medio minuto, no tuvo resuello para exclamar: -¡Asús, María!
Mientras la madre pronunciaba las palabras que dejamos escritas, hecho el examen de la levita de su hijo, éste se sentó en el poyo del portal, entre las dos puertas, y limpiándose luego con el pañuelo del bolsillo el polvo de sus zapatos, replicó vivamente: -Eso lo dice usté aquí porque no hay comparanza; pero si me viera al lado de don Damián como yo acabo de verme...
Sus padres eran parientes lejanos, y cada cual tenía ya, al venir los muchachos al mundo, seis o siete chiquillos, que vivían mal alimentados y casi desnudos junto a las vacas que constituían toda la fortuna de aquellas familias. Les pusieron por nombres, al uno Cosme y al otro Damián.
-Buenos días nos dé Dios, señorito Enrique. -Felices, tío Damián... El viejo llevaba en la mano un escardillo, con el cual, sin duda, se disponía a peinar y alisar las calles enarenadas.
Los niños fueron buenos amigos desde sus primeros años, a pesar de la diferencia de gustos y de caracteres. Cosme era activo, amante del estudio, inteligente; y Damián, por el contrario, perezoso, torpe y de escaso talento.
Diciembre 20 Verificóse el escrutinio respectivo y el Concejo declaró legalmente electos para concejales principales a los señores doctor David A. Monroy y Damián Alba.