Dafne

Dafne (Dáphnē)

 
mit. Ninfa de la cual se enamoró Apolo, se convirtió en laurel.
Traducciones

Dafne

Dafne

Dafne

SFDaphne
Ejemplos ?
Yo me incrusté en el chopo centenario con tristeza y con ansia, cual Dafne varonil que huye miedosa de un Apolo de sombra y de nostalgia.
2 Era robusto, sí, Dafne, y mancebo, al ejercicio duro entonces dado. Dametas mozo, pero no tan nuevo en el oficio de guardar ganado.
DAFNE 4 "¿No ves, oh Polifemo, como tira la blanca Galatea a tu ganado con muestras de retozo, no de ira, manzanas libres desde el mar salado?
, Traducción de Ana Pérez Vega - - - - - - - - - - - - - - - 1.1-4 - Invocación 1.5-88 - El origen del mundo 1.89-150 - Las edades del hombre 1.151-162 - La Gigantomaquia 1.163-208 - El concilio de los dioses (I) 1.209-243 - Licaón 1.244-252 - El concilio de los dioses (II) 1.253-312 - El diluvio 1.313-437 - Deucalión y Pirra 1.438-451 - La sierpe Pitón 1.452-567 - Apolo y Dafne 1.568-624 - Júpiter e Ío (I) 1.625-688 - Argos 1.689-712 - Pan y Siringe 1.713-750 - Júpiter e Ío (II) 1.750-779 - Faetón (I) 2.1-332 - Faetón (II) 2.333-339 - Clímene 2.340-366 - Las Helíades 2.367-400 - Cigno 2.401-532 - Júpiter y Calisto 2.533-541 - El cuervo 2.542-547 - Apolo y Coronis (I) 2.548-554 - La corneja...
Los luceros también ya se acabaron; en materia de ojos expiraron modos tan lisonjeros; tenga Dios en el cielo a los luceros; que los ojos de Dafne, por mejores, azabache me fecit, mis señores.
Ya todo mi bien perdí; Ya se acabaron mis bienes; Pues hoy corriendo tras ti, Aun mi corazón, que tienes, Alas te da contra mí.» A su oreja esta razón, Y a sus vestidos su mano, Y de Dafne la oración, A Júpiter soberano Llegaron a una sazón.
que hizo a Apolo consumirse en lloro después que le enclavó con punta de oro. Dafne con el cabello suelto al viento, sin perdonar al blanco pie corria por áspero camino, tan sin tiento que Apolo en la pintura parecía que, porque ella templase el movimiento, con menos ligereza la seguía.
Las ondas leves Que van de margen en margen, Los céfiros que volando De flor en flor se distraen, No más inciertos se miran En sus dulces juegos, Dafne, Que tú engañosa envenenas Con tus halagos fugaces.
3 La floja ociosidad, y el grave estío, de la pesada siesta entonces grave, el susurrar del Céfiro y el rio, fresca la sombra, querellosa el ave, la vacada extendida y el cabrio aún no cansado del pacer süave, en Dafne ocasionaron voz dispuesta, y en Dametas después voz y respuesta.
Paso adelante y déjome de voces; que aunque estoy en la silva o en la selva, no es justo que a dar voces me resuelva. En fin, Dafne las daba, y dada al diablo con Apolo estaba; y de enojo impaciente, diole un bocado y apretóle el diente.
Todavía laurel no había y, hermosas con su largo pelo, 450 sus sienes ceñía de cualquier árbol Febo. El primer amor de Febo: Dafne la Peneia, que no se lo dio el azar ignorante, sino la salvaje ira de Cupido.
¡Tú quieres que tu infeliz mujer se destroce los dedos a fuerza de hilar lana día y noche para que siquiera tengamos aceite para el candil! ¡Cuanto más feliz no es Dafne, la vecina!