Dánae

Dánae (Danáe)

 
mit. Hija de un rey de Argos, el cual la mandó encerrar en una prisión para impedir que se casase. Zeus la visitó en forma de lluvia de oro y Perseo nació de esta unión.
Ejemplos ?
El monumento destaca por su profusión escultórica, en la que intervinieron varios de los mejores escultores del momento: destaca el grupo escultórico de hierro forjado La Cuadriga de la Aurora, de Rossend Nobas, así como El nacimiento de Venus, de Venancio Vallmitjana; el frontón es obra de Francesc Pagès i Serratosa. Otras esculturas son: Anfítrite, de Josep Gamot; Neptuno y Leda, de Manel Fuxà; y Dánae, de Joan Flotats.
Es autor de los siguientes poemarios publicados: Ángel de una sola noche (1993) Danza de los lagartos (1994) Piedras en lamento (1995) Ícaro triste (1995) Sombra bajo la piel (1995) Canto sediento (1997) Cielo imposible (2001) Viento solar (2002) Cantos a Silvana (2003) Babel en nocturno (2006) Los cristales derretidos (2007) El sueño de Dánae (2009) Eva Canta (2009) Baja Crepuscular (2010) Los otros (2010) Eco en sedición (2011) Nocturno Náufrago / Angel perfecto (2011) De amor para la anónima (2012) Zoología calafia (2012) Silencio temporal (2012) Monólogo de Lázaro (2012) Reconstrucción del olvido (2015) Espejo del ciego (2015) Obra adjunta: Antología Cósmica de Daniel Gutiérrez Pedreiro (1999) por Fredo Arias de la Canal.
Gustav Klimt (1862–1918): sin duda uno de los más importantes representantes del Simbolismo, de cuyas obras se podrían destacar El beso, El friso de Beethoven, Palas Atenea, Judith I, Las tres edades de la mujer, Nuda Veritas y Dánae.
Ahí encontramos el nexo de unión con el resto de neo-impresionistas, puesto que las teorías del color local y los efectos derivados de las yuxtaposiciones de primarios, complementarios, etc., les resultarán muy útiles a la hora de componer sus imágenes, muy emotivas, como en la casi violenta visión de la pasión amorosa que Klimt ofrece en su Dánae.
Y de la inagotable bolsa, que brujas enemigas y malignas iban llenando con manos invisibles a medida que se vaciaba, salían, como la lluvia que cayó sobre el seno de Dánae, gotas y más gotas de oro, arrebatadas por manos ávidas, por garras ansiosas y rapaces.
Sólo el Abantíada, de su mismo origen creado, Acrisio, queda, que de las murallas lo aleje de la ciudad de Argos y contra el dios lleve las armas; y su estirpe no cree que sea de dioses; pues tampoco de Júpiter ser creía 610 a Perseo, a quien Dánae había concebido de pluvial oro.
Añadió cómo de un sátiro escondido en la imagen, a la bella 110 Nicteide Júpiter llenara de un gemelo parto, Anfitrión fuera cuando a ti, Tirintia, te cautivó, cómo áureo a Dánae, a la Esópide engañara siendo fuego, a Mnemósine pastor, a la Deoide variegada serpiente.
Argos tenía cien ojos en la frente y otros cien en la cabeza, y el amor, siendo solo, le engañó cuando quiso. Dánae fue enterrada virgen en la torre infranqueable de hierro y piedra, y allí se convirtió en madre; y Penélope permaneció inmaculada entre sus jóvenes pretendientes, y eso que no la defendía ningún guarda.
XVI A MECENAS Las torres guarnecidas de bronce, las puertas robustas y los tristes ladridos de los perros vigilantes, hubieran bastado a defender a la infeliz Dánae de nocturnos adúlteros, si Júpiter y Venus no se burlaran de Acrisio, temeroso guardián de la encerrada virgen.
La Dánae de Felipe II es otra que salió de la colección real española al ser sustraída por José Bonaparte. Ahora se conserva en Londres (Apsley House, colección privada de los Duques de Wellington).
Esta Dánae recibiendo la lluvia de oro es al menos la tercera versión autógrafa de un diseño que Tiziano plasmó primero en un cuadro conservado en el Museo de Capodimonte de Nápoles, y después en la versión para Felipe II ahora perteneciente a los Duques de Wellington.
Los dos cuadros, junto con otra pareja, la Dánae que se conserva en Roma y la Leda con el cisne de Viena, forma parte de un ciclo de cuatro telas ejecutado por Correggio a partir del año 1530, con el título «Los amores de Júpiter», encargado por Federico II Gonzaga para decorar la Sala de Ovidio en el Palazzo Tè de Mantua; no obstante, fueron un regalo para el emperador Carlos V, y, en consecuencia, el ciclo fue dispersado fuera de Italia.