Cornelia

Cornelia (Cornelia)

 
(189-110 a C) Hija menor de Escipión el Africano. Madre de los Gracos y modelo de matronas romanas.

Cornelia

 
(m. 68 a C) Hija de Cinna, casó con César en 83 a C; madre de Julia, esposa de Pompeyo.
Traducciones

Cornelia

Cornelia
Ejemplos ?
Tuviéron luego muchos amigos asi estudiantes Españoles, de los muchos que en aquella universidad cursaban, como de los mismos de la ciudad, y de los extrangeros: mostrábanse con todos liberales, y comedidos, y muy agenos de la arrogancia que dicen que suelen tener los Españoles; y, como eran mozos y alegres, no se disgustaban de tener noticia de las hermosas de la ciudad; y, aunque habia muchas señoras doncellas, y casadas con gran fama de ser honestas y hermosas, á todas se aventajaba la señora Cornelia Bentibolli, de la antigua y generosa familia de los Bentibollis, que un tiempo fuéron señores de Bolonia.
Lo más granado de la ciudad ha acudido; aún vibran los últimos bolillazos de Feliciano, cuando misiá Cornelia toca la campanilla y dice: "Se va a dar pricipio al apto".
Era el recato de Cornelia tanto, y la solicitud de su hermano tanta en guardarla, que ni ella se dejaba ver ni su hermano consentia que la viesen.
Así sabemos que se gobernaban en su educación Cornelia, madre de los Gracos; Aurelia, de César; y Atia, de Augusto; cuya enseñanza y severidad tenían por mirar el que el natural de cada uno, sencillo y puro, y no viciado con ninguna maldad, recibiese en lo íntimo de su ánimo las artes liberales, y que ya se inclinase a la milicia, ya a la jurisprudencia, ya al estudio de la elocuencia, sólo en esto se ocupase, y todo entero lo aprendiese.
Soy, en efeto, Cornelia Bentibolli, hermana de Lorenzo Bentibolli, que con deciros esto quizá habré dicho dos verdades: la una, de mi nobleza; la otra, de mi hermosura.
Llamólos Cornelia con el ama, a quien respondieron que tenían determinado de no poner los pies en su aposento, para que con más decoro se guardase el que a su honestidad se debía; pero ella replicó con lágrimas y con ruegos que entrasen a verla, que aquél era el decoro más conveniente, si no para su remedio, a lo menos para su consuelo.
El ama, viendo aquellas prevenciones, temblaba; Cornelia, temerosa de algún mal suceso, tremía; solos don Antonio y don Juan estaban en sí y muy bien puestos en lo que habían de hacer.
Ser yo honrado y ella muchacha y hermosa me hacían andar solícito en guardarla; pero todas mis prevenciones y diligencias las ha defraudado la voluntad arrojada de mi hermana Cornelia, que éste es su nombre.
Entró el ama, advertida de lo que había de responder a lo que acerca de aquella criatura la señora que hallaría allí dentro le preguntase. En viéndola Cornelia, le dijo: -Vengáis en buen hora, amiga mía; dadme esa criatura y llegadme aquí esa vela.
Hízolo así el ama, y, tomando el niño Cornelia en sus brazos, se turbó toda y le miró ahincadamente, y dijo al ama: -Decidme, señora, ¿este niño y el que me trajistes o me trujeron poco ha es todo uno?
-Pues ¿cómo trae tan trocadas las mantillas? -replicó Cornelia-. En verdad, amiga, que me parece o que éstas son otras mantillas, o que ésta no es la misma criatura.
A una Jucia, a una Corina, a una Cornelia; y en fin a toda la gran turba de las que merecieron nombres, ya de griegas, ya de musas, ya de pitonisas; pues todas no fueron más que mujeres doctas, tenidas y celebradas y también veneradas de la antigüedad por tales.