Ejemplos ?
Al fin, con mayor confianza y esperando en vano que la semilla, que antes había enraizado en su mente no sincera, expanda sus ramas y se alce hacia el cielo, van murmurando entre el pueblo que por ser tal será juzgada en breve por la suprema autoridad y conociendo que dicha declaración no sólo destruiría estas dos conclusiones, sino que también convertiría en condenables a todas las otras observaciones y postulados astronómicos y naturales, con los cuales se corresponden y mantienen una relación de necesidad, intentan en lo posible, en aras a facilitar el asunto, que dicha opinión casi universal sea considerada como nueva y propia de mi persona, disimulando saber que fue Nicolás Copérnico su autor, o más bien su renovador y defensor.
Corria por el signo piscis el año de 1616, cuando la Congregacion de cardenales inquisidores, con noticia de que un cierto Copérnico prusiano, un español llamado Zúñiga, y un tal Galileo, de feliz memoria, se habian empeñado en parar el sol, y hacer andar la tierra: hubo acaloradas sesiones sobre este punto delicado en que la potestad temporal cruza líneas con la espiritual.
Encargado por el obispo Semproniense, entonces responsable de esta tarea, de proseguir estudios con miras a precisar la naturaleza de los movimientos celestes, Copérnico se abocó al trabajo, y a costa de considerable esfuerzo y merced a su genio admirable, obtuvo grandes progresos en sus ciencias, y logró mejorar la exactitud del conocimiento de los períodos de los movimientos celestes, mereciendo así el título de summo astronomo.
Ya, de su magia seguros, los modernos Zoroastros con poderosos conjuros, por los espacios oscuros paran y mueven los astros. Copérnico el movimiento negó al sol; y, en su ilusión, clavándolo al firmamento, repetir creyó el portento que vio absorto Gabaón; y la Tierra, que pasmada tal propósito veía, de su asiento desquiciada, por una elipse cerrada girando en torno corría.
Pero Vuestra Alteza conoce lo ocurrido a ese matemático de Pisa que en su vejez había emprendido el estudio de la doctrina de Copérnico, con la esperanza de refutarla en sus fundamentos: pero si, cuando no la tenía estudiada, la consideraba falsa, bien pronto quedó persuadido de la exactitud de las demostraciones sobre las que se fundaba, así pues, luego de haber sido su adversario, se convirtió en su más firme defensor.
Si para descartar esta opinión y esta doctrina, bastara con cerrar la boca a una sola persona, como piensan quienes toman su propio juicio como medida del de los demás, muy fácil asunto sería; pero las cosas se presentan de otro modo: para obtener un resultado semejante se necesitaría, no ya sólo prohibir el libro de Copérnico y los escritos de sus partidarios...
Sin embargo, al mismo tiempo que se va comprobando, en base a exactos experimentos y necesarias demostraciones, la certeza de las teorías copernicanas, no faltan personas que, aun sin haber visto jamás el libro, premian las múltiples fatigas de su autor con la consideración de herético, y esto con el único objeto de satisfacer su propio desdén, dirigido sin razón alguna contra otro que, junto con Copérnico, no posee interés alguno que no sea la comprobación de sus teorías.
Pero como este sentido, más conforme con lo que leemos en Josué, parece que puede comprenderse dentro del sistema de Copérnico, merced al agregado de otra observación que recientemente he demostrado en el cuerpo solar, querría examinarlo para terminar.
Pero si, según el sistema de Copérnico...
Por ello, como Copérnico conocía la fuerza con que están arraigadas en nuestro espíritu las antiguas tradiciones y los modos de concebir las cosas que nos son familiares desde la infancia, tuvo buen cuidado, para no aumentar nuestra dificultad de comprensión, luego de haber demostrado que los movimientos que nos parecen propios del Sol y del firmamento son en verdad propios de la Tierra, de presentarlos en las tablas y aplicarlos, hablando del movimiento del Sol y del Cielo superior, de la salida y de la puesta del Sol, de las mutaciones de la oblicuidad del zodíaco y de las variaciones de los puntos de equinoccio, del movimiento medio de la anomalía del Sol y de otras cosas semejantes, las cuales se deben en realidad al movimiento de la Tierra.
Y en la cadena de magisterios a distancia los ejemplos abundan: Kepler y Galileo reaccionaron contra Copérnico; Newton los mejoró; Maxwell lo hizo entrar en conflicto y Einstein lo resolvió.
Merced a sus trabajos se pudo resolver luego la cuestión del calendario y erigir las tablas de todos los movimientos de los planetas. Copérnico había de exponer esta doctrina en seis libros que publicó a requerimiento del cardenal de Capua y del obispo Culmense y dedicó su libro acerca De las Revoluciones Celestes, al sucesor de León X, es decir, a Pablo III; dicha obra, publicada por aquel entonces, ha sido bien recibida por la Santa Iglesia, y leída y estudiada por todo el mundo, sin que jamás se haya formulado reparo alguno a su doctrina.