Constitución de 1837

Constitución de 1837

 
hist. Constitución de carácter muy moderado. Establecía un sistema bicameral, pero reservaba al rey el derecho de veto de las leyes votadas en las Cortes.
Ejemplos ?
Otras cuestiones que separaban a progresistas y a moderados, como la amplitud del sufragio censitario, el funcionamiento de los ayuntamientos o el poder judicial, quedaron fuera de la Constitución para ser reguladas por leyes ordinarias. Algunos destacados miembros del moderantismo reconocieron el carácter conciliador de la nueva Constitución de 1837.
Las revueltas progresistas del verano de 1835 obligaron a María Cristina a nombrar presidente del gobierno al antiguo "exaltado" Juan Álvarez Mendizábal, y las del verano siguiente a restablecer la Constitución de 1812, que sería reformada, dando nacimiento en realidad a una nueva Constitución, la Constitución de 1837 basada en el sufragio restringido.
Las elecciones de septiembre de 1837 fueron las primeras celebradas bajo la Constitución de 1837 y según las normas de la nueva ley electoral aprobada el 20 de julio de 1837 que había vuelto al sufragio censitario —desechando el sufragio universal (masculino), aunque indirecto, consagrado en la Constitución de 1812—, con lo que el derecho al voto quedó reducido a los "propietarios".
Su aportación más valiosa durante este período fue su labor en el seno de la comisión que redactó la Constitución de 1837, de inspiración liberal progresista.
En la nueva Constitución de 1837 se recogían los principales elementos del programa progresista —la soberanía nacional, aunque sólo aparecía mencionada en el preámbulo pero no en el articulado; la libertad de imprenta sin censura previa; la milicia nacional; o el jurado para los delitos de imprenta— pero en ella había dos concesiones importantes a los moderados, el bicameralismo —las Cortes estaban compuestas por el Congreso de los Diputados y por el Senado— y el reforzamiento de los poderes y prerrogativas de la Corona, que gozaba, por ejemplo, de la facultad de interponer el veto absoluto a las leyes —y no temporal como en la Constitución de 1812—.
La idea de la alternancia pacífica en el poder entre moderados y progresistas sustentada en la Constitución de 1837 se frustró cuando el gobierno moderado de Evaristo Pérez de Castro tras la victoria electoral de los progresistas en las elecciones de junio de 1839 no dimitió para dar paso a un nuevo gobierno de acuerdo con la mayoría de las Cortes sino que con la connivencia de la regente primero suspendió las sesiones de las Cortes y luego las disolvió para convocar nuevas elecciones que en enero de 1840, esta vez sí, le proporcionaron una mayoría moderada.
Inmediatamente los progresistas iniciaron una campaña desde la prensa y desde los ayuntamientos para que la regente María Cristina no sancionara la ley bajo la amenaza de no acatarla —es decir, bajo la amenaza de la rebelión— y cuando vieron que la regente estaba dispuesta a firmarla dirigieron sus peticiones al general Baldomero Espartero, el personaje más popular del momento tras su triunfo en la Primera Guerra Carlista y que se mostraba más próximo al progresismo que al moderantismo, para que evitara la promulgación de esa ley contraria al «espíritu de la Constitución de 1837».
La primera en constituirse fue la de Madrid encabezada por el propio Ayuntamiento que publicó un manifiesto en el que justificaba su rebelión como una defensa de la amenazada, según ellos, Constitución de 1837 y en el que exigían que se suspendiera la promulgación de la ley de Ayuntamientos, se disolvieran las Cortes y se nombrara un gobierno «compuesto por hombres decididos».
Posteriormente se volvió a aplicar durante el Trienio Liberal (1820-1823), así como durante un breve período en 1836-1837, bajo el gobierno progresista que preparaba la Constitución de 1837.
González, 1849-1851. PRO RUIZ, Juan: El Estatuto Real y la Constitución de 1837, Madrid, Iustel, 2009. SANTILLÁN, Ramón: Memoria histórica sobre los bancos, Madrid, Talleres Gráficos del Banco de España, 1982.
2º, 3º, 4º, 5º y 6º — Los empleos, grados y condecoraciones carlistas serían reconocidos, pudiendo seguir sirviendo los oficiales a Isabel II acatando la Constitución de 1837 o bien solicitar el retiro o la licencia temporal.
El problema fue que no pudo controlar el ambiente palaciego "aristocrático" que rodeaba a la reina y a la infanta. "Se enfrentaba a un mundo desconocido, desafecto a la Constitución de 1837 y muy alejado social y culturalmente del suyo".