Ejemplos ?
Al cabo de un rato bien largo de toser, cambiar de punto de apoyo, manosear el sombrero y luchar con sus greñas, comenzó así el aldeano: -Pues, señor, yo soy, pa lo que usté mande, Cleto Rejones, y vivo aquí, a la esquierda, cancia la juenti, como el que tira a la mies del Jalecho, en una casa sola que usté habrá visto al ir a cazar esta mañana...
Pero cuando el muchacho, después de encaramado en un taburete, iba a verificar tan delicada operación, le gritó el Maestro en tono de regaño: -Detente Cleto; no le ponga eso al Niño Dios.
Primero gouernó su agüelo Mango Capac Ynga, luego gouernó su hijo Cinche Roca Ynga y luego Lloque Yupanqui Ynga, nieto de Mango Capac Ynga. Como dicho es, primero se sentó en la cilla prencipal y catretral papa San Pedro, papa Lino, papa Cleto, papa Clemente .
De mozos como Cleto se puede esperar todo, y todo lo esperaba, efectivamente, el cura. No cabe limitar el porvenir de quien descubre tales disposiciones, y no sería el primero ni el segundo que llegase, andando el tiempo, a ocupar los puestos más altos.
En Villafán se aceptó el augurio. Cleto sería el que les sacase de penas, allá para dentro de ocho o diez años; el que les arreglase lo del cauce del río para prevenir inundaciones; lo de la carretera para ir a la capital; lo de los montes y dehesas que pleiteaban con sus vecinos de Baltanés; el que concediese unos miles de duros con que reparar la iglesia, rayada de grietas y amenazando ruina inminente, y el que, cubriéndose de gloria, hiciese resonar el nombre de Villafán hasta los últimos confines del mundo.
Todos los afanes anticipados de la Perjuicia eran para tener libre el día siguiente, a fin de fabricar, en compañía de Cleto Villa, y de algunos chicos, el pesebre del Tullido.
El pero, en este caso especial, era el talento que a Cleto Páramo le había otorgado la Providencia, dispensadora de gracias, virtudes y dones que no nos merecemos los mortales.
Por la presente, y a estancia del vecino Cleto Rejones, se cita a juicio verbal para mañana a las tres de la tarde, en la casaconcejo, al señor don Fulano de Tal, sobre pago de desprefeuto de ojeutos naturales, esistentes en una propiedad lindante al vendaval con su casa, y cerrada sobre sí a paré seca, y de cuyos ojeutos alimentivos está dicho Cleto Rejones acaeciendo.-El Alcalde costitucional, Trebucio Canales del Garojo .» Si el lector desea conocer el fin de este peregrino incidente, que hubo de costar la salud al desencantado madrileño, háganos el obsequio de acompañarnos al mismo edificio dentro del cual se debatió la cuestión de aceptar o no el reló consabido.
-Está muy linda -replica El Tullido, recibiéndole aquella pobre flor-, y anque no estuviera: el Niño Dios la recibe con mucho agrado, porque ésta sí viene de manos puras y virtosas. Tóme, Cleto, póngasela.
-el Maestro le dice: -Opa, hijo, no se mueva de su puesto. Y, revolviendo la vista por toda la clase, añade: -Salga usté, Cleto, a enseñar en la arena.
El deber de Cleto Páramo en Madrid era estudiar Derecho. Para eso, y no para otra cosa, le había enviado a la Corte, con el subsidio de cuatro pesetas diarias, su tío el señor cura de Villafán.
Ufana por demás con la ofrenda, se llegó a la escuela, dio los buenos días al Tullido, se informó de su salud -atención que nunca omitía- y estiró la flor a Cleto Villa, que, por ser el más mañoso de los chicos, era el encargado de ponerla en la manita del Niño.