Ejemplos ?
Muchos estudiosos del tema creen que se remonta a una carta escrita por san Bernardo de Claraval al papa Inocencio II, en la que se refirió a Pedro Abelardo como 'Goliath', creando así un vínculo entre Goliat y los estudiantes seguidores de Abelardo.
Además, parece que el abad de Claraval posteriormente intervino ante el papa Eugenio III en favor de Hildegarda, ya que tenía trato personal con el obispo de Roma porque éste era también cisterciense y antiguo discípulo suyo.
La letra, Salve mundi salutare —también conocida como Rhythmica oratio — es un poema atribuido a San Bernardo de Claraval (1153) o bien a Arnulfo de Lovaina (1250), ambos de la orden cisterciense.
Hubo también varios abades, como san Esteban Harding, mentor de san Bernardo, el mismo san Bernardo de Claraval y laicos como los condes de Champaña y de Nevers.
Para la orden, en Europa fue importante la ayuda que les concedió el abad san Bernardo de Claraval, quien, por sus parentescos y su cercanía con varios de los nueve primeros caballeros, se esforzó sobremanera en darla a conocer por medio de sus altas influencias en Europa, sobre todo en la Corte Papal.
En el 31 se prueba la prelación y precedencia de Santas Creus sobre Poblet, con documentos irrecusables sacados del mismo monasterio de Claraval, varias sentencias rotales, y la bula de Benedicto XIV fallando á favor de Santas Creus, é imponiendo perpetuo silencio á la parte de Poblet, en 1751.
En el centro se encuentra una talla gótica del siglo XIV, con las características habituales, rostro hierático, corona, niño sobre una rodilla, y mano en alto sujetando una flor. Le acompañan dos tallas del siglo XVII, un San Benito de Nursia y un San Bernardo de Claraval.
Se remonta la fundación de su nuevo Monasterio a una fecha, 1170, muy próxima a la muerte del promotor de la reforma cisterciense, San Bernardo, fallecido en Claraval el 20 de agosto de 1153 y canonizado veinte años después.
En 1147 fue a la abadía de Císter, en Francia, para pedir a Bernardo de Claraval y al capítulo general de la orden que admitieran sus monasterios a la Orden del Císter.
Aunque Bernardo de Claraval y algunos otros religiosos hubiesen llegado a despreciar el estudio de las ciencias por creer que muchos buscaban esos conocimientos por vanidad, sus puntos de vista jamás fueron adoptados.
Se encargó a San Bernardo, abad de Claraval, y a un clérigo llamado Jean Michel la redacción de una regla durante la sesión, que fue leída y aprobada por los miembros del concilio.
San Gilberto, fascinado por el ideal monástico que promovía a Bernardo de Claraval, pensó fundar una comunidad masculina de monjes.