Cipriano


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Y Agustín dice: «¿No vemos con cuánto oro y plata, y con qué vestidos salió cargado de Egipto Cipriano, doctor suavísimo y mártir beatísimo?
Algunas veces había visto al don Cipriano en los claustros de la Universidad; pero, como sabía que no era estudiante, no podía averiguar a qué iba allí.
Deducírnoslo del siguiente vítor con que los mercenarios fes- tejaron, en 1804, la elección de comendador que recayó en jel limefko fray Cipriano Jerónimo Calatayud.
Paván, que hoy está en Buenos Aires, a uno que me llamaba tío, residente en su estancia frente a Gualeguaychú, y de quien me había propuesto instruir sobre el estado de las cosas, por la incomunicación en que me hallaba con el ejército y Buenos Aires, en la estancia de don Ángel Mariano Elía, con quien iba a hablar, pero no fue posible marchar a aquel punto por la aparición de Otorguez a mi frente, y por lo mismo comisioné para esta entrevista a don Cipriano Urquiza.
Hipólito Unanue que con el seudónimo de Aristeo escribió eruditos artículos en el famoso Mercurio peruano; el elocuente mercedario fray Cipriano Jerónimo Calatayud...
Entre los numerosos doctores que se han distinguido en ella, ilustres son los nombres de Tertuliano y de Cipriano, de Hilario y de Ambrosio, de León y Gregorio Magnos; pero sobre todo los de Agustín y de Jerónimo: agudísimo el uno para descubrir el sentido de la palabra de Dios y riquísimo en sacar de ella partido para defender la verdad católica; el otro, por su conocimiento extraordinario de la Biblia y por sus magníficos trabajos sobre los libros santos, ha sido honrado por la Iglesia con el título de Doctor Máximo.
EPÍLOGO CANCIÓN DE CIPRIANO Esta canción aparece interpretada por el autor, como cantor, casi veinte años después, en su disco Y a’i les van las otras...
El Gran General don Tomás Cipriano de Mosquera, tres semanas antes de su fallecimiento, acaecido en Octubre, ha dado á luz en Popayán, y por la imprenta del Estado, un cuaderno de 18 páginas titulado Bolívar y sm detractores.
No soy tan fuerte como para aguantarme las ganas de echarme mis alcoholes... De todos modos voy a intentarlo y va a ver que todavía me queda un poco de voluntad —Mira Cipriano...
¿Por qué misteriosos conductos se esparció la noticia del caso? Don Cipriano no lo dijo ni a su hija, y Carmelo..., ni se lo dijera al confesor, así fuese pecado mortal.
Los botes con tamales de todos los colores y sabores, los cubrían, y por otro lado, se miraba la estufa de petróleo sobre la que lucía sus brillanteces la plateada olla de aluminio que contenía el único atole que elaboraba, sabroso y exquisito, el mejor de toda la ciudad, al decir de los clientes. Cipriano era uno de tantos mugrosos que se acercaban a pedirle gratis el alimento, de los cuales, sólo él recibía los beneficiosos préstamos, porque a los demás, ni agua les regalaba.
Gracias Criolita.. —hablaba Cipriano en el momento en que daba el último sorbo al atole que bebía.— Va a ver... pa' la tarde le pago...