Ejemplos ?
XVII De un duque esclarecido la tercera Cintia el siempre feliz tálamo honora, la que bien digna de mayor esfera su luz abrevia Peñaranda ahora.
Campiñas y prados y boscajes me enamoran; ellas, como al mantuano, me convidan; a gozar voy su asilo venturoso; y mientras tú con alas atrevidas corres tu reino etéreo, y pides cuenta de su prestado resplandor a Cintia, o del soberbio carro del Tonante contemplas la lumbrosa comitiva, te veré yo desde mi fuente amada en los astros dejar tu fama escrita, y menos animoso, a cantar sólo la bella luz acordaré mi lira.
TESEO: Atento estaré, Señora, a lo que vos me ordenarais; y así, si he de obedeceros, no dilatéis el mandarme. CINTIA: De vos una dama quiere que, con esta pluma, alarde hagáis de lo que os estima.
CINTIA: ¿Quién puede ordenarla, sino el Príncipe de Epiro y el de Tebas, que con tantas demostraciones os sirven, y en cuestiones cortesanas apurando los discursos, por dar a entender sus ansias, lo que por sí mismos lloran, por ajenas voces cantan?
CINTIA: Calla, Señora, que hará aquello de agradecido. ATÚN: Una muerte muy galana es la que escoges, Señor, que por las muertes de amor nunca se dobló campana.
Aquésta es segunda parte de la comedia de Amor, donde hay bellezas a pares. CINTIA: Llame a su amo, que le importa. ATÚN: ¿Y eso a mí puede importarme?
DON JUAN Bella deidad destos bosques, émula hermosa de Cintia, que para fieras y hombres el plomo y la luz fulminas; a quien el Betis le5 debe cuantas estampas floridas tus negros ojos encienden, tu blanco pie resucita; visite a Celestina, una mujer conocedora del arte del amor para que le descubra el misterio de la cazadora.
A ella, atónita, y con sus manos el útero esconder queriendo, 'Vete lejos de aquí,' le dijo Cintia, 'y estas sagradas fuentes no manches,' y de su unión le ordenó separarse.
Aquí habita el placer en las rosas, do quier vaga un deleite sin nombre, dice el céfiro aquí tales cosas, que no dice la lengua del hombre... III ¡Ven, Cintia, ven!
LAURA: Ayer, con tanta majestad, como pudiera quien a coronarse entrara; pero aún no le ha visto el rey, y así es forzoso que haga el Embajador de Atenas la entrega. FEDRA: ¡Suerte inhumana! CINTIA: Pero ya tu padre, a quien los Príncipes acompañan, a recibir al cautivo sale aquí.
Déjese usted ahorcar, que yo quedo por fiador. Quedan TESEO, FEDRA y ATÚN, LAURA. ARIADNA y CINTIA, al paño FEDRA: Solo el Príncipe ha quedado. TESEO: ¡Ay infelice de mí!
Y me holgara hallar un medio para poderos librar, que yo no os quisiera dar pésame, sino remedio. ARIADNA: Con Teseo--¡qué dolor!-- allí, Cintia, Fedra está; escuchemos, que quizá será piedad y no amor.