Checoeslovaquia


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Checoeslovaquia

Czechoslovakia
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ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA, Bélgica, Bolivia, Brasil, Imperio Británico, CANADÁ, AUSTRALIA, SUDÁFRICA, NUEVA ZELANDA, INDIA, CHINA, CUBA, ECUADOR, FRANCIA, GRECIA, GUATEMALA, HAITÍ, HEDJAZ, Honduras, Italia, Japón, Liberia, Nicaragua, Panamá, Perú, Polonia, Portugal, Rumania, serbo-croata-esloveno, el SIAM, Checoeslovaquia, URUGUAY Los Estados invitados a adherirse al Pacto.
Lo cual quiere decir que si la Gran Bretaña y Francia no se hubieran sometido a los caprichos del Führer, una de estas dos cosas hubiera sucedido: o que Hitler, al ver que no se aceptaba su chantaje de la guerra hubiera aceptado el statu quo de entonces en la región sudetina, en cuyo caso Checoeslovaquia habría seguido siendo independiente y conservado su fuerza intacta como potencia militar de segundo orden; o bien que Francia, haciendo honor a su tratado de alianza con Checoeslovaquia, y la Gran Bretaña fiel a sus compromisos políticos con el Gobierno francés, habrían ido a la guerra en mucho mejores condiciones que ahora.
Ahora la situación es muy diferente: con la subyugación de los sudetinos, de los checos, de los eslovacos, de los húngaros y de los ucranianos, que fácilmente serán dominados por el Führer, Alemania habrá aumentado su población hasta cerca de 100 millones de hombres; no tiene ya frente qué defender en Checoeslovaquia, ni en Austria, ni en Hungría; tiene a su disposición flamantes elementos de guerra que han venido a aumentar su ya formidable ejército, y está en condiciones de amagar y quizá de someter a su insaciable despotismo a Rumania, a cuyas puertas se encuentra ya prácticamente, para abastecerse, por las buenas o las malas, del elemento primordial para la guerra, el petróleo, que sólo Rumania pudiera darle en caso de bloqueo.
Otros por el contrario, todos los del Frente Popular, deseaban ardientemente la guerra porque tenían la convicción de que la guerra era inevitable y que después de sacrificar a Checoeslovaquia, dejando incumplido un solemne Tratado de alianza con aquel país, sólo se conseguiría hacer más fuerte a Alemania aplazando la guerra.
Y no podemos comprender tampoco cómo el Gobierno francés se avino a faltar a sagrados compromisos internacionales, dejando sola a su aliada Checoeslovaquia, que pudo haber sido, en la guerra inevitable de mañana, su mejor adalid en la Europa Central.
Nosotros no dudamos de tan funesto resultado si el Gobierno del rey Carol cae en las garras financieras de Alemania, porque después de su sumisión económica al Reich, la militar vendría después con la misma facilidad que vino en Checoeslovaquia después de Munich.
CARTA NUM. 13 Ginebra, 18 de marzo de 1939. Riquezas de Checoeslovaquia que gana Hitler. Potencia militar de la U. R. S. S. La situación europea se agrava día a día.
La paz a todo trance comprada en Munich al precio injusto y torpe del primer sacrificio de Checoeslovaquia, preparó fatalmente el camino de las subsiguientes y fáciles conquistas alemanas.
Si es cierto, como expresé a usted en carta anterior, que, según mis noticias, el generalísimo Gamelin declaró a su Gobierno en septiembre de 1938 que el ejército francés estaba listo para la guerra y el señor Bonet, en Londres, declaró lo contrario, para sacrificar a Checoeslovaquia por una paz efímera, también es cierto que si en Francia estaban listos para pelear, la Gran Bretaña quizá no se encontraba en las mismas condiciones, a causa de una política absurda de los estadistas ingleses que no quisieron ver ni oír el peligro que significaba el imperialismo alemán.
Sobre todo, después del reciente desmembramiento de Checoeslovaquia. En efecto, todas las nacionalidades consideradas como irredentas -ante sí mismas, o porque realmente lo sean- pugnan ahora por separarse del gobierno central que las domina, para buscar, cuando menos, una autonomía lo más lata posible.
El balance de las principales riquezas adquiridas por Alemania en Checoeslovaquia es considerable...
Todo esto mientras el pueblo se siente profundamente humillado por los pactos de Munich, que representan una claudicación más de las democracias ante el avasallador dictado de las tiranías fachistas; pactos que significan el quebranto flagrante de un solemne tratado con Checoeslovaquia, repetidas veces reiterado, poco antes de ser preterido; pactos que entrañan, por último, no el afianzamiento de la paz -su único fin-, sino el fermento de la próxima conflagración, harto más fatídica que la última y que las grandes potencias occidentales tendrán que aceptar y emprender, en condiciones más desventajosas.