Cervantes

Cervantes

 
Mun. de la prov. española de Lugo; 2 276 h.
Ejemplos ?
Andrés del Balle, Manuel del Balle, Gonzalo Paderna, Antonio Paderna, Martín de Cervantes...
Y Manuel de Morillo pidió solar para sí y para Catalina de Cervantes; y para Luisa de Cervantes; y Francisco de Cervantes; y para Don Bartolo de Sea; y para Francisco Serrato; y para Doña Claudia del Castillo; y para Doña Margarita del Castillo; y para Juan Núñez; y para Joseph Serrato; y para Andrés Núñez; y para Juana Bernal; y para Joseph Bernal; y para Pedro Bernal; y para Juan de Carranza; y para Cristóbal de Carranza, (y para Cristóbal de Carranza); y para Toribio Serrato.
En estas circunstancias, ¿cómo esperar que se pusiera a Cervantes en su lugar? Allá fue el libro divino mezclado eruditamente con nuestros frailecicos místicos, con nuestros dramaturgos torrenciales, con nuestros líricos, desiertos sin flores.
Consideremos, durante una balanza, a quemarropa, a Calderón, dormido sobre la cola de un anfibio muerto o a Cervantes, diciendo: “Mi reino es de este mundo, pero también del otro”: ¡punta y filo en dos papeles!
Don Fernando Ponce de León, Juan Baupptista de Herrera, Don Joseph Pacheco de Carranza, Don Iñigo de Cisneros y Mendoza, Don Juan Pérez de Villamar, Fray Diego Lañoso Guardián, Don Juan de Mariscal, Don Francisco Campuzano, Don Francisco Casaus, Don Cristóbal Ramírez de Arellano, Don Tomás de Vargas y Figueroa, Don Antonio Nieto de Muñoz, Don Joseph Gómez Cornejo, Don Pedro Garrido Jiménez, Joseph Millán, Antonio de Larralde, Pedro del Castillo, Don Pedro Juan de Carranza, Joseph Morán de Butrón, Don Joseph de Cáceres, Alonso de Enderica, Don Jacinto Morán de Butrón, Andrés Joseph Ruiz de Palma, Juan Antonio de Vargas, Alonso Gonzáles de Fuentes, Don Bartolomé de Zea, Gonzalo Paderma, Phelipe Gonçales de Zandoya, Bartolomé Villalón, Martín de Cervantes...
Tradición española) Cuando (y ya hace fecha) éramos, en el colegio, estudian- tes de literatura castellana, cascabeleábanos, no poco, la es- tructura de esta y otras espinelas que se encuentran en el QuTJOTK del gran Cervantes: Advierte que es desati- siendo de vidrio el teja-, tomar piedras en la ma- para tirar al veci-.
También la limeña Clarinda (que escribió en 1507), á quien Cervantes nos presenta no como madre de gallardos infan- tes sino de unos robustos tercetos En loor de la poesía antó- Jaseme que es otra mixtificación, y tan clara como la luz del medio día.
En ese siglo, en que los poetas derrochaban ingenio, escri- biendo acrósticos, abusando de las paronamasias, ó inventan- do combinaciones rítmicas, más ó menos estrafalarias, cupo á Cervantes poner á la moda los versos llamados de caho rotOy y de los que la décima que acabamos de copiar es una muestra.
¡Homo, humus; farnay fumus; finiSj cinisi En cuanto á los versos de cabo roto, de que él fué el inventor, á pesar del empeño de Cervantes por popularizarlos, puede decirse que no han hecho ni harán fortuna.
No hay libro por malo que sea del cual no aprendamos algo, dijo Cervantes y de ahí que sólo la integridad del hombre, su propia sensibilidad, “cada cabeza es un mundo”, afirma el refrán, sea la única para seleccionar lo que corresponde al propio gusto, sin embargo, seríamos educadores retrógradas si abandonáramos, en nuestro caso, al alumno a su propia individualidad sin experiencias altamente culturales.
—Tendrá hoy España (dice la ilustre hija de Galicia) hasta seis escritores que igualen á Montalvo en el conocimienta y manejo del idioma; pero ninguno que lo aventaje.— Y Caste- lar, según la feliz expresión de un crítico distinguido, (1) se arroja en brazos de Montalvo como si viera en él á Cervantes resucitado.
En el mismo ejemplo del Quijote, observamos citas y procedimientos utilizados antes de Cervantes, pero que sirven de apoyo a la producción de su propio texto, en este caso literario, y que le dan una especie de andamiaje.