Ejemplos ?
Cierto que aquélla venía preparada de tiempo atrás, y sólo esperaba para mostrarse un choque, un chispazo. -¿Y el hijo? ¿Se murió al fin? -El hijo salvó, para mayor confusión y vergüenza mía -murmuró Celio.
Jamás miré a Celio para amarle, aunque nunca procuré aborrecerle, porque si me agradaba de sus gracias, temía de sus despegos, de que él mismo nos daba noticia, particularmente un día, que nos contó cómo era querido de una dama, y que la aborrecía con las mismas veras que la amaba, gloriándose de las sinrazones con que le pagaba mil ternezas.
Mira de los amantes el engaño, la voluntad, por firme, despreciada, y de haberla tenido escarmentada, huye de amor el proceder extraño. Celio, sol desta edad, casi envidioso, de ver la libertad con que vivía, exenta de ofrecer a amor despojos, Galán, discreto, amante y dadivoso, reflexos que animaron su osadía, dio en el espejo, y deslumbró sus ojos.
58 Celio, la Lesbia nuestra, la Lesbia aquella, aquella Lesbia que Catulo sola más que a sí y a los suyos amó todos, ahora, en los cruces y las callejas, desbulla a los magnánimos, de Remo nietos.
Bazerque, Química Bujalance, Celio Roda y el arquitecto Pérez Larrañaga, Dibujo, Goldaracena Instrucción Cívica, Física Riva Zuchelli, Acosta y Lara y el doctor Muiños, Adrián Machado y la Sta.
Porque son oscuros, ásperos, toscos e inelegantes, y tales, que ojalá no los hubieran imitado ni vuestro Calvo, ni Celio o el mismo Cicerón.
uando creyendo hacer bien hacemos mal -dijo Celio-, el corazón sangra, y nos acordamos de la frase de una heroína de Tolstoi: «No son nuestros defectos, sino nuestras cualidades, las que nos pierden.» Cada Semana Santa experimento mayor inquietud en la conciencia, porque una vez quise atribuirme el papel de Dios.
¡Piedad, cielos, que muero, mis celos me atormentan, hielo que abrasa el alma, fuego que el alma hiela! ¡Malhaya, amén, mil veces, Celio tirano, aquélla que en prisiones de amor prender su alma deja!
Me precipité... -¿Se había desmayado? -preguntamos a Celio todos. -Eso sería lo de menos... Volvió en sí..., ¡pero con la razón enteramente perdida!
Y en verdad que andan en manos de curiosos las acusaciones tituladas contra Vatinio, especialmente la segunda; está adornada de palabras y expresiones acomodadas a los oídos de los jueces; tanto, que conocerás que el mismo Calvo entendió lo que era mejor, y que no le faltó voluntad para hablar con estilo magnifico y adornado, sino el ingenio y las fuerzas. ¿Qué diremos de las oraciones de Celio?
En fin, Celio es el más sabio para engañar que yo he visto, porque empezó a dar tal color de verdadero a su amor, que le creyera, no sólo una mujer que sabía de la verdad de un hombre, que se preció de tratarla, sino a las más astutas y matreras.
Sus visitas eran continuas, porque mañana y tarde estaba en mi casa, tanto que sus amigos llegaron a conocer, en verle negarse a su conversación, que la tenía con persona que lo merecía, en particular uno de tu nombre, con quien la conservó más que ninguno, y a quien contaba sus empleos, que según me dixo el mismo Celio, me tenía lástima, y le rogaba que no me hablase, si me había de dar el pago que a otras que le había conocido.