Ejemplos ?
Por la institución han pasado como tutores los señores profesores, Lcda. Hermita Añazco, Lcda. Grey Madrid, Lcda. Cecilia Pardo, Prof. Sarita Bustamante, Lcdo.
No saldremos de este pueblo ¿para qué? ¿Qué le importa a Cecilia lo que hay más allá de esos montes donde crecen aromáticas hierbas y sencillas flores?
Agradecer también a mi mujer Cecilia, que no sólo es lo mejor que me ha pasado en mi vida, sino además, ha sido una Primera Dama entregada en alma y corazón a sus labores.
Cuando recorro la aldea y veo las bonitas casas que a mi costa han construido y que tengo alquiladas a las personas de más importancia de la población, no digo: «Todo es mío» sino, «todo esto es de mi hija». Cecilia será dueña y señora de la aldea, una reina aquí, donde la aman con ternura, porque la mayor parte de los habitantes la ha visto nacer.
Fueron apareciendo muchos objetos curiosos: un medallón de la época de Maximiliano; un pañuelo que tenía las iniciales de Manuel Payno; unas fotografías de mi abuelo junto con Pancho Villa y muchas cosas más, pero sobre todo, una carta donde se revelaba un secreto de familia que la tatarabuela de mi bisabuela había conservado… -¿Por qué callas, Cristina?- -Porque acabo de recordar que si es cierto todo esto, yo soy descendiente de Cecilia, una frutera que causó la desgracia, no sólo de Evaristo, sino de todos los Bandidos de Río Frío y de su gran jefe: Juan Yáñez.
Cristina y Pedro se encontraban aislados en medio de aquella montaña; recluidos en la esperanza de encontrar la salvación, según había dicho su amada, en la medalla protectora que había heredado de su, quién sabe qué grado familiar tenía, Cecilia.
Tú eres quien la hace poco expansiva, tú la que le arrebatas la alegría y el bienestar. Cecilia ha nacido como yo para la familia, para los goces del hogar doméstico; a fuerza de predicar a la pobre criatura sobre la obediencia filial has hecho que me tenga más respeto que cariño.
Ahora la vas a pagar Cecilia… Cuando Cristina escuchó aquel nombre, comentó aterrada a Pedro: -Cree que soy Cecilia, aquella de la cual te había hablado que fue mi familiar.
Ya en mis Estudios sobre la histeria, publicado en 1895 pude comunicar la solución de un primer ataque histérico de angustia padecido por una mujer de cuarenta años (Cecilia M.) cuando sólo había cumplido quince.
Quiero agradecer sinceramente a Cecilia, la Primera Dama, por el compromiso, amor y entusiasmo que ha puesto en la promoción de una cultura de vida más sana para todos los chilenos.
¡Gracias Cecilia! En materia de infraestructura de salud sufrimos un doble terremoto. Primero, el del 27/F, que destruyó o dañó uno de cada tres establecimientos de salud.
En ese sentido debo felicitar a mis dos share partner, a Cecilia Naón de la Cancillería y a Máximo Forcieri de Economía que trabajaron muy fuertemente.