Ejemplos ?
Y no hablemos de la licenciosa manera de Catulo y de Tibulo, de la desnudez de Marcial; contraigámonos al severo Cicerón, al dulcísimo y ameno Virgilio, al cortesano Horacio.
Por lo cual, lo que escribes, de que en Verona indecente es para Catulo estar, porque aquí cualquiera de mejor nota sus fríos miembros templa en un desierto lecho, esto, Manlio, no es indecente: más, triste es.
Tomad la triste y fúnebre corona Con que a su hermano coronó Catulo; La cítara del vate de Sulmona Cuando lloró la muerte de Tibulo; Y bañados en llanto nuestros ojos Sobre el sepulcro esparciremos flores, Y en la losa que cubre sus despojos Grabaremos sus ínclitos loores: «Pintó mujer más fuerte y virtuosa Que Andrómaca, que Antígona y Alceste; Su sagrada ceniza aquí reposa; Voló su alma a la mansión celeste.» Santander, 5 de agosto de 1874.
71 Si a alguien, en ley buena, de sus sobacos le fue molesto su sagrado hirco, o si a alguien con mérito la tarda gota saja, el émulo este tuyo, el que vuestro amor ejerce, milagrosamente, de ti, ha hallado uno y otro mal, pues cuantas veces folla, tantas veces reciben castigo ambos: a ella la azota con su olor, él mismo perece de gota. 72 Decías una vez que solo tú conocías a Catulo, Lesbia, y no por delante de mí querías tener a Júpiter.
44 Oh fundo nuestro, o sabino o tibur, pues que tú eres tibur defienden aquellos cuya intención no es a Catulo herir, mas los que esto quieren, por cualquier prenda que sabino es contienden, pero, oh, ora sabino, ora, más verdaderamente, tibur: estuve a gusto en tu suburbana villa, y mala de mi pecho expulsé una tos, una que, no sin merecerlo, a mí mi vientre, mientras suntuosas cenas ando buscando, me dio.
46 Ya la primavera, desheladas, vuelve a traer las templanzas, ya del cielo equinoccial el furor, con las agradables auras del céfiro, calla. Sean abandonados los frigios, Catulo, campos, y de la Nicea bullente el campo fértil.
49 Oh el más diserto de los de Rómulo nietos, cuantos son y cuantos fueron, Marco Tulio, y cuantos después en otros años serán, gracias a ti máximas Catulo te da, el peor poeta de todos, tanto el peor poeta de todos, cuanto tú el mejor patrono de todos.
Dame besos mil, después ciento, después mil otros, después un segundo ciento, después sin cesar otros mil, después ciento, después, cuando miles muchos hiciéramos, los conturbaremos, para que no sepamos, o para que ningún malvado envidiarlos pueda cuando tantos sepa que son, de besos. 6 Flavio, las delicias tuyas a Catulo, si no es que sean desagradables e inelegantes, querrías decir y callarlas no podrías.
Mantua se enorgullece de Virgilio; Varona, de Catulo, y yo pretendo que se me aclame la gloria de la comarca de los Pelignos, a quienes la defensa de su libertad obligó a pelear por una causa justa cuando Roma temía, llena de incertidumbre, los resultados de la guerra social.
8 Pobre Catulo, que dejes de hacer lo indebido, y lo que ves pasado perdido lo digas. Fulgieron un día cándidos para ti los soles, cuando acudías adonde tu niña decía, amada para nos cuanto amada será ninguna.
Ahora ya ella no quiere: tú también, impotente, no quiere, ni lo que huye sigue, ni triste vive, sino con obstinada mente soporta, resite. Salud, niña; ya Catulo resiste, y no te requerirá ni rogará, involuntaria.
Impía, ay de ti, qué vida a ti te espera, quién ahora a ti se acercará, a quién parecerás bonita, a quién ahora amarás, de quién que eres se dirá, a quién besarás, a quién los labios morderás. Mas tú, Catulo, decidido, resiste.