Catalina de Medicis

(redireccionado de Catherine)

Catalina de Medicis (Catherine)

 
(1519-89) Regente del trono francés durante la minoría de edad de su hijo Carlos IX. En la lucha contra las facciones aristocráticas que minaban el poder de la corona, ordenó la matanza de la noche de San Bartolomé.
Ejemplos ?
Mrs. Catherine Anne Young Sturrock Broughty Ferry Dundee Angus.- Scotland.- Mi querida Madre: Celebro poder decir que, encontrándose ahora Lima en poder de los chilenos, este tremendo problema parece estar ya felizmente terminado.
La introdujo dentro de una preciosa habitación en la que había muebles de seda, oro y plata. ─ Todo esto será pertenencia tuya, Catherine ─le dijo─, ya que en tres días vas a ser mi esposa.
Pero fue todo inútil: Barba Azul la dejó allí, tras anunciar que debía marchar lejos para buscar al sacerdote que tenía que unirles, al cual daría la muerte después. Catherine se hallaba asustada, pues había oído decir bastantes veces que Barba Azul había tenido muchas mujeres y que a todas las había ido matando a los pocos días de la boda.
Las mujeres, sobre todo, temían encontrársele, pues se decía que se llevaba a su castillo a todas aquellas que le gustaban, y que jamás se las volvía a ver. Pues resultó que un día la hermosa Catherine, la hija del padre Barriez, marchó a buscar leña al bosque.
Los niños que hacen de hadas en la selva de Windsor deben ir vestidos de blanco y verde (galantería aduladora e indirecta a la reina Elizabeth, por ser esos sus colores predilectos), y de blanco los ángeles que se van hacia Catherine, en Kimbolton, llevando guirnaldas verdes y viseras doradas.
─dijo Catherine─; el puente colgante se halla levado, la torre es alta y las fosas son profundas, el perro me devoraría y el camino para llegar hasta la casa de mi padre es tan largo, tan largo, que no podría llegar ni en ocho horas.
Y volvieron las tres a entrar en sus tumbas. Tomó Catherine el veneno, la cuerda y el bastón. En el patio arrojó el veneno al perro que se abalanzaba sobre ella.
Entonces ató la cuerda y se deslizó desde lo alto de la muralla. Cuando se halló en pleno campo, Catherine se echó a correr, tan impaciente estaba de alejarse del maldito castillo aquel.
Y sintió gran sorpresa y temor al descubrir delante del altar tres piedras enormes, que eran en realidad tres tumbas. Se arrodilló Catherine y comenzó su rezo, interrumpido por lágrimas y sollozos.
─ Toma este gran bastón con el que Barba Azul me apaleó ─dijo la tercera─ y apóyate sobre él cuando emprendas ese largo viaje. Y luego añadieron las tres: ─ Date mucha prisa, porque Barba Azul te matará cuando regrese. ¡Buena suerte, Catherine! ¡Adiós!
De pronto escuchó una voz que decía: ─ ¡Pobre Catherine! Enseguida una segunda voz dijo: ─ ¡Pobre Catherine! Y una tercera voz repitió con gran tristeza: ─ ¡Pobre Catherine!
En el lugar en el que se encontraba el castillo de Barba Azul fueron vistos durante mucho tiempo unos espectros blancos, unas ánimas que eran, se decía, las de las mujeres y los sacerdotes que el malvado señor había asesinado. Muchachitas, no os adentréis jamás demasiado en el bosque: acordaos de las desgracias de Catherine.