Cartago

Cartago

 
Antigua c. del N de África, cuyas ruinas se encuentran cerca de la actual Túnez. Fundada por los fenicios (814 a C), llegó a ser una poderosa república de marinos y comerciantes. El choque entre Roma y Cartago dio lugar a las Guerras Púnicas, en la segunda de las cuales Cartago fue vencida y sometida por Roma. En 146 a C, un ejército romano la arrasó, y anexó su territorio a los dominios romanos. Reconstruida, fue durante largo tiempo (ss. I-VI) la cap. del África romana.

Cartago

 
Prov. del centro de Costa Rica, 3 125 km2 y 340 298 h. Cap., la c. homónima (23 884 h), al pie del volcán Irazú. Café, tabaco y caña de azúcar.

Cartago

 
C. del O de Colombia, en el departamento del Valle del Cauca; 97 791 h.
Traducciones

Cartago

Karthago

Cartago

Carthage

Cartago

SFCarthage
Ejemplos ?
Hay algunas cosas benditas de rostro severo; hay deseos que no son celebrados con enhorabuenas, sino con veneración y respeto. ¿No crees, por ejemplo, que Régulo deseaba volver a Cartago?
Laméntese también de las cenizas de Cartago, Numancia y Corinto, y si alguna otra cosa hubo que cayese de mayor altura; pues aun lo que no tiene donde caer, ha de caer.
No estuvo más airado Agamenón en Troya al tiempo que, metiendo la tramoya del gran Paladión, de armas preñado, echaron fuego a la ciudad de Eneas de ardientes hachas y encendidas teas (causa fatal del miserable estrago de Dido y de Cartago...
¿Para qué te he de referir a Esmiliano Escipión, que vio casi en un mismo tiempo el triunfo de su padre y el entierro de dos hermanos, y con ser mancebo, y en edad pueril, sufrió aquella repentina calamidad de su casa que cayó sobre el triunfo de Paulo, llevándola con tan grande ánimo como convenía a un varón que había nacido para que ni faltase a Roma un Escipión ni quedase en pie Cartago?» «¿Para qué te he de referir la concordia de los dos Lúculos rompida con la muerte?
Es ésta compañera inseparable de toda humana gloria: no hay grandeza que no decline, no hay imperio que no fenezca y se acabe. Hundióse el poderío romano; cayeron en ruinas Babilonia y Nínive; Jerusalén, Cartago, Itálica, sufrieron la misma suerte.
48 Vi las provinçias de España e poniente: la de Tarragona, la de Çeltiberia, la menor Cartago que fue la d'Esperia, con los rincones de todo oçidente; mostróse Vandalia, la bien paresçiente, e toda la tierra de la Lusitania, la brava Galiçia con la Tingitania, donde se cría ferosçe la gente.
166 »'En la partida del resto troyano de aquella Cartago del bírseo muro, el voto prudente del buen Palinuro toda la flota loó de más sano, tanto que quiso el rey muy humano, quando lo vido, pasado Acheronte con Leucaspis açerca de Oronte, en el Averno tocarle la mano.
Aquel Escipión, vuestro pontífice máximo, aquel grande hombre; superior en bondad a todos los patricios romanos, según el juicio del Senado, temiendo en vosotros esta calamidad, resistía a la destrucción de Cartago...
Pues si vemos que fueron tales aquellos tiempos en que dicen fue virtuosa, inocente y hermosa la República romana, qué nos parece podemos ya decir o pensar de aquellos célebres romanos que les sucedieron, en cuya época, habiéndose transformado paulatinamente para usar de los términos del mismo historiador), de hermosa y buena se hizo muy mala y disoluta, es a saber: después de la destrucción de Cartago, como lo insinuó el mismo Salustio; y del modo que este historiador recopila y describe estos tiempos que pueden examinarse en su historia, es fácil observar con cuánta malicia y corrupción de costumbres, nacida de las prosperidades, se fueron corrompiendo hasta el desdichado tiempo de las guerras civiles.
Acaeció, pues, esta desenfrenada disolución no sólo antes que Cristo encarnase y predicase personalmente su divina doctrina, sino también aun antes que naciese de la Virgen Santísima; y supuesto no se atrevieron a imputar los graves males acaecidos por aquellos tiempos, ya fuesen los tolerables al principio o los intolerables y horribles sucedidos después de la destrucción de Cartago...
Ved aquí cómo antes de la gloriosa venida del Salvador, y después de la destrucción de Cartago, las costumbres de sus antepasados no paulatinamente como antes, sino como una rápida avenida de un arroyo, se entregaron y relajaron en tanto grado, que la juventud se corrompió con la superfluidad de las galas, deleites y codicia.
Lo que sintió Cicerón de la República romana Pero si no hicieron caso del erudito escritor que llamó a la República romana mala y disoluta, ni cuidan de que esté poseída de cualesquiera torpezas y costumbres abominables y corrompidas, con tal que exista y persevere; digan cómo no solo se hizo procaz y disoluta, como dice Salustio, sino que, según enseña Cicerón, en aquella época había ya perecido del todo la República, sin quedar rastro ni memoria de ella Introduce, pues, en el raciocinio este sabio orador al valeroso Escipión, aquel mismo que destruyó Cartago...