Carlitos

Traducciones

Carlitos

SM (forma familiar) de CarlosCharlie
Ejemplos ?
Así, por ejemplo, Carlitos Astudillo, Capello y Ulla, que estaban en el fondo después del interrogatorio, pasaron a la primera y segunda celda.
- ¡Cuidado, cuidado! -protestó la corneja-. Me parece que era Carlitos. Sin embargo, te ha olvidado por la princesa. - ¿Vive con una princesa?
¡Virgen linda de mamacita y de papá! ¡Virgen María de Pepito y de 'Maximito hermoso', de Alberto, de bebé y de Carlitos!". Tan pronto alza la voz en una octava y la emite metálica y vibrante; tan pronto la quiebra en ruidos secos linguo-palatinales o la modula en zumbidos de caricia; a veces canta, a ratos murmura, por momentos conversa, y, sea apurada o vacilante, declama siempre.
Es extraordinariamente curiosa la mirada del hombre que está entre una furia amable y otra rabiosa. Se me ocurre que Carlitos Chaplín nació de la conjunción de dos miradas así.
Las dos orillas eran muy hermosas, con lindas flores, viejos árboles y laderas en las que pacían ovejas y vacas; pero no se veía ni un ser humano. "Acaso el río me conduzca hasta Carlitos," pensó Margarita, y aquella idea le devolvió la alegría.
Cada vez que veían a Rafaelita y Carlitos (que así se llamaban sus chicos) jugar a las iglesitas, que era el juego que más gustaba a los papás, pensaban con terror en el porvenir de aquellos ángeles, a quienes podían faltar las alas con que se sube al cielo, como a ellos les habían faltado, con el ítem de que podían no recobrarlas, como ellos, casi por milagro, las habían recobrado.
-Valpacífico -dijo Rafael- sería muy bueno para lo que nosotros deseamos, por la sola circunstancia de vivir usted allí y tener a su cargo el gobierno espiritual del pueblo y si el pueblo fuese en la actualidad tan de buenas costumbres como era cuando usted fue a él, no tendría precio para preparar a Rafaelilla a convertirse, como quien dice, en una Santa Teresa de Jesús, y a Carlitos, como quien dice, en un San Luis Gonzaga.
El D. Carlitos, en presencia de su padre y comensales, adoptaba un airecito de unción y bobería que lo asimilaba a un ángel de retablo.
Suelta la niña los granos, y, tendiendo la mirada por el cielo, exclama: "Miren lo lindo que está el cielo, barrido, barrido. ¡Miren lo lindo!... Allá está Carlitos con la Virgen". Y cerraba los ojos, deslumbrados por aquel azul reverberante.
Margarita se lo explicó todo, mientras la mujer no cesaba de menear la cabeza diciendo: "¡Hm, hm!." Y cuando la niña hubo terminado y preguntado a la vieja si por casualidad había visto a Carlitos, respondió ésta que no había pasado por allí, pero que seguramente vendría.
Este sí que podía llamarse el hijo del amor. Blanquita estaba trastornada: en su cabeza se anudaban en maraña de confusiones, Carlitos, bebé y la "Virgen María".
Por eso salió a la rosaleda y, extendiendo la muletilla hacia todos los rosales, magníficamente floridos, hizo que todos desaparecieran bajo la negra tierra, sin dejar señal ni rastro. Temía la mujer que Margarita, al ver las rosas, se acordase de las suyas y de Carlitos y escapase.