Camas

Camas

 
Mun. de la prov. española de Sevilla; 25 499 h. Núcleo fabril y residencial.
Ejemplos ?
Tenemos también la cantidad de camas por habitante más alta de la región: un total de cuarenta y cinco camas cada diez mil habitantes.
(A su criado.) Corre, Alvarado, llama a ese ventero, y pídele una cama en que restaure pulsos esta dama. RINCÓN En venta de Viveros, ¿piden camas o pulgas, pasajeros?
Leal, Suárez y los demás íntimos salieron del teatro ya muy tarde; y como hacía buena noche de luna, de templado ambiente, recorrieron calles y calles sin acordarse de que había camas en el mundo.
Otrosí, se ha de suplicar a Su Excelencia se sirva de que atento a que el Hospital de esta Ciudad, con su enfermería, botica, vestuario y camas de los pobres...
Estaba la sala escura y las camas bien desviadas; pero no por esto dejó de oír, entre otras razones, éstas, que, con voz debilitada y flaca, el lastimado huésped primero decía: -¡Ay sin ventura!
Lo que en él me ha sucedido no es tan poco que no haya menester espacio para contallo, especialmente lo que oí a cuatro enfermos que la suerte y la necesidad trujo a este hospital, y a estar todos cuatro juntos en cuatro camas apareadas.» Perdóname, porque el cuento es breve, y no sufre dilación, y viene aquí de molde.
BERGANZA.—«Digo que en las cuatro camas que están al cabo desta enfermería, en la una estaba un alquimista, en la otra un poeta, en la otra un matemático y en la otra uno de los que llaman arbitristas.» CIPIÓN.—Ya me acuerdo haber visto a esa buena gente.
Ese es el traje del pescador; del que fabrica las casas de caña, con el techo de paja de arroz; del marino ligero, en su barca de dos puntas; del ebanista, que maneja la herramienta con los pies y las manos, y embute los adornos de nácar en las camas y sillas de madera preciosa...
Comía tortillas en las mesas de las granjas, metía su brazo en camas húmedas; recibía en la cara el chorro tibio de las sangrías, escuchaba estertores, examinaba palanganas, levantaba mucha ropa sucia; pero todas las noches encontraba un fuego vivo, la mesa servida, muebles cómodos, y una mujer bien arreglada, encantadora, oliendo a limpio, sin saber de dónde venía este olor a no ser que fuera su piel la que perfumaba su camisa.
En este palacio, donde no faltaba el lujo de dos camas, más grande una que otra, y la artística presencia de una arquilla repujada en plata por un artífice del siglo XVI, se acogía Lolo, en épocas de gran prosperidad o de ojeo insistente.
-¡Le digo a usted que no me siento! Estoy harto de camas, de butacas y de sillas... Sin embargo, puede usted hablar cuanto guste...
Tiene la casita sus empapelados análogos, representando vistas campestres; su alfombrado para las salas principales; una mesa redonda hermosa para la lotería y otros juegos en sociedad, y otros muebles de que la surtiremos como mesitas, catres, lavabos, un baño portátil, etc. Yo llevo aquí colchas para adornar las camas de los huéspedes que tengamos.