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CAEComisión Asesora Europea
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Ejemplos ?
CAPÍTULO IV Así me lamentaba, cuando en ese intervalo, todos los ruidos que se oían por el bosque desaparecieron, como cuando se apaga una vela que de pronto cae empujada por el viento.
Yo sentíame conmovido: Aquellas palabras ásperas, firmes, llenas de aristas como las armas de la edad de piedra, me causaban impresión indefinible: Tenían una sonoridad antigua: Eran primitivas y augustas, como los surcos del arado en la tierra cuando cae en ellos la simiente del trigo y del maíz.
Los surtidores goteaban, gimiendo bajito, e Isabel también gimió; el son del agua que cae se adapta a la alegría lo mismo que a la pena; para unos es concierto divino, para otros, queja desgarradora.
en cuanto... «no tengas nada que hacer aquí?» Te pondremos la cama en el cuarto que cae a la carretera... Te distraerás con los compañeros en la cocina...
- Pues, amigo mío, Parrón quiere decir la muerte. Todo el que cae en nuestro poder es preciso que muera. Así, pues, haz testamento en dos minutos y encomienda el alma en otros dos.
Entre el Aqueronte y el Océano corre un tercer río, que no lejos de su fuente cae en un vasto lugar de fuego, donde forma un lago mucho más grande que nuestro mar y en el que se ve hervir el agua mezclada con fango, y saliendo de allí negro y lleno de barro recorre la Tierra y va a parar a la marisma Aquernoiada sin que sus aguas se confundan.
Lo distingue muy bien; y ve los hilos oscuros de sudor que arrancan de la cruz y del anca. El sol cae a plomo, y la calma es muy grande, pues ni un fleco de los bananos se mueve.
Todos recuerdan a Duncan Wyoming, el extraordinario actor que, comenzando su carrera al mismo tiempo que William Hart, tuvo, como éste y a la par de éste, las mismas hondas virtudes de interpretación viril. Hart ha dado ya al cine todo lo que podíamos esperar de él, y es un astro que cae.
Y se puso a pensar en todas las niñas que conocía y que tenían su misma edad, para ver si podía haberse transformado en una de ellas. - Estoy segura de no ser Ada - dijo-, porque su pelo cae en grandes rizos, y el mío no tiene ni medio rizo.
De tres lanzadas cae el corcel muerto; mas súbito se pone en pie Zerbino, que a aquellos tres que su corcel le han muerto, se acerca por vengar harto mohíno: primero a Mosco, que es mozo inexperto y por atarlo encima de él se vino, clava la lanza, le traspasa el flanco y arroja de la silla frío y blanco.
Aprended la muerte, mientras veis que entre los mismos altares y las solemnes ceremonias se deja la vida.» Los fuertes cuerpos de los toros caen de una pequeña herida, y los animales de grandes fuerzas los derriba el golpe de una humana mano, y con delgado hierro se rompe la nuca de la cerviz; y cuando el nervio que traba el cuello con la cabeza, se corta, cae aquel gran peso.
Pues como en lo alto del Tauro agitando sus brazos 105 a una encina, o a un conífero pino de sudante corteza, un indómito torbellino, contorsionando con su soplo su robustez, lo arranca: el árbol, lejos, desenterrado de raíz, hacia adelante cae, ampliamente todo cuanto se encuentra quebrando, así, domado su cuerpo, a aquel salvaje postró Teseo, 110 que para nada lanzaba a los vanos vientos sus cuernos.