Cárdenas

Cárdenas

 
C. y puerto de Cuba, prov. de Matanzas, en la costa septentrional de la isla; 71 783 h. Destilerías de ron.
Ejemplos ?
-Esta noche sa menester que se vaya usté con la mar de cudiao, compadre, que, según dice el papelito, ha vinío en lugar del Gallareta a no dejarnos ni resollar Paco Cárdenas, el nieto de la Boliche.
A mí me tocó ver cómo la gente en el eje central Lázaro Cárdenas, en el cruzamiento de Arcos de Belén, estaba en las calles, se había salido de sus edificios, sus habitaciones; pero afortunadamente parece que los efectos de este nuevo temblor fueron mucho menores que el tremendo terremoto del día de ayer...
A Paco Cárdenas se le descompuso el semblante al oír el acento mortificante con que aquél hubo de pronunciar aquellas palabras; mas disimulando sus impresiones, no obstante, le dijo con algo de siniestro en la mirada: -Ya le he dicho a usté que tengo que platicar con usté dos palabras y que me quisiera beber con usté dos cortaos de aguardiente.
cuerdo del presidente de la República, general Lázaro Cárdenas del Río, en el que se da de baja del Ejército Nacional al general brigadier Rodolfo Herrero Hernández por su responsabilidad en la tragedia de Tlaxcalantongo y se cancela la patente respectiva.
Y cuando aquella madrugada, ya terminada la partida, se encontró el Muñequero con Paco Cárdenas a solas con éste en la calle, a la sazón solitaria, sin más testigos que la luz de la luna y un sereno que dormitaba en el zaguán de uno de los edificios, preguntó el primero al segundo: -¿Me quisieras tú decir, que estoy rabiando toa la noche por saberlo, qué fue lo que tú platicaste con el Maroto cuando le sacaste de la sala?
Paco Cárdenas le repuso, sonriendo y encogiéndose de hombros: -Pos lo que le dije fue: «Mire usté, compadre, cuando yo acerté anoche el puesto del Gallareta, lo acerté poique estaba pensando con qué jerramienta me había de cortar la yugular, si con una navaja barbera o si con una de Albacete.
-Sí, vámonos aonde te dé la repotentísima gana -exclamó Cárdenas, que de buen grado hubiera huido de sí mismo por huir de aquel tropel de tristezas que abrumaban y entenebrecían su espíritu y amargaban su existencia.
Declaraciones del presidente Lázaro Cárdenas, respondiendo a Plutarco Elías Calles. 13 de junio de 1935. Ante la grave e injustificada agitación que se ha provocado en el país, en los últimos días, en que fuertes sectores de todas las clases sociales han expresado su opinión y asumido actitudes diversas que afectan profundamente a la buena marcha de la administración pública, creo de mi deber, en mi carácter de Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, dirigirme a mis conciudadanos para darles a conocer con sinceridad el sentir del gobierno de la República en relación con los problemas planteados.
Así la poco común unión de cualidades militares y sentimientos humanistas, dio como resultado que el Presidente de la República general Lázaro Cárdenas nombrara al general Avila Camacho Secretario de Guerra, equivalente a secretario de la Defensa Nacional y de Marina, hoy día.
o empiecen a tiritar nuestros lectores, que no nos proponemos conducirlos a tan glaciales latitudes; que para llegar al Polo de nuestra narración no se hace preciso ir más allá de los límites del barrio de Capuchinos, que antes de traspasarlos nos tropezaremos y nos detendremos, si es que en esto no tienen inconveniente alguno los que nos leen, en el ventorrillo que el señor Currito Cárdenas hubo de bautizar, al establecerse en él, con el título con que encabezamos esta verídica historia.
Y como este bandurrio famoso, enterado de que el Gallareta había ido a pasar la temporada veraniega a sus posesiones del Pasillo, habíase metido, decidido a escribir una de sus páginas más gloriosas, en el garito del Frescales, andaba éste de tan mal humor, que al notar que Paco Cárdenas y su compadre, Antoñico el Muñequero, pedían con acento un tantico despótico que dejara de servir a los demás por servirles a ellos primero Periquito el Tarambana, mozo de la taberna, díjole a éste con acento brusco y desabrido: -Sí, hombre, sí, tira lo que tengas en la mano, manque lo que tengas en ella sea una luna veneciana, y si arguno dice que él ha llegao primero, le das una puñalá en la ingle, que lo primero de to es servir a esas dos balas perdías.
El día en que aconsejados por la curiosidad pasamos los umbrales del citado ventorrillo, que se eleva dando vista a la población, a los montes y al cementerio, ya el señor Curro habíase ido, a causa de un segundo acosón hemipléjico, al último indicado lugar, y Paco Cárdenas, su sobrino, era el que oficiaba de experto timonel en aquel barco, para el cual parecía que no había hecho la Divina Providencia más que mares en bonanza.