Ejemplos ?
Éntranse los dos. : Salen DOÑA CRISTINA y DOÑA BRÍGIDA; Cristina sin manto, y Brígida con él, toda asustada y turbada. CRISTINA ¡Jesús!
Pasando a los tiempos más recientes, pienso en Edith Stein, eminente filósofa judía del siglo XX, que entró en el Carmelo de Colonia con el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz y murió en el campo de concentración de Auschwitz. El Papa Juan Pablo II la ha canonizado y declarado Copatrona de Europa, con Santa Brígida de Suecia y Santa Catalina de Siena.
Las viudas, que es demasiada la libertad con que vive, y muchos los forasteros cuyas visitas admite, y las viejas, de su madre murmuran que las recibe con audacia escandalosa y confianza reprensible. Mas Rosa y Brígida en ellas con tan poca cuita siguen, que si estos murmullos oyen, se deleitan en oírles.
Nuestra es la fortuna: de contento no me cabe en el pecho el corazón, ni atino cómo explicarme. Brígida exclamó angustiada: —¡Por Dios, muchacha, que acabes, que tengo el alma en un hilo!
Y si lo entienden de lo segundo y quieren que la prohibición del Apóstol sea trascendentalmente, que ni en lo secreto se permita escribir ni estudiar a las mujeres, ¿cómo vemos que la Iglesia ha permitido que escriba una Gertrudis, una Teresa, una Brígida, la monja de Ágreda y otras muchas?
Así que, amiga, no debes congojarte, sino acomoda tu brío y tu limpieza, y tu manto de soplillo sevillano, y tus nuevos chapines, en todo caso, con las virillas de plata, y déjate ir por esas calles; que yo te aseguro que no falten moscas a tan buena miel, si quisieres dejar que a ti se lleguen; que engaño en más va que en besarla durmiendo. BRÍGIDA Dios te lo pague, amiga, que me has consolado con tus advertimientos y consejos; y en verdad que los pienso poner en prática, y pulirme y repulirme, y dar rostro a pie, y pisar el polvico atán menudico, pues no tengo quien me corte la cabeza; que este que piensan que es mi marido, no lo es, aunque me ha dado la palabra de serlo.
¿Qué es lo que traes, amiga doña Brígida, que parece que quieres dar el alma a su Hacedor? BRÍGIDA Doña Cristina, amiga, hazme aire, rocíame con un poco de agua este rostro, que me muero, que me fino, que se me arranca el alma.
Has de saber, hermana, que, viniendo agora a verte, al pasar por la puerta de Guadalajara, oí que, en medio de infinita justicia y gente, estaba un pregonero pregonando que quitaban los coches, y que las mujeres descubriesen los rostros por las calles. CRISTINA Y ¿ésa es la mala nueva? BRÍGIDA Pues para nosotras, ¿puede ser peor en el mundo?
En 1890 llegó a la Ciudad de México para continuar con su educación primaria en la escuela anexa a la Normal de Profesores, dirigida en aquellos años por su tía Brígida Alfaro y en donde fue compañero de Antonio Caso, Angel Zárraga, Lucas de Palacio, José Luis Requena, Alejandro Quijano, Miguel Macedo y José Clemente Orozco, quienes lo acompañarían prácticamente durante todo su proceso educativo.
Mas ¿a Bretón? ¡Santa Brígida! Al ver su panza de ecónomo, Lo darán horchata frígida, Le pondrán a dieta rígida Como al más fiero gastrónomo.
CRISTINA Ese mal nos hagan; porque has de saber, hermana, que está en opinión, entre los que siguen la guerra, cuál es mejor, la caballería o la infantería; y hase averiguado que la infantería española lleva la gala a todas las naciones; y agora podremos las alegres mostrar a pie nuestra gallardía, nuestro garbo y nuestra bizarría, y más, yendo descubiertos los rostros, quitando la ocasión de que ninguno se llame a engaño si nos sirviese, pues nos ha visto. BRÍGIDA ¡Ay Cristina!
¿Hante dado alguna mala nueva de que es muerta tu madre, o de que viene tu marido, o hante robado tus joyas? BRÍGIDA Ni he visto visión alguna, ni se ha muerto mi madre, ni viene mi marido, que aún le faltan tres meses para acabar el negocio donde fue, ni me han robado mis joyas; pero hame sucedido otra cosa peor.