Bizancio


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Bizancio

 
Ant. ciudad griega de origen megarense (s. VII a C), situada a orillas del Bósforo, que los romanos llamaron Constantinopla y fue la capital del Imperio de oriente, también llamado Imperio bizantino. Este fue creado por Teodosio I el Grande al dividir (395) el Imperio romano entre sus dos hijos: Honorio (occidente) y Arcadio (oriente). El Imperio de occidente sobrevivió hasta el año 476, fecha del destronamiento de Rómulo Augústulo. El de oriente se mantuvo hasta la caída de Constantinopla en poder de los turcos (1453). En el s. VI, Justiniano intentó restaurar el antiguo Imperio romano. Luchó contra los persas, los vándalos y los ostrogodos y consiguió una gran extensión territorial. Sus sucesores perdieron las posesiones en el Mediterráneo occidental y los persas se apoderaron de toda la parte oriental del Imperio. Al peligro persa sucedieron los árabes, cuya rápida expansión puso fin a la hegemonía bizantina en Siria y Egipto durante la dinastía de los Heraclianos. La dinastía de los Macedonios consiguió dar al Imperio una segunda época de esplendor. En el s. XI se inició la decadencia, acompañada de una incesante feudalización del campo, un incremento de la burocracia en la capital y la ruptura definitiva con la Iglesia de Roma (1054). En 1204, los cruzados tomaron Constantinopla y fundaron el Imperio latino, que duró hasta 1261, fecha de la instauración de la última dinastía de los Paleólogos. El asedio y toma de Constantinopla por los turcos (1453) pusieron fin a la existencia del Imperio.
Traducciones

Bizancio

Byzanz

Bizancio

SMByzantium
Ejemplos ?
¿Por qué razón Galicia no ha realizado ninguna empresa magna, ni en pro de la nacionalidad, ni aun en su propio beneficio; ni empezó la Reconquista, como Asturias; ni se declaró independiente, como Portugal; ni logró la sabia organización de los fueros, como Vasconia y Navarra; ni fue a dominar el Imperio de Bizancio, como nosotros y los aragoneses; ni vio armarse en sus puertos las carabelas de Colón; ni...?
Villano, hubiera yo emprendido el viaje a Tierra Santa; tengo en la cabeza rutas de las llanuras suabas, panoramas de Bizancio, murallas de Solima, el culto de María, el enternecimiento por el Crucificado, despiertan en mí entre mil fantasías profanas.
Magias de Bizancio, que el viento conducía a través del Adriático familiar; filtros de Bizancio diluidos en su sangre antigua; pompas de Bizancio, aún coetáneas en el lujo y en el arte, predisponíanla ciertamente al amor; a aquel amor más deseado en lo extremo de su crueldad.
Aquí tenéis cuanto queda de aquella ju­ventud que florecía cuando tú y yo hacíamos centinela en Bizancio: entonces, en nuestras correrías nocturnas, le roba­mos su artesa a aquella panadera: la hicimos astillas, y co­cimos unas verdolagas.
Allí donde triunfó el primero, como en Bizancio, en Sicilia y en España por actual contacto, o en el resto de Europa por influencia de las Cruzadas, hemos tenido bellas obras imaginadas, donde las cosas visibles de la vida se convierten en artísticas convenciones, y las que no posee la Vida son inventadas y modeladas para su placer.
Sócrates Después la narración 25, luego las deposiciones de los testigos, en seguida las pruebas, y por fin las presunciones. Creo que un entendido discursista, que nos ha venido de Bizancio, habla también de la confirmación y de la sub-confirmación.
Recuerda que togados mercaderes, Los que sus leyes al Oriente dieron, Cuando temblaba la imperial Bizancio Del león de San Marcos al rugido, Ardieron en la misma noble llama.
Tuve hermano que, aún no un hombre hecho, partió de Holanda, que es su patria y mía, y a Heraclio entró a servir, que del romano Bizancio entonces era soberano.
Tras de las cordilleras sombras, la blanca Selene, entre las nubes ópalo y tetras surge como argentífero tulipán y por entre lo negro que se espernanca huyen los bizantinos de nuestras letras hasta el Babel Bizancio, do llegarán Con grande afán.
W Godwin, uno de los espíritus más artistas de Inglaterra en este siglo, ha creado la belleza maravillosa del primer acto de Claudio y nos ha mostrado la vida de Bizancio en el siglo IV mediante de una gran conferencia lúgubre y de un montón de figulinas desnegridas, no con una novela que necesitase un glosario, sino resucitando de un modo visible todo el esplendor de aquella gran ciudad.
Ni las sutiles mirras, ni las leonadas pieles, ni las volubles palmas que riegan sombra amiga, ni el ruido sonoroso de claros cascabeles alegran las miradas al rey de la fatiga: ¡Bebed dolor en ellas, flautistas de Bizancio que amáis pulir el dáctilo al son de las cadenas, sólo esos ojos pueden deciros el cansancio de un mundo que agoniza sin sangre entre las venas!
Y vio en lo inmemorial del pasado las metrópolis reinas que fueron, las que por Dios malditas cayeron en instante pestífero; el muro que crujió remordido de llamas la hervorosa Persépolis, Tiro, la imperial Babilonia que aun brama, y las urbes que vieron a Ciro, a Alejandro, y a todos los fuertes que escoltaron victorias y muertes. Y miró a Bizancio y a Atenas, y a la que, domadora del mundo, siendo Lupa indomable, fue Roma.