Ejemplos ?
Toda merced, toda benigna cosa quiéroos pagar con obra de mi estro: no me culpéis de que sea pobre el modo, pues, cuanto os puedo dar, así os doy todo.
Después que mi señora conmovida dignó mirarme y conoció en mi agravio que era pena conforme a mi pecado, benigna me volvió al primer estado.
Benigna se apartó de ella con el corazón destrozado. El hijo del barón tenía diez y nueve años: también él volvió a la casa paterna después de haber estudiado y viajado.
4 La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad no hace sinrazón, no se ensancha; 5 No es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal; 6 No se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad; 7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
Fue confiada a una vecina, que la crió al propio tiempo que a un hijo suyo, y únicamente cuando la niña anduvo sola y dio poco que hacer, se consintió al ama de Camila que llevase a Benigna consigo.
Dulce hermosura, de los cielos hija, don que los dioses a la tierra hicieron, oye benigna de mi tierno labio cántico puro. La grata risa de tu linda boca es muy más dulce que la miel hiblea: tu rostro tiñe con clavel y rosas cándido lirio.
Camila era muy bonita, Benigna fea, medio raquítica, solo tenía hermosos cabellos castaños y grandes ojos azules, en los que ya se reflejaban la bondad y el candor de su alma.
Tal vez el médico y su mujer hubieran adoptado a la niña, legándole en su testamento su fortuna, que harto lo prueba que así lo hicieron más tarde con una huérfana que acogieron; pero a la madre de Benigna le deslumbró el brillo de un título, y no consintió en abandonar a la baronesa.
¡Insensato! No comprendió que no podría persuadirle, pues Aquileo no era hombre de condición benigna y mansa, sino muy violento. Ya aquél le tocaba las rodillas con intención de suplicarle, cuando le hundió la espada en el hígado: derramóse éste, llenando de negra sangre el pecho, y las tinieblas cubrieron los ojos del teucro, que quedó exánime.
Ya tenían las niñas seis años, cuando la nodriza murió. Benigna, que la quería tiernamente, sintió un inmenso vacío en su derredor; pero en la infancia se olvida fácilmente, y poco tardó en compartir los juegos de Camila.
Y alzándose en los estribos, le alarga a Zaida, diciendo: «Sultana, aunque bien entiendo ser favores excesivos, mi corto don admitiendo, si no os dignáredes ser con él benigna, advertid que a mí me basta saber que no le debo ofrecer a otra persona en Madrid».
-¿Pero quién diría -exclamó riéndose y comparando la esbelta y graciosa figura de su hija con el defectuoso cuerpo y el feo rostro de Benigna-, que estas dos criaturas han nacido en el mismo día?