Belerofonte

Belerofonte (Belleraphóntēs)

 
mit. Héroe legendario, hijo de Glauco, rey de Corinto.
Ejemplos ?
Hay una ciudad llamada Efira en el riñón de la Argólide, criadora de caballos, y en ella vivía Sísifo Eólida, que fue el más ladino de los hombres. Sísifo engendró a Glauco, y éste al eximio Belerofonte, a quien los dioses concedieron gentileza y envidiable valor.
Finalmente había un asno cuyo lomo habían sembrado de plumas, seguido de un viejo desgonzado: parodiaban al Pegaso y Belerofonte, formando la más ridícula pareja.
León por delante, dragón por detrás y cabra en medio, resoplaba una terrible y ardiente llama de fuego. Pegaso la mató y el valiente Belerofonte.
¿Qué dios, que hechicera o qué mago con los venenos de Tesalia podría romper tus lazos? Tal vez el mismo Belerofonte no te librase de la informe Quimera enroscada a tu cuerpo.
A Belerofonte, a quien acusaban de haberme robado y haber asesinado al muchacho, le llevaron preventivamente a su choza, cargado de cadenas, con intención de entregarlo a los jueces el día siguiente y hacerle expiar su crimen.
La divina Antea, mujer de Preto, había deseado con locura juntarse clandestinamente con Belerofonte; pero no pudo persuadir al prudente héroe, que sólo pensaba en cosas honestas, y mintiendo dijo al rey Preto: —¡Preto!
Muérete o mata a Belerofonte, que ha querido juntarse conmigo sin que yo lo deseara. —Así habló. El rey se encendió en ira al oírla; y si bien se abstuvo de matar a aquél por el religioso temor que sintió su corazón, le envió a la Licia, y haciendo en un díptico pequeño mortíferas señales, entrególe los perniciosos signos con orden de que los mostrase a su suegro para que éste le hiciera perecer.
Belerofonte, poniéndose en camino debajo del fausto patrocinio de los dioses, llegó a la vasta Licia y a la corriente del Janto: el rey recibióle con afabilidad, hospedóle durante nueve días y mandó matar otros tantos bueyes pero al aparecer por décima vez Eos de rosados dedos, le interrogó y quiso ver la nota que de su yerno Preto le traía.
Y así que tuvo la funesta nota ordenó a Belerofonte que lo primero de todo matara a la ineluctable Quimera, ser de naturaleza no humana, sino divina, con cabeza de león, cola de dragón y cuerpo de cabra, que respiraba encendidas y horribles llamas; y aquél le dio muerte, alentado por divinales indicaciones.
Y cuando regresaba a la ciudad, el rey, urdiendo otra dolosa trama, armóle una celada con los varones más fuertes que halló en la espaciosa Licia; y ninguno de éstos volvió a su casa, porque a todos les dio muerte el eximio Belerofonte.
Tripulábanlo doce hombres, al mando del capitán Brunel, antiguo oficial de la marina francesa, enérgico y decidido militar, curtido al sol de los trópicos, retemplado en las tormentas, y largamente fogueado al calor de cien combates en las guerras del imperio. La catástrofe de Waterloo y la traición del Belerofonte, lo arrojaron a tierra, vencido, pero no humillado.
He aquí la historia de Hipólito y de Fedra, de Belerofonte y de Estenobea, de Hebro y de Damasipa, de Tantis y de Peribea, de Mirtilo y de Hipodamia, de Peleo y de Dameneta.