Ejemplos ?
6 – Nicolás Pardo, un negro, una semana. 1 – Bartolomé de Zea, un negro, un día. 1 – Juan López, Mercader, un jornal de un negro.
Don Juan B. Fernández por Itatí y por Esquina, don Bartolomé Lescano...
Y era magnífico el espectáculo del pueblo, en marcha a la emigración, coreando en el largo camino con plenitud de conciencia suficiente, por un motivo superior, aquel primer himno nacional inspirado al estro de Bartolomé Hidalgo, por la emoción del desplazamiento: : Orientales la patria peligra : reunidos al Salto volad.
Llamábanse Nicolás do Rivera el Viejo, Bartolomé Ruiz, Juan de La Torre, Francisco do Cuellar, Alonso Briceño, Cristóbal de Peralta, Alonso de Molina, Pedro Alcón, Domingo de Sorialuce, Antonio de Carrión, García de Jerez, Martín Paz y Pedro de Candía.
Cuando comparo entre los historiadores contemporáneos á Ferrer del Río, por ejemplo, historiador de Carlos IV, alam- bicado en la frase, de un purismo amanerado, y con criterio propenso siempre á apreciaciones inexactas, con don Bartolomé Mitre, historiador de San Martín y de los magnos días de lu- cha por la autonomía de un mundo, con su estilo llano y ele- gente, con su envidiable tino para compulsar documentos sa- cando de ellos el jugo animador de la narración, y con su ningún apasionamiento para deducir lo que se entiende por filosofía de la historia, siéntome como hijo de esta gran patria americana, íntimamente satisfecho y gozoso.
Mientras el joven daba fiestas suntuosas y el palacio retumbaba con el estallido de su alegría, los caballos resoplaban en el patio y los pajes discutían jugando a los dados en las gradas, Bartolomé comía siete onzas de pan al día y bebía agua.
Para oír una cencerrada, porque personas que lo oyeron dicen que lo que hizo el dichoso organista de San Bartolomé en la catedral no fue otra cosa...
Inmediato a la villa, y oculto en el fondo de un espeso bosque, vivía a esta sazón, en una pequeña ermita dedicada a San Bartolomé, un santo hombre, de costumbres piadosas y ejemplares, a quien el pueblo tuvo siempre en olor de santidad merced a sus saludables consejos y acertadas predicciones.
Esteban, exclamó don Dionís con aire burlón, sigue los consejos del preste de Tarazona no hables de tus encuentros con los corzos amigos de burlas, no sea que haga el diablo que al fin pierdas el poco juicio que tienes, y pues ya estás provisto de los evangelios, y sabes las oraciones de San Bartolomé vuélvete a tus corderos, que comienzan a desbandarse por la cañada.
el Presidente de la República del Perú al Señor Don Bartolomé Herrera, Ministro de Estado en el Despacho de Gobierno y Encargado interinamente del de Relaciones Exteriores; Y S.M.
Don Fernando Ponce de León, Juan Baupptista de Herrera, Don Joseph Pacheco de Carranza, Don Iñigo de Cisneros y Mendoza, Don Juan Pérez de Villamar, Fray Diego Lañoso Guardián, Don Juan de Mariscal, Don Francisco Campuzano, Don Francisco Casaus, Don Cristóbal Ramírez de Arellano, Don Tomás de Vargas y Figueroa, Don Antonio Nieto de Muñoz, Don Joseph Gómez Cornejo, Don Pedro Garrido Jiménez, Joseph Millán, Antonio de Larralde, Pedro del Castillo, Don Pedro Juan de Carranza, Joseph Morán de Butrón, Don Joseph de Cáceres, Alonso de Enderica, Don Jacinto Morán de Butrón, Andrés Joseph Ruiz de Palma, Juan Antonio de Vargas, Alonso Gonzáles de Fuentes, Don Bartolomé de Zea...
Pero con las cortinas, ya lo he dicho, no transijo, aunque me asper. como á san Bartolomé ó achicharren como á san Lorenzo. En la época colonial, ciertas casas aristocráticas de Lima ostentaban cortinaje de terciopelo de Flandes recamado de oro.