Bardas

Bardas

 
(m. 866) Hermano de Teodora, emperatriz de Constantinopla. Puso fin a la cuestión de los iconoclastas.
Ejemplos ?
Afortunadamente el padre Lagunilla con su gran literatura, observancia, prendas de mando y discreción, llegó a hacerse querer, y a que nadie pensara que entró como ladrón por las bardas en el redil, sino como buen pastor por las puertas».
Me he detenido en lo más alto de la cumbre que domina el valle donde viví para contemplar por última vez las bardas del corral paterno.
Las gallinas de unos y otros, escalando los montones de leña, fraternizaban en lo alto de las bardas; las mujeres de las dos casas cambiaban desde las ventanas gestos de desprecio.
El paraguas chorreaba; el sombrero, negro-parduzco, estaba erizado como si tiritase de frío; la extremidad inferior de la capa, parte de las medias y los zapatos, estaban salpicados de lodo y empapados en agua, y la cabeza cubierta por unas greñas muy alborotadas, que se iban en vicio por las sienes y la frente abajo, como se van por una pared vieja y descuidada las bardas y los helechos.
Abrir de puertas y cambiar ventanas; otros pasillos, escaleras nuevas; ahora en la esquina, mañana afuera. Destruye fuentes; construye afluentes; mueve los techos, rompe barandas; clausura cuartos; mueve las bardas.
No está mal este yo fundamental, contingente y libre, a ratos, creativo, original; este yo que vive y siente dentro la carne mortal, ¡ay!, por saltar impaciente las bardas de su corral.
Si un castillo y una dala sostenían tu mundo de piedras y de inciensos ahora con dos golpes de piqueta y una pala sin amor para el escombro derrumbo el calicanto de tus bardas falsas y rompo los estucos de mi cárcel sitiada por tu Biblia muerta.
No como ahorita que sólo hay justicia para los ricos, sólo hay libertad para sus grandes negocios y sólo hay democracia para pintar las bardas con propaganda electoral.
Tras del molino y la casa, más allá de las bardas, negreaba la sierra verde botella de un monte de eucaliptos, apenachando de borbotones y cresterías en relieve el cielo de un azul marítimo.
Estas esperanzas del viejo hacían que mirara con mal disimulada hostilidad aquel que él creía solamente conato de amoríos entre los zagales, por no estar al tanto, sin duda, de que no había noche, lloviera o venteara, en que no pelasen la pava aquéllos por las bardas del corral, mientras él roncaba a más y mejor como un bendito que era.
Una linda cabeza de mujer asomaba por las bardas, y un mozo bien portado y no mal parecido empinábase sobre una piedra para alcanzarla y hablarle al oído, con el chambergo claro echado sobre las cejas.
Saltó Barraba la ventana, haciendo fuego, siguiolo con más prudencia don Lucas, disparando también, volvieron a descargar sus armas los agentes y durante un interminable minuto aquello fue campo de batalla, hasta que el fantasma, llegado a una de las tapias laterales, se aplastó de pronto contra el suelo, como herido de muerte, para enseguida ¡oh prodigio!, convertido en una especie de lagarto, dar un salto colosal y deslizarse al otro lado de las bardas.