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  (voz eslava)
m. Señor; equivalía al título de margrave.
BANBiblioteca Agrícola Nacional
Ejemplos ?
Muchos estábamos dulce! Ban dus vrij de vrees van 't hart, Prohibición de este modo liberar el miedo de su corazón, 'k Wed, er ligt geen enkle gard!
Baste saber que hubo época en que, sólo en el convento de Santa Clara, se encerra- ban trescientas religiosas y otras tantas criadas, devotas ó ve- cinas.
Aquello de que la primera azúcar peruana se produjo en Huánuco no pasa de una novela del historiador Garcilaso, como lo comprue- ban Feyjóo de Sosa y Mendiburu.
Las que tomaron es­ta dirección eran mandadas por Belgrano, nombrado Coronel, y revestido del alto carácter de Representante. Su marcha fue triunfal hasta pisar el territorio del Paraguay en donde le espera­ban peligros y dificultades que vencer.
A la cuadrilla española pertenecía también el diestro ban- derillero Juan Franco, quien, en 1818, murió en Acho, cogido por un toro mientras conversaba descuidado con su querida, que estaba en uno de los cuartos próximos á la barrera.
Arrogantes esposas de pares del reino charla­ban cortésmente con virulentos radicales; predicadores populares se codeaban con inveterados escépticos, y una banda de obispos seguía la pista, de salón en salón, a una corpulenta prima donna; en la escalera agrupábanse varios miembros de la Real Academia, disfrazados de ar­tistas, y el comedor se vio por un momento abarrotado de genios.
Cuando arribábamos a la playa en un esquife de la fragata, otro esquife empavesado con banderas y gallardetes, acababa de varar en ella, y mis ojos adivinaron a la Niña Chole en aquella mujer blanca y velada que desde la proa saltó a la orilla.
Allá en sus tiempos mi antepasado Gonzalo de Sandoval, que fundó en México el Reino de la Nueva Galicia, no habrá mostrado mayor desvío ante las princesas aztecas sus prisioneras, y sin duda la Niña Chole era como aquellas princesas que sentían el amor al ser ultrajadas y vencidas, porque me miraron largamente sus ojos y la sonrisa más bella de su boca fue para mí. La deshojaron los labios como las esclavas deshojaban las rosas al paso triunfal de los vencedores.
La pequeña cabeza, de un mode­lado delicioso, inclinábase ligeramente a un lado, como si el cuello, delgado y frágil al modo de una caña, no pudiese apenas soportar el peso de tanta belleza; los labios esta­ban un poco entreabiertos y parecían conformados para una suave música, y en sus ojos soñadores se leían las sor­presas de la más tierna pureza virginal; ceñida en su vesti­do de blanco crespón de China, con un gran abanico de plumas en la mano, parecía una de esas delicadas estatuillas descubiertas en los bosques de olivos próximas a Ta­nagra; y había en su postura y en su actitud rasgos de gracia helénica.
El capitán, con sombrero de palma y traje blanco, se paseaba en la toldilla: Algunos marineros dormitaban echados a la banda de estribor, que el aparejo dejaba en sombra, y dbs jarochos que habían embarcado en San Juan de Tuxtlan juga-ban al parar sentados bajo un toldo de lona levantado a popa.
Amarillentos como figuras de cera, arrastraban sus chinelas entre el negro gentío, pregonando con femeniles voces abanicos de sándalo y basto-nes de carey.
También ama su frente limpia de todo adorno, y también ama su comercio, la economía bien organizada, la boleta de depósito en el banco, la libreta de cheques.