Azagra

Azagra

 
Mun. de la prov. española de Navarra; 3 524 h.
Ejemplos ?
Sancho Fortúnez, tenente en Pancorbo, Azofra, Tobía y Grañón. Lope Fortúnez, tenente en Calahorra y en Azagra. Aparece varias veces en el monasterio de San Millán de la Cogolla y en el de Oña testificando como cabellerizo y offertor.
Aznar Fortúnez, quien figura en la documentación desde 1030 como tenente en Huarte, Azofra y Azagra (mayo de 1040 a noviembre de 1044) y también en los Cameros en 1043.
Contrajo dos matrimonios: uno con María Manrique de Lara (aunque algunos autores opinan este matrimonio no existió) y con Toda Peréz de Azagra.
Hay constancia que en 1164 la aldea de Oreyuela queda integrada en Aragón, dentro de la ciudad de Albarracín, separada de su vecina Orea que se integró en el reino de Castilla. Forma parte del territorio de Albarracín regido por los Azagra hasta que en 1284 lo conquistará Pedro III de Aragón "el Grande".
Posteriormente fue ocupada por los musulmanes que contribuyeron al patrimonio cultural con la edificación de un importante castillo, hasta la reconquista, realizada en 1228-1229, al servicio de Jaime I por Pedro Fernández de Azagra, señor de Albarracín.
1160—c.1224), hija de Lope Díaz I de Haro, señor de Vizcaya, y tercera esposa de Fernando II de León. Urraca Díaz de Haro (c.1192—1263), hija de Diego López II de Haro y Toda Pérez de Azagra.
Rodeada Isabel por todas partes, creída de que su amante la ha faltado, cumplido el plazo, obligada por el honor y la felicidad de su madre, que es deuda en ella conservar ilesos, deudora de inmensos beneficios a Azagra, en sí misma y en su familia, cede, no empero a la seducción o a la inconstancia, sino al deber.
En la excelente escena tercera del acto cuarto el público se reconcilia completamente con Azagra, y perdona los medios en gracia de su pasión violenta y desinteresada, que se contenta con el título de esposo.
Si Isabel y Marsilla, sólo porque aman, tienen derecho a conseguir el objeto de su pasión ante los ojos del espectador, el mismo derecho tienen Azagra y la mora, porque también aman: su pasión disculpa sus acciones.
Noble sois; pero mirad que quien su amor os consagra es don Rodrigo de Azagra, que goza más calidad, más bienes: en Aragón le acatan propios y ajenos, y muestra, con vos al menos, apacible condición.
Sí, Azagra y la mora parecen odiosos porque no han expresado su pasión: sólo ésta puede disculpar los excesos; un amor vicioso y poco violento no autoriza a nada, y si lo que Azagra y la mora sienten no es más que un mero capricho o un empeño de amor propio, no es perdonable en ellos que perturben la dicha de dos seres que saben amar mejor que ellos.
Y ¡decía que me amaba! ISABEL. ¿Con su pasión funesta reconvienes a la mujer del vengativo Azagra? ¡Te aborrezco! (Vase.) = MARSILLA MARSILLA .