Aurelio


Búsquedas relacionadas con Aurelio: Marco Aurelio

Aurelio

 
(m. en 774) Rey de Asturias, sucesor de su primo hermano en el 768. Se mantuvo en paz con los musulmanes.
Traducciones

Aurelio

Aurelius

Aurelio

Aurelio
Ejemplos ?
Febrero 4 Se lee un oficio del presidente del Concejo de Machala por el cual comunica, que en virtud de la transformación política efectuada el 20 del próximo pasado habían cesado todos los empleados de la administración pública, inclusive los miembros de la Junta de Obras Públicas de El Oro; y que en de dicha transformación habían sido nombrados de tales los Srs. Indalecio Pazmiño y Manuel Aurelio Escalante, como principales.
Antes de aproximarse al loco vieron el horrible desenlace de aquel drama. -¿Qué has hecho, Aurelio? -preguntó el anciano acercándose al supuesto Salvador, nombre del amante de la niña.
A este mismo Casio, a este Bruto, nunca los llama ladrones y parricidas, vocablos que ahora los aplican: muchas veces los llama varones insignes. Aurelio Víctor, de los Varones ilustres.
Jorge Valle, Rvdo. P. José Tinajero, Sr. Juan Aurelio Zúñiga, Sra. Rosa Martínez de Briceño, Srta. Yoya Madero Aguilar, Sr. Héctor A.
Casa de Gobierno, Tegucigalpa, 1 de noviembre de 1880. Promúlguese. MARCO AURELIO SOTO. El Secretario de Estado en el Despacho de Relaciones Exteriores, Instrucción Pública y Guerra.
Regalado, sentados; de pie, señores Juan B. Benítez, secretario, Ezequiel A. Cordero síndico procurador, Uberto Serrano, Aurelio Prieto y Miguel T. Mena tesorero.
Manuel Aurelio Fuentes En el tomo primero de una de las series de Papeles varios de la Biblioteca de Lima, encuéntrase un alegato o relación de méritos que desde Cádiz, y con fecha 6 de abril de 1810, elevó a su majestad D.
ablaba yo de política días pasados con mi buen amigo Aurelio Marco, gran filósofo fin de siècle y padre de familia no tan filosófico, pues su blandura doméstica no se aviene con los preceptos de la modernísima pedagogía, que le pide a cualquiera, en cuanto tiene un hijo, más condiciones de capitán general y de hombre de Estado, que a Napoleón o a Julio César.
¡Pregúntale a un moribundo que ve cómo le dejan irse los que se quedan, si tiene gran valor espiritual el esfuerzo de amar de veras a lo que no es yo mismo! -¡Qué lenguaje, Aurelio!
A Aurelio García y García) Después de la batalla de Ayacucho había en el Perú gente que no daba el brazo a torcer, y que todavía abrigaba la esperanza de que el rey Fernando VII mandase de la metrópoli un ejército para someter a la obediencia a sus rebeldes vasallos.
Así hablaba Atenágoras con toda confianza a Marco Aurelio y a su hijo Lucio Aurelio Cómmodo: «Permitís que nosotros, que ningún mal hacemos, antes bien nos conducimos con toda piedad y justicia, no sólo respecto a Dios, sino también respecto al Imperio, seamos perseguidos, despojados, desterrados»(21).
Calló otra vez Aurelio Marco y suspiró, y añadió después, como hablando consigo mismo: -¡Oh, que remordimientos sentí oyendo aquel antojo de mi tirano, de mi Rosina!