Atreo

Atreo (Atreýs)

 
mit. Hijo de Pelops y de Hipodamia, padre de Agamenón y de Menelao.
Ejemplos ?
Partió el Hipno al oír el mandato, llegó en un instante a las veleras naves aqueas, y hallando dormido en su tienda al Atrida Agamemnón —alrededor del héroe habíase difundido el sueño inmortal— púsose sobre la cabeza del mismo, y tomó la figura de Néstor, hijo de Neleo, que era el anciano a quien aquél más honraba. Así transfigurado, dijo el divino Hipno: —¿Duermes, hijo del belicoso Atreo domador de caballos?
Como el que descubre un dragón en la espesura de un monte, se echa con prontitud hacia atrás, tiémblanle las carnes y se aleja con la palidez pintada en sus mejillas, así el deiforme Alejandro, temiendo al hijo de Atreo, desapareció en la turba de los altivos troyanos.
De Atreo, porque calló los acontecimientos intermedios, ha nacido el ilustre, si es ilustre, Agamenón, y Menelao, de una madre cretense, Aerope.
Vicente Noguera, del Consejo de su Magestad Catolica en la Suprema Suplicacion de los Reynos de Portugal, que por haberme otra vez hecho cortesía de ellas, y por tantas letras y erudicion como le ilustran y ennoblecen se las dedico, dando órden que se estampen luego; donde parece en cierto modo, que estas Poesías imitaron los pasos y jornadas del ceptro de Agamenon; del qual cuenta Homero, que habiéndole fabricado Vulcano con singular maestría, le presentó á Júpiter, y él á Mercurio, y este á Pelope, del qual sucedió en Atreo, y de allí en Thiestes, que lo dexó al gran caudillo del campo Griego sobre Troya: y así del Museo de su inventor vino este tesoro de mano en mano á parar en el Príncipe de la lengua Griega, y General de otras diversas el Señor D.
En este bosque fue donde por primera vez se le ofreció un objeto que mitigó sus temores; allí fue donde por primera vez se atrevió Eneas a esperar alivio a sus males y a confiar en mejor suerte, porque mientras, aguardando a la Reina, lo examina todo cosa por cosa en el gran templo; mientras admira la rara fortuna de aquella ciudad y el primor de las obras y la habilidad de los artífices, ve representadas por su orden las batallas troyanas y toda aquella gran guerra que la fama ha divulgado ya por todo el orbe. Ve al hijo de Atreo y a Príamo, y a Aquiles, terrible para ambos.
El vástago de Atreo, primer caudillo del ejército, en el momento de ver a la hija de Príamo con los cabellos esparcidos como una Bacante, se dice que enmudeció lleno de pasmo.
En ella fue, y en verso humilde a Pales la custodia encargada del ganado de los partos, contagios y otros males. En este verso no ha de ser cantado el horrible Creonte, o crudo Atreo, ni sujeto de Marte, o Jove airado.
No escalé débiles muros, ni cualquier fortaleza con pequeños fosos, sino que una bella ha sido el premio de mi hábil estrategia. Cuando cayó Pérgamo vencida tras un asedio de diez años, ¿qué parte de alabanza cupo al hijo de Atreo, siendo tantos los héroes?
¿Hablaré de Proteo, y los dientes que engendraron a los tebanos, y los bueyes que vomitan llamas por la boca, y las lágrimas de ámbar que surcaron las mejillas de tus hermanas, desventurado Faetonte, o de aquellas naves convertidas en diosas marinas, y del sol que huyó horrorizado del espantoso festín de Atreo, o de las duras rocas que siguieron los acordes de la lira?
Cuando el Atrida arremetió contra ellos, cual si fuese un león, arrodilláronse en el carro y así le suplicaron: —Haznos prisioneros, hijo de Atreo, y recibirás digno rescate.
Alzóse luego el rubio Menelao, noble hijo de Atreo, y unció al carro la corredora yegua Eta, propia de Agamemnón, y su veloz caballo Podargo.
Primero enderezó sus pasos hacia el fuerte Menelao, hijo de Atreo, que se hallaba cerca; y tomando la figura y voz infatigable de Fénix, le exhortó diciendo: —Sería para ti, oh Menelao, motivo de vergüenza y de oprobio que los veloces perros despedazaran bajo el muro de Troya el cadáver de quien fue compañero fiel del ilustre Aquileo ¡Combate denodadamente y anima a todo el ejército!