Arrio

Arrio (Arius)

 
(270-336) Sacerdote de Alejandría. Defendió la teoría (arrianismo) de que Jesucristo no era consustancial al Padre.
Ejemplos ?
El maestro de esta última Luciano de Antioquía (312), intentó establecer un texto bíblico más fidedigno, y parece ser que esto le llevó a un monoteísmo riguroso, que influyó en la doctrina de Arrio (336), sacerdote de Alejandría, quien propugnaba la creencia de un Dios único, eterno e incomunicable y negaba la divinidad del Hijo o Verbo encarnado.
El concilio condenó las enseñanzas del teólogo Arrio: que el Hijo fue creado inferior a Dios Padre, y que el Padre y el Hijo eran de una sustancia similar (homoiousios en griego) pero no idéntica (véase Antitrinitarismo).
Éstos empezaron a actuar de forma independiente, pero Crixo no tenía la habilidad estratégica de Espartaco, por lo que el ayudante del cónsul Gelio, el propretor Arrio, los interceptó y aniquiló en Apulia, cayendo el mismo Crixo en el combate.
A diferencia de muchos otros, que a menudo murieron pronto en sus trabajos, él había sobrevivido a tres ásperos años, principalmente debido a su gran pasión y su voluntad a la rebelión contra Roma. Arrio pide a la hortator para permitir una audiencia privada para el niño ante él, y ha concedido su petición.
Algunos grupos fueron rechazados por herejes, como por ejemplo: Simonianismo Nicolaísmo Judaizantes Gnosticismo Marcionismo Montanismo Adopcionismo Mandeanismo Monarquianismo Nestorianismo Apolinarismo Arrianismo Docetismo Arrio (discípulo del obispo Pablo de Samosata) era un líder entre los cristianos que tenía un entendimiento muy particular del movimiento trinitarista, reflejando la divinidad natural de Cristo.
Ben-Hur aparece en la cubierta y habla de su vida. Arrio está muy interesado en la vida del joven, al que finalmente comienza a admirar por sus cualidades y desprecio por los que han castigado por su intento de asesinato a cargo.
Este debilitamiento momentáneo del movimiento no significó el final de la rebelión, pues Espartaco, con maniobras brillantes en los pasos de los montes Apeninos, infligió una serie de derrotas a Léntulo, Gelio y Arrio, evitando las emboscadas que le tendieron los romanos y continuando su avance hacia el norte.
El Imperio romano había dejado de existir. Eurico, fiel a las doctrinas de Arrio, instó al rey Suevo de Asturias a convertirse al arrianismo.
No acertaremos a ponderar la profunda pena y la consternación que se apoderaron del ánimo de los señores inquisidores, del arzobispo, de toda la clerecía y de cuantas personas honradas y devotas había en Sevilla, al enterarse de la tremenda caída de aquel eminente teólogo y de la insolencia infernal con que iba propagando por todas partes una herejía tan perversa como la de Arrio y la de Mahoma.
¡Ah! la huella encontrada en la casa de Arrio Diomedes —y lanzó sobre Octavien una ojeada rápida y significativa. Octavien se ruborizó ligeramente, cogió a Max del brazo, y la visita acabó sin más incidentes.
Él mandado a Siria, les habían descansado a todos sus oídos: oían las mismas cosas estas lenemente y levemente, y no se temían tras de aquello tales palabras, cuando de pronto les viene el anuncio horrible de que los jonios oleajes, después de que allá Arrio fuese, ya no jonios eran, sino ‘hionios’.
Se detuvieron ante la tumba de Mammia, la sacerdotisa pública, junto a la cual ha crecido un árbol, un ciprés o un álamo; se sentaron en el hemiciclo del triclinium de los banquetes funerarios, riendo alegremente; leyeron entre bromas los epitafios de Nevoleja, de Labeon y de la familia Arria, seguidos de Octavien, que parecía más impresionado que sus despreocupados compañeros por la suerte de los que habían muerto dos mil años antes. Así llegaron a la villa de Arrio Diomedes, una de las casas más notables de Pompeya.