Arnedo


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Arnedo

 
Mun. de la prov. española de La Rioja; 12 796 h. Vinos.
Ejemplos ?
De otro lado obtuvo el título de cuarto conde de Nieva de Cameros y le correspondieron los señoríos de Arnedo, Valverde, San Ascencio, Cerezo y la Torre de Sartaguda.
Tangalanga: Tejemanejes (2011) Entre sus seguidores más entusiastas se encuentran Luis Alberto Spinetta, Ricardo Mollo, Diego Arnedo y David Lebón, renombrados músicos argentinos.
Otros núcleos importantes son Fuensalida en Toledo, Arnedo en La Rioja y las Islas Baleares, sobre todo la ciudad mallorquina de Inca, y las poblaciones de Menorca.
También en ese año, se empezó a ver dicha bandera en las fiestas de algunos pueblos, a pesar de que todavía carecía de cualquier tipo de oficialidad, como en la recuperada verbena de San Juan en Arnedo, en donde la Peña Lubumbas la colocó por primera vez en esa localidad.
Fue el conde de Nieva quien con el título de villa de Arnedo fundó el pueblo de Chancay, a doce leguas de Lima, con el propósito de establecer allí una Universidad que compitiera acaso con la de Salamanca, y comisionó a D.
Los padrinos debieron tener en las venas gotas de sangre de Arnedo, porque no cejaron ante la autoridad de la- Academia, y yo, el padre ó autor, no había de consentir en que por tamaña nimiedad quedase mi hijo moro, ó, lo que es lo mismo, sin tener la vida del libro los cachivaches con que pongo fin, remate y contera á mi liquidación de cuenta literaria con mi país y con mi siglo.
RIOJA BAJA: Aguilar del Río Alhama, Aldeanueva de Ebro, Alfaro, Arnedo, Autol, Bergasa, Bergasillas Bajera, Calahorra, Cervera del Río Alhama, Grávalos, Herce, Igea, Pradejón, Quel, Rincón de Soto, Santa Eulalia Bajera, Tudelilla, Villar de Arnedo (El), Villarroya.
Diego López de Zúñiga y Velazco, conde de Nieva y señor de las villas de Arnedo, Cerezos y Arenzanas, no excedió de tres años, y habría pasado sin dejar la menor huella en la historia, sin el misterioso y romancesco fin que cupo a este virrey.
por ninguna parte.» «¿Tampoco en el mesón?» «Tampoco.» «¿A qué horas vino usted?» «Tempranito: a las siete ya andaba yo por Arnedo.» «¿Sabe que me choca?» «¿Y por qué ha de chocarle?» «Porque estábamos citados: él quería deshacerse de su jaco, y yo le vendía mi toro, o se lo cambalachaba; según.» «¡Bah!
Al hombre de sotana y birretillo no se le ocurrió, por el momento, otra contestación que ésta: —Ya he dicho que no puede ser. Soy camanejo y no cejo. —Pues yo soy de Arnedo (1), y no cedo. Y el mamón continuó morito.
El día de la feria grande de Arnedo, que es en abril, antes de la Semana Santa, volvía yo a mi parroquia, después de pasar el rato bebiendo un poco de tostado y comiendo unas rosquillas, cuando a poca distancia del pueblo empareja con mi mula la yegüecilla de Ramón Limioso (usted le conoce: el señorito del pazo, un caballero cumplidísimo), y me pregunta, con no sé qué retintín: «Y Cristo, ¿le ha visto usted en la feria?» «¿Cristo?
Son las tres, y hasta las seis o siete de la tarde no se deshace la feria.» Ramón Limioso meneó la cabeza, y sin hacer otra objeción, volvió grupas hacia Arnedo.